Web de Félix Sautié Mederos

Las personas y la nación son lo más importante…

Todo ello coincidió en el tiempo con una lluvia de estrellas fugaces anunciada por lo meteorólogos, pero considero que el impacto planetario de los sentimientos provocados por la Olimpiada Londres 2012 ha sido mayor que el de estas luces en el firmamento.

En consecuencia, no podría pasar por alto las incidencias de estos últimos juegos olímpicos, porque conmocionaron intensamente mis sentimientos de cubano por encima de cualquier otra consideración de discrepancia o posicionamiento social, económico o político, sin que para ello tuviera que ser un fanático de los deportes o un especialista en esas prácticas tan beneficiosas a la vida. Tampoco podría negar el evidente declive que se ha estado produciendo en los resultados de Cuba, con un discreto repunte en Londres 2012, como consecuencia de la actual crisis económica, política y social que estamos atravesando.

Ante todo, quiero expresar al respecto de estos asuntos tan importantes, que para mí, la Nación se encuentra por encima de los intereses temporales de la política, del comercio o de la economía en general que, en cambio, algunos intentan sobreponer a cualquier otra manifestación principalmente a la espiritualidad y a los sentimientos de las personas, como si fueran lo único importante; aunque no niego el peso especifico que en sí mismos poseen estos aspectos de la vida material por denominarlos de alguna forma más comprensible. Incluso también existen quienes identifican al concepto de Nación con un sistema o colectivo reduciéndolo a un grupo pequeño de individualidades mesiánicas. ¡No! La Nación es más que todo eso, la Nación tiene que ver con las esencias básicas de nuestra identidad de seres humanos desarrollados a partir de una comunidad que comparte determinados intereses que nos conciernen a todos sin excepción: idiosincrasia, cultura y territorio incluyendo la dispersión de la diáspora que nos aqueja.
También es posible identificar a los que han tratado de ver exclusivamente desde el punto de vista intelectual a los juegos olímpicos y las demás pujas deportivas internacionales; rebuscan únicamente en los problemas que subsisten, en sus antecedentes, causas y consecuencias, junto con las manipulaciones y desviaciones, que si bien han existido y es muy importante tenerlas muy en cuenta, no por ello deberíamos negarlo todo de conjunto o como decimos popularmente en Cuba “botar el sofá”, sin antes tomar en consideración a los sentimientos y al libre albedrío del pueblo en general en su opción por las manifestaciones sociales que les produzcan esperanzas, salud corporal y espiritual, disfrute o recreación.

Por otra parte, considero que los símbolos de la Nación, aunque se expresan con un soporte material identificable, lo más importante no es su materia o el diseño que lo especifican en lo meramente plástico o musical, sino su sentido espiritual y significado para las personas. Así lo pensé mientras observaba con provocada emoción que me hacía escapar exclamaciones de júbilo o penas, la actuación de los atletas cubanos con sus banderas y logotipos. Sentí alegrías o dolor junto a ellos que contra viento y marea daban todo de sí, muchas veces en medio de grandes desigualdades de condiciones, posibilidades de entrenamiento o incluso de participación en topes internacionales, motivados además por sus aspiraciones innegables de realización personal en un medio con muy pocas posibilidades para una juventud que se abre al porvenir. En mi criterio, coincidieron con las esencias básicas de la identidad nacional y de los intereses generales de la población. Los vi reír o llorar, busqué sus gestos, sufrí con sus lesiones; y en general me sentí muy orgulloso de ser cubano y a la vez triste por nuestras carencias, limitaciones y dificultades.

Son actitudes que van más allá de las intenciones políticas, económicas o comerciales con que algunos a lo largo de la historia han visto y utilizado a los juegos olímpicos, tratando de beneficiarse y de manipularlos convirtiéndolos en espacios propicios para la propaganda de sus ideas y pretendidas superioridades; incluyendo a las pujas políticas por determinadas hegemonías supranacionales. Sobre esto se ha escrito recurrentemente por parte de especialistas e historiadores y no lo desestimo, pero por encima de esas cuestiones veo a las personas, sus sentimientos, a la Nación y a las identidades que nos son propias.

Mucho lo disfrutamos en La Habana y en Cuba en general, porque nuestros atletas han surgido del pueblo, son nuestros hijos y la población en estas circunstancias no hace excepciones. Eran cubanos sin excluir a los que jugaron con los colores de otros países como consecuencia de la diáspora que nos ha dispersado en el mundo y que no deben ser condenados por la voluntad de los empecinamientos y de las absurdas prohibiciones que tanto daño nos hacen. Siempre después de la noche viene el día con su claridad especialmente luminosa sobre nuestro Archipiélago caribeño y llegará un momento en que nuestros atletas nos representarán en los juegos internacionales y además podrán competir con plena libertad en las más diversas latitudes tal y como pueden hacerlo los de otras naciones.

Cuando los cubanos estemos en libertad de salir, entrar y/o regresar a nuestro territorio nacional, sin necesidad de pedir permisos especiales; o sin que se nos considere traidores por asentarnos a vivir en donde mejor creamos, la participación de nuestros atletas en los Juegos Olímpicos y en las competencias entre naciones alcanzarán mayor calidad, fogueo, espontaneidad, estímulo y experiencias que hoy nos faltan. Así lo pienso y así lo afirmo con mis respetos hacia los que no estén de acuerdo o piensen diferente.

Publicado en Por Esto!

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