Web de Félix Sautié Mederos

La Espiritualidad Prohibida No. 460. El sentido espiritual de la vida...

EL SENTIDO ESPIRITUAL DE LA VIDA HUMANA. MIS RECUERDOS DEL COLEGIO DE LOS HERMANOS MARISTAS EN QUE ME EDUQUÉ.

DE LO QUE HE VISTO, DE LO QUE HE VIVIDO, DE LO QUE PIENSO Y CREO.

En los anteriores capítulos he estado testimoniando sobre mi vista a España del 2018, los he escrito desde Palma de  Mallorca, e incluso he expresado los sentimientos que me han embargado  en cada momento significativo y muy especialmente he tratado de describir lo vivido y lo sentido en los días finales de mi estancia previos a mi regreso a la Habana Maravilla.

Hoy escribo este capítulo desde mi Rincón de Centro Habana y experimento unos sentimientos muy especiales que deseo testimoniar, porque son muy intensos y quizás ya en el futuro no vuelva a tener la oportunidad de vivirlos. Tiene que ver con el sentido espiritual de la vida humana, porque la Espiritualidad es parte esencial de la vida, y negarla es convertirnos en simples animales. Los materialistas vulgares se quedan vacíos por dentro con sus concepciones extremas y en realidad no saben cómo abordar los momentos existenciales en que el sentido espiritual de la vida adquiere en una importancia esencial, muchas veces decisiva.

Recuerdo que hace algunos años, en el velorio de un colega cristiano maestro respetado por los muchos que le conocieron en vida, llegó alguien que también lo conocía de tiempo, pero no comulga para nada con nuestras concepciones cristianas y se sintió obligado a ir a su velorio. Era una persona que hacía públicas sus concepciones materialistas extremas de la vida. En los instantes de su llegada un grupo de familiares, amigos y colegas estábamos reunidos en torno al ataúd celebrando un oficio fúnebre dirigido por un Pastor de la Iglesia Evangélica a que pertenecía nuestro amigo. Era un grupo ecuménico porque los reunidos éramos católicos, evangélicos de diversas denominaciones y otros estudiosos de la religión.

A pesar de las diferencias conceptuales, en realidad era un grupo coherente en la convicción sobre el verdadero sentido de la muerte y parece ser que aquella persona atea se impresionó mucho porque aquilató el dolor profundo de todos los allí reunidos, pero también fue capaz de apreciar la esperanza en la vida eterna que se desprendía de las estrofas expresadas en común por los que estábamos participando en el oficio. Recuerdo y nunca he podido olvidar que el   impacto del momento fue tal en aquella persona, que por demás tenía mucho poder político en lo ideológico del Sistema e incluso del gobierno, que sin pensarlo mucho  nos saludó interrumpiéndonos con unas frases que en mi opinión le salieron de lo más profundo, y que recuerdo más o menos porque ha transcurrido desde entonces  mucho tiempo  para mis recuerdos. Dijo entonces: realmente los envidio por esa resignación y esperanza que ustedes los cristianos nos demuestran,...

Fue la expresión sincera de alguien que no cree en la espiritualidad ni en el alma, que son factores esenciales de la condición humana para los cristianos, especialmente ante una manifestación tan sentida del sentido espiritual de la vida que estábamos expresando junto al cadáver del hermano que se nos había adelantado en el tránsito de vida que todos habremos de realizar un día, porque en este mundo en que estamos enclavados como expresa un dicho popular: nadie ha quedado como semilla.

La espiritualidad tiene momentos culminantes en los que se vuelca hacia el exterior de nuestras almas con gran intensidad. La anécdota que relaté más arriba es una expresión de lo que expreso. Precisamente en estos momentos de regreso a La Habana del viaje que he estado realizado por España, así como de los reencuentros con amigos, camaradas y colegas de muchos años, unido a mis contactos físicos nuevamente con mis hijos asentados en España porque tengo otros en las Estados Unidos, Italia y Cuba , mis nietos españoles, y la celebración con ellos de mi 80 cumpleaños han desbordado por decirlo de alguna manera comprensible, mi espiritualidad, lo que he tratado de manifestar en los capítulos precedentes que he escrito desde Palma de Mallorca.

Este capítulo es el primero que escribo en mi regreso a mi Rincón de Centro Habana y quiero relatar a profundidad todo lo que estoy experimentando y viendo en estos instantes, en lo que me siento algo extraño en mi casa de siempre, con el recuerdo de mis estancias en España, especialmente en Palma de Mallorca en donde estuve más tiempo porque allí se encuentran asentados mis hijos y mis nietos españoles que viven en la España de mis ancestros.

Realmente son sentimientos, preocupaciones y añoranzas muy específicas, que se distinguen de lo cotidiano de siempre. Comienzo por decir que según mis vivencias y especialmente las del momento que vivo en la actualidad en que escribo el presente capítulo (17 agosto 2018) se me  produce una extraña mezcla de sensaciones que se entrecruzan y se interponen unas con otras, referidas a lo que sentía y experimentaba espiritualmente en mi ámbito de siempre antes del viaje en cuestión, junto con los recuerdos y las añoranzas de mis sentimientos, sensaciones y encuentros durante del viaje a España que acabo de culminar. 

En general es que quiero estar allá y aquí a la vez como si pudiera ejercer un especial don de ubicuidad que en realidad según mis conceptos cristianos comprendo que solo es inherente a Dios. Añoro a los que dejé en España y en especial me preocupo por los problemas que vi que ellos afrontaban y quisiera desde aquí participar y ayudarlos en su solución. Esto solo lo puedo lograr con en el ejercicio de la oración, de mis energías positivas y con la convicción cristiana que profeso  que emana del Evangelio:

...Porque voy al Padre

Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré

Para que el Padre sea glorificado en el Hijo...

(Juan 14, 12 y 13. BJ)

...Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá...

(Mateo, 7,7. BJ)

...Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis.

(Mateo 21, 22. BJ)

Precisamente quiero testimoniar estos sentimientos y esperanzas propias del sentido cristiano de mi Espiritualidad, porque no deseo que en el transcurso del tiempo, además con mi marcha definitiva para la Casa que no se Acaba, se pierdan. Son vivencias  que estoy experimentando en estos momentos en que escribo mi testimonio a las que le concedo  un  valor especial, primero porque son la expresión de un testimonio de vida real que puede resultar esperanzador para quienes puedan encontrarse en algún momento de su vida en situaciones similares a la mía. Y segundo porque en Cuba hay muchas familias esparcidas por el mundo y los viejos vamos quedando solos con nuestros recuerdos y añoranzas, lo que nos convierte en los protagonistas de los testimonios que expreso. En estas circunstancias cuando realizamos algún  viaje al exterior para encontrarnos con nuestros seres queridos y nuestros amigos, se nos pueden producir parecidos, similares o  incluso iguales sentimientos a los que expreso que  se podrán vivir por quienes se encuentren en similares circunstancias. En consecuencia, considero, que alguien tiene que recogerlos y expresarlos para que no se pierdan y puedan valorarse en el presente y en el futuro. Eso es lo que hago.

Atravieso en estos momentos una etapa de tránsito de unas circunstancias y ubicación que viví durante el viaje a España de los últimos 60 y tantos días con mi regreso a la cotidianidad propia de mi Rincón de Centro Habana que recupero y que quiero exponer algunas de las vivencias concretas de estos días porque les concedo una importancia testimonial importante.

Ante todo comienzo por reseñar brevemente lo que viví junto con Elena mi esposa durante el viaje de regreso, en el vuelo de Cubana de Aviación que nos trajo a La Habana. Fue una verdadera odisea pues en primer lugar el día previsto en los billetes para el vuelo el 10 de agosto del presente año, el avión de Cubana de Aviación no llegó a Madrid y nos alojaron en un Hotel tránsito hasta el otro día en que hicimos el vuelo de regreso con un trato poco profesional por la tripulación de cabina que culminó con un incidentes en la pista del Aeropuerto José Martí de La Habana en la que por ser yo solicitante de  silla de ruedas para el desembarco  no me bajaron en tiempo con todos los pasajeros del vuelo y tuve que esperar hora y media en el avión mientras que lo limpiaban para que saliera para otro destino. Todo esto lo narré en detalles en un documento de reclamación presentado el 17 de agosto del 2018 en las oficinas de Cubana de Aviación ubicadas en la terminal 1 del Aeropuerto José Martí, y quedo pendiente de la respuesta oficial al respecto.  Quizás tenga consignar en algún próximo capítulo los resultados con alguno de los tratamientos propios de la burocracia administrativa, que manifiesta siempre poca sensibilidad por lo que en realidad nos suceda a los que ellos consideran como  la población del montón por caracterizarnos de una manera más explicativa

Esta situación totalmente anormal e inconcebible  en un vuelo Internacional, en el que las aeromozas y sobrecargos dejaran solos sin desembarcar del avión a tres pasajeros a su suerte y verdad, lo que me produjo que llegara a mi casa de La Habana con un nivel alto de estrés, la presión arterial muy alta y los niveles de glicemia por las nubes, unidos al cansancio propio del viaje, al cambio de horario y a los dolores de la polineuropatía diabética que sufro. Quizás nada eso preocupe ni  se tenga en cuenta por la burocracia administrativa, ¡ya veremos! Todo lo sucedido durante el último tramo de mi viaje  determinó que una vez en mi casa en conjunción con las sensaciones que se experimentan al regreso de un largo viaje que he estado señalando más arriba, experimenté una especial sensación de seguridad y me sentí a salvo de los malos ratos que había vivido en el vuelo de marras.

Desde el mismo día de mi partida para España en el pasado 11 de junio, la Secretaria General de mi organización de base del Partido (PCC) a la que pertenezco, me anunció que el 13 de agosto 2018 se realizaría en el barrio un acto conmemorativo del 92 aniversario del Natalicio de Fidel en el que se iba otorgar un reconocimiento a los que ostentamos la categoría de “Fundador del Partido” (PCC) en nuestra área de residencia. En definitiva este fue un momento muy importante para mi reintegración a mi vida ordinaria., que durante su realización motivó en mi conciencia importantes reflexiones provocadas por la emoción que me produjo encontrarme con mis vecinos y camaradas del Partido después de tantos días en el exterior. Me estaba dando en esos momentos lo que en el argot político en Cuba denominamos como un baño de masas.

Me sentí rodeado por quienes en el día a día me acompañan en la actividad política y comunitaria de la zona en que vivimos, personas del pueblo que con sus modestas ropas se presentaban con una dignidad muy alta y una camaradería especial y me estaban acogiendo con especial reconocimiento y consideración. Actividad que confieso  me resultó sumamente reconfortante. Fue decisiva para sacarme del estrés traumático de  mi viaje y me significó muy significativamente  que de nuevo estaba inmerso en el ambiente propio de mi ámbito natural en el que vivo y trabajo día a día por la Revolución, la paz y la fraternidad entre los seres humanos. Todo aquel conjunto de sentimientos y consideraciones de aquel momento me recordó en mi conciencia la importancia que tiene para los seres humanos el sentido de la espiritualidad y su cultivo consecuente para la vía.

Tal y como ya he expresado en  otros capítulos precedentes  quiero reiterar que  en estas circunstancias que he descrito y testimoniado hasta aquí, es que regreso al análisis cronológico de lo sucedido en el año 2017 y de las crónicas publicadas entonces que estoy comentando en los capítulos de LEP. Encuentro entonces en este orden cronológico que vengo siguiendo que con fecha lunes 12 de junio del 2017, que publiqué en Por Esto! una crónica titulada Lo que no puedo olvidar… con el exergo En recuerdo de San Marcelino Champagnat cuando se cumplen 200 años Maristas, en la que escribí un muy sentido testimonio sobre la formación que de niño y de joven recibí, la  que tuvo mucho que ver con el desarrollo de mi espiritualidad y mi consideración de la importancia que tiene para nuestro tránsito existencial por este mundo en que nos ha tocado vivir, la comprensión  específicamente del sentido espiritual de la vida humana. Cito textual a continuación:

“Queridos lectores de Crónicas Cubanas, ha llamado con mucha intensidad a mi conciencia y siento el deber espiritual de expresarlo en mis Crónicas Cubanas que publico con el propósito de conducirme como cronista de mi época, un correo recientemente circulado entre los que estudiamos en los colegios de los Hermanos Maristas de Cuba por monseñor Emilio Aranguren, Obispo de Holguín y antiguo alumno Marista, con un planteamiento esencial para todos los ex alumnos Maristas de Cuba que entre otras cuestiones importantes expresa textualmente en unos párrafos básicos: “La Congregación de Hermanos Maristas está celebrando el 200º aniversario. Somos parte de ella. Recemos y demos gracias… ¿No será este uno de los posibles caminos a tener en cuenta cuando leemos el texto del Mensaje del Superior General (Hno. Emil Turú FMS) con motivo de la Fiesta del Fundador, en la que insiste que hay que prepararse y estar dispuesto para ‘cambiar’?”.

En medio de mi complicada existencia terrenal que he vivido desde mis primeras enseñanzas recibidas a la fecha, con realizaciones personales, luchas existenciales, logros, errores y reveses, todo ello propio de lo específica que es nuestra condición humana, he podido comprobar con mis ya muchos años de vida que en lo más profundo de mi ser se encuentran las luces y las semillas sembradas para siempre por quienes fueron mis primeros educadores maristas, incluso en medio de las imperfecciones y errores que toda obra humana tiene per sé.

Esta inquietud me ha acompañado desde hace muchos años y he podido expresarla abiertamente en mis crónicas y artículos más de una vez en virtud de mi condición de periodista, sociólogo e incluso teólogo laico que he podido alcanzar gracias a la voluntad y las bases cognoscitivas y de virtud sembradas por mis profesores en el Colegio de los Hermanos Maristas de la Víbora en las décadas de los años 40 y 50 del siglo pasado.

Esto tengo que reconocerlo a plenitud y así he tratado de no perder ocasión para expresarlo pública y abiertamente en la medida que me he ido poniendo más viejo y a la vez más místico. Lo he afirmado con un especial sentido de reconocimiento autocrítico de mis propias culpas y de la necesidad de reconciliación con quienes, como ‘El Sembrador’ de la parábola, sembraron en mí la virtud, la honradez, la fuerza de voluntad y el amor. En especial quiero reiterar una mención de lo que el pasado año 2016, con motivo de un nuevo aniversario de San Marcelino Champagnat fundador del Instituto de los Hermanos Maristas, planteé como reflexión muy personal al respecto de que ‘lo que bien se enseña nunca se olvida’; y que además en íntimo sentimiento expresé también que: ‘reconozco que tengo una deuda de gratitud que no se paga con bienes materiales, por muchos que puedan ser en el mundo, establecida para siempre con quienes sembraron en mí la Fe, el amor por la virtud, por la justicia y la Paz(1)

Al leer el correo circulado por el Sr. Obispo de Holguín y con un muy especial sentido de la dialéctica como motor de la vida que es en realidad movimiento, considero que la posibilidad de cambiar siempre todo lo que deba ser cambiado y de prepararnos para el cambio que con el movimiento de la vida constantemente se nos presenta, constituye la principal alternativa con que deberíamos continuar adelante todos los cubanos, ex alumnos Maristas o no, en las complicadas circunstancias que estamos viendo en la Cuba actual y en el mundo que nos ha tocado vivir.

Consideración que planteo en este 200 aniversario Marista a partir de mis convicciones cristianas, en mi peregrinaje rumbo a la Casa que no se acaba en donde nos espera a todos el Padre Celestial para juzgarnos por medio de su Hijo Unigénito, Dios y Hombre verdaderos, de acuerdo con lo que se plantea en Mateo 25, 31 en adelante con lo cual culmino mi crónica. ‘Venid benditos de Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis, estaba desnudos y me vestiste, enfermo, y me visitasteis, en la cárcel acudisteis a mí… En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicisteis…’. (BJ, Mt. 25, 31 al 40).

Los que tengan oídos para oír, oigan e interpreten el profundo significado exegético y hermenéutico que tienen estas palabras que expresan un programa esencial de vida para todos los seres humanos.

Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar con mis respetos al pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

(1) Ver en Por Esto! “de Mérida, Yucatán, México, el viernes 24 de junio 2016. https://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=486831
Vitral oct-dic Ano XII.No.24.2016, páginas 50 y 51.

(Fin de la crónica citada)

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=566892

Continuará...

Finalmente les reitero mi correo electrónico con el propósito de que puedan trasmitirme dudas, criterios, opiniones y preguntas: fsmederos@gmail.com,

Unicornio, domingo 26 de agosto del 2018.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=24&idTitulo=672469

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