Blog de Félix Sautié Mederos
POR UN SOCIALISMO PARTICIPATIVO Y DEMOCRÁTICO

El turismo es una locomotora que requiere atención y cuidados especiales…

Desde Palma de Mallorca en la España ancestral, algunas interrogantes esenciales.

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, como ya he expresado en mis crónicas anteriores publicadas en Por Esto!, me encuentro en Palma de Mallorca, una isla española privilegiada por el clima y la exuberante naturaleza de montañas, bosques y playas que la convierten en una de las más preciadas joyas mediterráneas que muchos buscan para sus vacaciones, descansos y retiros.

Pero en Mallorca además de todas esas ventajas y atributos que la naturaleza le ha dado, por todas partes se puede apreciar algo muy importante que es la mano y la voluntad constructiva de los seres humanos en el tiempo, que se manifiesta en una extraordinaria red de autopistas, carreteras, hoteles, instalaciones comerciales, de recreación y de ocio, así como hermosas urbanizaciones, pueblos y ciudades edificadas en el tiempo con estilo y cuidado de los ámbitos en que se encuentra enclavadas. También se aprecia persistencia en la limpieza, el orden urbano y social, así como muchas facilidades en los servicios públicos especialmente en el transporte colectivo.

En mi opinión han logrado un todo armónico que le da una especial característica a la vida en esta isla. Algo que como todo lo humano tiene sus luces y sus sombras. Considero pues a Mallorca, un importante ejemplo de lo que el turismo puede alcanzar y significar como locomotora de la economía y sociedad en su conjunto.

En Mallorca la vida económica es estacional, un verano que es todo actividad y muchas posibilidades de empleo en los servicios y un otoño e invierno de muy poca actividad, pocas posibilidades de trabajo y quietud por todas partes; que me recuerda el “tiempo muerto” ya superado en los campos cañeros cubanos del pasado capitalista. Mucha faena en tiempo de la cosecha, la zafra azucarera con la producción del azúcar, ninguna actividad cuando terminaba la zafra.

En estas circunstancias es posible delimitar en la Mallorca actual más precisamente tres grupos sociales complejos e interactivos: el de los que aquí viven en un retiro tranquilo y verdaderamente disfrutable porque poseen posibilidades materiales y económicas para ello; el de los turistas y visitantes de paso; el de lo que tienen trabajar muy duro y estacionalmente para sobrevivir pero que pueden sobrevivir quizás en mejores condiciones que en otras partes de la geografía peninsular.

Aquí por todos sus ámbitos, se puede apreciar el impulso económico y social que ha significado el turismo como locomotora de la economía. Un aspecto muy positivo de la denominada “industria sin chimeneas” que no intoxica el medio ambiente. Pero también en mi opinión muy personal, aparece un importante efecto secundario que quizás algunos no alcanzan a percibir, que en su caso lo considero abarcador y contagioso en grado extremos y que he podido comprobar personalmente. Me refiero a un consumismo de vidrieras y de grandes espacios comerciales atrayentes como pocos, del que es muy difícil sustraerse. En estos días he recordado con reiteración y mucha intensidad lo que en una ocasión escribió Frei Betto, al respecto de una visita suya a un centro comercial gigante de aquel momento que calificó como una de las Catedrales del Siglo XXI.

Estos grandes centros que por demás abundan en Mallorca, en los que hay de todo lo imaginable incluyendo los más variados servicios necesarios e incluso superfluos, son generadores de lo que podríamos denominar como la “cultura del centro comercial” a los que se va a disfrutar, a recrearse y a consumir; en la que incluso existen espacios adecuados para las actividades de los niños. Es algo que requiere de análisis y estudios sociológicos, económicos y políticos. Una realidad que está ahí y que es muy difícil de ser cambiada, que en mi criterio surgió para quedarse y que nos plantea algunas interrogantes que considero esenciales:

¿podrá sostener la madre tierra ese ritmo de consumo?

¿Será posible adecuar esas grandes plataformas comerciales en sus aspectos positivos de centros de encuentro y recreación familiar, que tantos adeptos van alcanzado, a un futuro más planificado conforme a las necesidades reales de la vida humana?

¿Se podrán separar las necesidades comerciales que presenta el turismo, de estas realidades generalizadas que estoy observando?

Neoliberalismo y consumismo poseen una relación biunívoca, ¿podrá sobrevivir uno al otro?

¿Podrá curarse la sociedad occidental del consumismo sin una hecatombe traumática?

Todo está todo por ver; es lo que percibo y lo que quiero transmitir; porque realmente no tengo respuestas; aunque considero que una sociedad socialista, participativa y democrática sin dogmatismos intransigentes es un principio de solución futura. Por otra parte: ¿Habría que ver qué experiencias puede aportar México al respecto en su nueva etapa de Manuel López Obrador?

Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. El tema no está agotado y quizás regrese.

Publicado por el periódico Por Esto!, Sección de Opinión de Mérida, Yucatán, México, el miércoles 19 de julio del 2018.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=663472

Compartir

  0  Comentarios

  Aún no se ha agregado ningún comentario.

  Deja un comentario

- No se permiten insultos, ni palabras soeces o despectivas.
- No se permiten alusiones ofensivas sobre personas, hechos ni entidades.
- No se permiten conceptos racistas ni irrespetuosos a la diversidad de opción de las personas.
- No se permiten amenazas de ningún tipo.