Web de Félix Sautié Mederos

Cada 4 de abril, mis añoranzas juveniles y mis sentimientos…

En el 57 Aniversario de la UJC. Mi testimonio muy personal

 

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, en la medida que van transcurriendo los años y nos hacemos más viejos, hay añoranzas, recuerdos de tiempos buenos y tiempos grises o malos que se mantienen muy presentes en nuestra memoria y en nuestra conciencia.  Especialmente constituyen reminiscencias de hechos trascendentes y acontecimientos que han marcado nuestras vidas para siempre. Que no pueden ser borrados de nuestras memorias y menos aún de nuestras conciencias, porque han calado profundamente en nuestro Ser Interior e incluso algunos han determinado de manera decisiva sobre el rumbo a seguir en lo adelante. En consecuencia, han establecido “carácter” según denominamos los teólogos, porque han transformado para siempre nuestra forma de pensar, conducirnos; en definitivas de ser y actuar, como una persona en específico.

Cuando esas cosas nos suceden las arrastramos todo el tiempo para bien o para mal ya sea su naturaleza, hasta el final de nuestras vidas terrenales y en muchas ocasiones transforman decisivamente nuestra forma de ser y nuestra historia para siempre.

Personalmente me convertí en un activista y en un líder estudiantil en el Colegio de los Maristas de la Víbora. Plantel en donde nos educábamos los hijos de las familias con posibilidades económicas para asumir los gastos de una educación costosa y de élite. Poco a poco me fui convirtiendo en un líder de mis condiscípulos, motivado e incluso impulsado por los hermanos educadores que se encargaban de conformar los destacamentos de quienes por nuestros resultados docentes integrales éramos cuidadosamente escogidos al respecto.

Recuerdo que en la medida que avanzamos en aquellos procesos se nos imponían unas pequeñas estrellitas de metal dorado, en los cuellos de las camisas azul intenso de nuestro uniforme; primero una y después dos hasta llegar al nivel máximo de tres. El uniforme era de obligatorio uso completo   que en conjunto se componía de aquellas camisas azul intenso a que me refiero con el monograma de Maristas bordado en blanco en el bolsillo, además de una corbata blanca y de un pantalón del color kaki militar de la época. Recuerdo que por las mañanas a la entrada separaban a los que traían la corbata mal anudada o simplemente no las traían: A los reincidentes, no los dejaban entrar y llamaban a sus padres para que vinieran al Colegio a recogerlos. Lo de aquella clasificación con estrellitas doradas era independiente del grado o nivel escolar, tenía que ver con la actitud, el cumplimiento e incluso la entrega con que se actuaba.

Lo de las estrellitas y lo del uso del uniforme completo, con los años pude comprender que era un método de disciplinarnos y de mantener vigente en los alumnos una férrea disciplina que ha sido determinante para mi forma de conducirme durante toda mi existencia. Eran métodos educativos efectivos, pero algunos basados en el desfasado actualmente principio que expresa que la letra con sangre entra.

Comencé en los Maristas de la Víbora en el curso de 1947-1948, por recomendación expresa a mi Padre de quien era entonces mi Preceptor, porque desde niño ya confrontaba serios problemas en mi andar y era sobreprotegido por estas causas por mi familia pudiente económicamente. Recuerdo que mi Preceptor se mantuvo firme en su planteamiento y se negó a continuar educándome en una probeta según dijo a mi Padre. Fue un educador de mis primeras letras a quien nunca podré olvidar. Un negro egregio muy culto y poeta, maestro normalista que era una profesión titular importante en aquella época. Su nombre es José Cabrera Rico. En última instancia al inolvidable José Cabrera Rico, le debo mucho de una formación profundamente martiana sin prejuicios de ningún tipo y de mi asistencia a un colegio de la época en donde me hice un líder estudiantil y me inicié en las luchas sociales con un corte progresista, basado en la Doctrina social de la Iglesia Católica y en los más genuinos planteamientos del Evangelio de Jesús Nazaret.

Así fue que de miembro del Secretariado Nacional en Cuba de la Juventud la Juventud Estudiantil Católica a donde llegué a ser su Secretario, fui llamado a mi conciencia en 1957 por Ricardo Alarcón entonces del Frente Estudiantil Nacional del Movimiento 26 de Julio, para que condenara en nombre de la JEC el crimen de Calle Humboldt 7 en donde Batista asesinó a varios dirigentes estudiantiles de la época. En definitiva, entonces comencé la lucha político social y me hice un revolucionario, desde aquel marzo de 1957 hasta la fecha. Así continuaré hasta que me toque marcharme de este mundo para la ·Casa que no se Acaba” en donde Dios nos espera sin distingo alguno a todos los mortales seamos creyentes o no.

Desde entonces he participado activamente en la Revolución cubana. Como militante me he mantenido toda mi vida, incluso recuerdo que en 1963 siendo un joven militante del Partido de Fidel, del cual con orgullo tengo la categoría de Fundador, junto con otros compañeros fuimos enviados a la Dirección Nacional de la UJC en donde eché los que considero los mejores años de mi vida revolucionaria. Hoy cuando se cumple su 57 Aniversario, en que quizás soy olvidado por algunos que desconocen la historia, siento especial emoción y sentimientos intensos de agradecimiento profundo por la Organización juvenil que más efectivamente ha calado en mi vida de Revolucionario

En consecuencia, desde muy joven pude aprender y valorar incluso en la práctica concreta la importancia que tienen las organizaciones juveniles y la formación decisiva que alcanzan a lograr en quienes hemos participado en su militancia activa. ¡ALBRICIAS!, por la UJC y por la Organización de Pioneros José Martí

Así lo pienso, así lo siento y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

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