Web de Félix Sautié Mederos

Algunas consideraciones preliminares sobre el Proyecto de Constitución de Cuba y su consulta con el pueblo.

En pleno proceso de debate popular con un ritmo en toda Cuba que se podría calificar de  telúrico y envolvente y que además revive esperanzas y energías.

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, a  mi regreso de mi viaje a España después de 60 días de estancia en el país de mis ancestros en donde viven dos hijos míos y tengo tres nietos españoles,  quiero decir que me he encontrado rodeado por todas partes por un proceso envolvente de debate popular del Proyecto de Constitución de la República, iniciado precisamente en los momentos de mi arribo a La Habana.

Por la Internet, desde el exterior pude  tener acceso al Proyecto tan pronto se dio a conocer; pero reconozco que dado mi edad y mi formación profesional de muchos años, nada en estos casos para mí personalmente puede sustituir a la letra impresa en el propósito de asimilar mejor lo que se plantea. En consecuencia, dentro de todo lo que tuve que hacer en estos primeros días en mi Habana maravilla y pasando por encima de mis problemas de salud, me enfrasqué puedo decir que febrilmente en la lectura  y estudio del folleto en forma de tabloide que se ha distribuido en todo el país.

Realmente confieso que mi mente y especialmente mi conciencia de revolucionario de muchos años, han sido asaltadas y no encuentro mejor término para describirlo, por el recuerdo de muchas vivencias, ideas y consideraciones al respecto de lo que debe ser Cuba proyectada desde el presente hacia el futuro que día a día  está llegando a convertirse en un presente extendido.

Una primera consideración importante que no pude eludir su planteamiento en mi mente, es que el Proyecto de Constitución además de la importancia que tiene en sí mismo, asume un papel trascendental en la  actualidad, especialmente  al estar dentro de una etapa de relevo generacional en la que las generaciones formadas por la Revolución asumen de manera efectiva los timones de mando de la sociedad, en sustitución de quienes luchamos por el Triunfo y que en la medida de nuestras posibilidades nos dimos a las ingentes tareas de construir y defender a la Revolución Socialista Triunfante en 1959, con las generación Histórica del Centenario al frente. Casi todos ya urgidos por la biología y los achaques de la edad  al descanso definitivo.

Fidel ya no se encuentra físicamente con nosotros, aunque su presencia espiritual acompañará siempre junto con la de nuestro José Martí a todos los cubanos del presente y el porvenir. Fidel nos dejó un claro legado definitorio de lo que es Revolución, además del ejemplo inmarcesible de su obra y pensamiento que ha sido la mejor interpretación del pensamiento martiano de todos los tiempos; pero todo ello es necesario blindarlo jurídicamente y eso es lo que se pretende entre otros objetivos esenciales con el Proyecto de Constitución que se está debatiendo por el pueblo y de ahí que me he planteado otra consideración básica en el sentido  de  que en la nueva Constitución, como es lógico al proceso revolucionario, se recogen normas y principios fundamentales para la continuidad de la Revolución Cubana cuando ya no están físicamente presentes Fidel ni la generación histórica como garantes de ese proceso. Quizás algunos no estén de acuerdo con lo que planteo pero es lo que pienso y no me lo voy a callar.

En consecuencia, considero también  necesario, alcanzar  un debido balance de los derechos  humanos básicos de quienes piensen diferente, con los principios esenciales socialistas y revolucionarios de la mayoría del pueblo que apoya la Revolución y que quiere salvaguardar en el tiempo las conquistas alcanzadas, teniendo muy en cuenta el paso de los años y las nuevas circunstancias y coyunturas propias del movimiento de la vida en el futuro inmediato.

Otro problema primario y esencial al que nos enfrentamos con la nueva Constitución, en mi criterio  es algo que  se plantea en su “Introducción al análisis de la Constitución de la República de Cuba durante la consulta popular”, que aparece en el folleto (tabloide) circulado en todo el país. Me refiero a unos planteamientos de Fidel, en los que expresa textualmente que: “Una de las cosas que más nos preocupa que debe ser un preocupación perenne es que...la Constitución que nosotros hagamos se cumpla rigurosamente. No podemos tener o aprobar uno solo de esos preceptos que no se cumplan...”. Aquí veo un concepto básico a tomar muy en consideración, y es que durante todo el proceso revolucionario de 1959 a la fecha, en el que tuvo ser destruido el viejo orden institucional, un daño colateral que hemos tenido ha sido en mi opinión muy personal, el poco respeto jurídico a la letra de las Constituciones vigentes en este período de tiempo que constantemente se han sustituido por  decisiones, proyectos y acuerdos operativos. Este es un asunto que radicalmente tiene que ser superado, porque ya no tendremos presente ni a Fidel, ni a la Generación del Centenarios para que sean árbitros a consultar y habrá que hacerlo todo a partir de la interpretación jurídica y el respeto de la Ley de leyes. En este orden de pensamiento, considero que la creación de un Tribunal Constitucional con suficiente capacidad y poder para salvaguardar la Constitución, es una especial necesidad, imprescindible.

Tengo muchas más apreciaciones al respecto y posiblemente las continúe expresando en Crónicas Cubanas, pero creo que esto que planteo es lo primario a todo. Esencial y básico para el proyecto en su conjunto. Por el momento lo dejo aquí. Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular

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