Web de Félix Sautié Mederos

La naturaleza nos ha advertido severamente

Ni territorios ni montañas pudieron debilitarle a su paso por los sistemas montañosos de Jamaica y del Sur del Oriente cubano para cruzar a Cuba de sur a norte durante 5 largas horas, entrando por la provincia de Santiago de Cuba para salir cinco horas después por el Cabo Lucrecia al norte de Holguín rumbo a Bahamas. Dejó tras de sí la devastación de los territorios y poblaciones atravesados y prácticamente barridos. Muy especialmente a la hermosa ciudad de Santiago de Cuba, orgullo de todos los cubanos. En total hubo 11 muertos, que fueron abatidos por la furia de sus embates, muy a pesar de todas las tradicionales medidas de prevención que en Cuba se aplican.

De la extrema devastación y de las muertes acaecidas, se desprende una primera interrogante que considero muy importante hacerse, más allá de las consignas, de la reiteración de los ejemplos que otros debieran incorporar y del triunfalismo obsesivo por parte de algunos que solo piensan en invencibilidades y eternidades. Quizás va siendo el momento de asumir verdaderamente un cambio de mentalidad al respecto, tal y como lo ha estado reiterando el destacado intelectual cubano Esteban Morales en sus insistentes artículos sobre este particular y que en uno de sus párrafos expresa un criterio para meditarlo a profundidad: “Nadie ni nada escapa de la intención de objetivos que encierra el cambio de mentalidad, si entendemos a fondo lo que ello significa. Abarca tanto, como pensamos, la esfera económica, el sistema político, la vida social, así como también, cómo nos pensamos y vemos nosotros mismos.”

Asumir nuestra verdadera dimensión y dejar atrás las autosuficiencias, el orgullo desmedido, las expresiones dramáticas y grandilocuentes que nos distraen de nuestras insuficiencias, nuestros errores, nuestras prepotencias e intolerancias. Asumir nuestra verdadera dimensión es además, comprender a cabalidad la pobreza económica, espiritual y material en sentido general en que estamos sumidos todos los cubanos en medio de un profundo estado de indefensión. Es también dejar a un lado a los burócratas de la política y la economía que se desenvuelven con gran impunidad en nuestras instancias y medios sociales, haciendo, deshaciendo, descalificando e incluso aplastando a todo lo que se le interponga ya sea material, personal, cultural o espiritual. No son los “mensajeros” y los que se atreven a ejercer la crítica, los que habría que considerar tal y como acostumbran hacerlo los burócratas en su obsesión de constante búsqueda de chivos expiatorios, los “subversivos” y “enemigos”; cuando en realidad son ellos los que precisamente con sus desafueros e insensibilidades cotidianas, pujan por arrastrarnos hasta los límites del precipicio, que cada vez se nos viene encima con mayor aceleración.

Con su aciago paso por Cuba, el extraño ciclón “Sandy”, inaugura una nueva etapa de peligro y destrucciones, sólo comparable con el tristemente célebre ciclón Flora de los años 60 del siglo pasado. Estas nuevas circunstancias, nos plantean la urgente necesidad de repensar muchas cosas para cambiarlas sin más dilaciones de ningún tipo. La Naturaleza está tomando cartas en nuestros asuntos, azuzada por el cambio climático que circula por las rutas geográficas consubstanciales a las latitudes en que se encuentra el archipiélago cubano. En esto hay que partir de un posicionamiento científico de nuestra geografía, del cual incluso no valdría preguntarse por ninguna intervención divina del género que sea. Es algo que tiene que ver con nuestro libre albedrío y que debe ser enfrentado con nuestra voluntad de trabajo y con la creatividad que corresponde a las esencias de nuestra condición humana. De conjunto estamos llamados por la dialéctica de la vida a ejercer nuestros esfuerzos para no convertirnos en robots ni de la naturaleza, ni de ningún sistema sociopolítico o persona coetáneos.

Estamos en un momento que nos exige un alto grado de conciencia humana y de identidad nacional para unirnos a favor de nuestros compatriotas en desgracia suprema. Auxiliarlos para que se levanten en lucha por su supervivencia y desarrollo, pasando todos nosotros los cubanos de adentro y de afuera del país, por encima de nuestras diferencias políticas, económicas, sociales o de conceptos filosóficos y o religiosos.

A la dirección del país le corresponde un gesto de gran importancia, además del auxilio que está prestando y que debe continuar prestando a todos los damnificados e instalaciones de viviendas, así como a los servicios básicos de agua, electricidad y vía de comunicaciones. Este gesto es viabilizar al máximo posible, eliminando barreras administrativas, impositivas, aduanales o de cualquier índole, al objeto de facilitar que los cubanos del exterior puedan ayudar con sus envíos a sus familiares y amigos del interior del país.

Hay que tomar muy en cuenta el lamentable estado en que se encuentran las casas y edificaciones a lo largo y ancho del país, así como la necesidad de una amplia apertura económica que permita que los cubanos puedan subsistir con los resultados de su trabajo honrado, lo que hasta el momento ha estado limitado por concepciones económicas y políticas que son absurdas y obsoletas. La magnitud de los daños es tal, que se debe obviar cualquier tipo de consideración y solicitar o aceptar la ayuda desinteresada del exterior en las cantidades y flujos que necesitamos con urgencia. Hay que dejar de lado las consignas y las expresiones grandilocuentes que en definitiva están vacías de soluciones y de los medios que nos son necesarios con urgencia. Así lo pienso y así lo afirmo con mis respetos para el pensamiento diferente. fsautie@yahoo.com.

Publicado en Por Esto! el martes 30 de octubre del 2012.

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