Web de Félix Sautié Mederos

La acumulación de la riqueza y la acumulación de la propiedad, temas álgidos en el debate de la nueva Constitución.

A lo largo y ancho del país, la población debate con entusiasmo e incluso pasión un conjunto de temas esenciales definitorios de qué país queremos tener.

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, en la historia de Cuba que se escriba rumbo al futuro, no podrá obviarse nunca ni mucho menos subestimar lo que está sucediendo actualmente a lo largo y ancho de nuestro archipiélago cubano.  Me refiero al debate popular y masivo del Proyecto de Constitución, y digo masivo porque ha despertado un entusiasmo quizás como nunca antes en una mayoría aplastante de la población. Solo comparable en mi criterio muy personal, a lo que vivimos los primeros años del Triunfo de la Revolución. Además, en el proceso a que me refiero hay la novedad que ya he mencionado en otra ocasión, que es que los debates se están realizando también en el exterior con los cubanos que han emigrado; lo cual pienso que no hubiera sido ni siquiera imaginables hace tan solo unos pocos años antes.

En todo este proceso se han destacado unos temas que el pueblo espontáneamente sin previa concertación alguna, ha reiterado con insistencia e incluso considero que con apasionamiento. En una sola crónica dado el espacio con que cuento, no puedo referirme al conjunto de temas de prioridad popular que ya se puede apreciar en los resultados de las asambleas realizadas hasta el momento en que escribo la presente crónica.

En consecuencia, quiero comenzar en esta crónica al respecto de esta cuestión que considero muy importante refiriéndome a los conceptos de “acumulación de la propiedad” y “acumulación de la riqueza”, que aunque son cuestiones que pueden resultar muy similares; en definitiva ambas tienen similitudes y especificidades:  porque pueden ser el origen de acumulaciones desmedidas de poder real, de monopolios improcedentes e incuso generadoras de clases sociales que socaven los propósitos de crear un socialismo próspero y sustentable.

Quizás si solo tomáramos en consideración estos ángulos anteriormente mencionados, sería relativamente fácil llegar a una conclusión al respecto; pero tienen en sus intríngulis otras especificas complejidades que en mi criterio no se pueden subestimar, capaces de afectar sensiblemente los propósitos necesarios y urgentes de alcanzar el desarrollo económico que tanto necesitamos para sustentar nuestro socialismo y los conceptos de justicia social y equidad distributiva que les son inherentes.

Lo primero a tener en cuenta en mi opinión, es que el ideal de la sociedad socialista que proclamamos nunca podría ser el de la distribución de la pobreza, porque el socialismo en sus esencias es la distribución de la riqueza creada con equidad e igualdad de oportunidades (fíjense que no me refiero para nada al igualitarismo que en estas etapas es totalmente improcedente). Y para lograr ese ideal lo decisivo es crear riquezas, y valgan las redundancias, para poder distribuirlas.

Aquí es donde los conceptos limitativos adquieren una complejidad, que   podrían hacerlos improcedentes. Por otra parte, hay que comprender las razones que esgrime la población para preocuparse seriamente por estos temas y debatirlos con reiteración sostenida. Si se pudieran resumir antes de los cómputos finales del proceso, podría decir que infieren decisivamente en primer lugar la justa percepción existente de lo que es la explotación capitalista, así como el deterioro que genera en los servicios sociales de la educación, la salud, las jubilaciones, la seguridad social, los salarios, las pensiones y otras cuestiones más que día a día se pueden apreciar en las informaciones que nos llegan de otros países atrapados por el neoliberalismo.

Por otra parte, tenemos que las limitaciones de esta índole podrían generar limitaciones a la creación de la riqueza en general. En esto me sumo a los conceptos planteados por el profesor Carlos Alzugaray Treto en un post suyo publicado al respecto de estos temas en blog Segunda Cita de Silvio Rodríguez que comparto plenamente y que cito textual: “Una vez que la constitución establece que el objetivo de la política económica es desarrollo con prosperidad, equidad y sustentabilidad, ya se crea la base para que, por medio de las leyes se garantice que la riqueza sea bien distribuida y se eviten las desigualdades que son tan negativas. En un país como el nuestro, el Estado tiene los instrumentos para garantizarlo que no es sólo la política fiscal. Es la política de competitividad y de crédito. Utilizándola inteligentemente, aquellas personas que acumulan cierta riqueza, sean cuentapropistas o deportistas o artistas, serían estimuladas a revertir o a depositar los que acumulan en los bancos. Como la banca debe seguir siendo estatal, esos depósitos se ponen a "trabajar" en favor del país”

También quiero referirme a la necesidad de promover el cooperativismo, la autogestión, la coautogestión y los conceptos de trabajador asociado propugnados por Carlos Marx en sustitución del concepto de trabajador asalariado que aporta plusvalía a quienes lo exploten. En mi opinión son factores esenciales para promover la creación de las riquezas que necesitamos,

Sé que el tema da para más, pero por el momento aquí lo dejo. Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

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