Blog de Félix Sautié Mederos
POR UN SOCIALISMO PARTICIPATIVO Y DEMOCRÁTICO

LEP 462. Algunas reflexiones esenciales, transcurridos varios días de mi regreso a La Habana

CDLXII

El tiempo transcurre a una velocidad que unas veces nos da la impresión de que es lenta, y otras, muy rápida. Considero que eso depende de muchos factores que esencialmente tienen que ver con nuestro estado de ánimo muy personal y, a veces, con el accionar sobre nosotros de las circunstancias y coyunturas que nos rodean o en las que estamos insertados. Solamente tendríamos que analizar la forma y la insistencia con que lo apreciamos cuando esperamos la solución de algo que nos es muy importante y/o cuando sabemos que algo nos va a resultar negativo. Cuando lo esperado es positivo, en muchas ocasiones nos parece que los días se eternizan para que nos llegue ese momento; mientras que cuando esperamos algo que rechazamos y que nos es negativo, entonces pensamos que el tiempo se consume a una gran velocidad y nos da la impresión de que nos llega en un breve espacio temporal, porque muchas veces ya estamos inmersos en el problema mismo que nos preocupa y que rechazamos.

Eso es algo muy propio de la condición humana y de la posibilidad de pensar, así como de la preocupación y/o responsabilidad con que nos tomamos personalmente las cosas y los hechos. En este sentido, confieso que el haber cumplido los 80 años marca para mí una etapa personal muy importante, concerniente a mi peregrinaje sobre la vida de este mundo. Es algo que quizás forma parte de una deformación profesional propia del ejercicio de los análisis y el testimonio sociológico que en muchas ocasiones intento realizar, así como de mis estudios de teología con que analizo en mis crónicas y artículos las realidades que me rodean y en las que me encuentro personalmente insertado. Son muchos años de ese ejercicio, que bien pudiera calificar de profesional, en el periodismo que hago, en los que he podido comprender cada vez con mayor lucidez lo efímera que resulta la vida terrenal humana porque, además, en definitiva, tiene un final ineluctable e ignoto. Dice el Evangelio, que parafraseo, que nadie sabe ni la hora ni el día. Quizás también es que me sitúo ante una realidad a la que le tengo cierto temor y a la que espero en medio de un extraño contrapunteo interior que, por otra parte, en definitiva, siempre habrá de acaecer.

En las actuales circunstancias y coyunturas sobre las que escribo, debo reiterar que he regresado del viaje a España por mis 80 años, celebrados con mis amigos de muchos años y la parte de mi familia que allí vive como ya he explicado en otros capítulos precedentes. Culminado este hecho e inmerso de nuevo en mi ámbito habitual de mi rincón de Centro Habana, quiero expresar que he comenzado a experimentar una sensación que nunca antes había percibido, de la que me propongo dar testimonio en el presente capítulo, porque considero que vale la pena describirla y testimoniarla. Pienso que su identificación, testimonio y conocimiento podría ser útil para los demás. Muy especialmente para los arribantes a esa importante etapa octogenaria de la vida y de su movimiento existencial.

Es indudable que, con el paso de los años y por muchas amarguras y sufrimientos que me hayan podido infligir desde afuera o, incluso, por mí mismo, en realidad la vida me ha ido enriqueciendo de conocimientos y experiencias que, aunque no los ponga todos en uso, se acumulan en el tesoro existencial que comporta el peregrinaje que todos realizamos en la época que nos ha tocado vivir. Me refiero a un símil y un símbolo existencial que constituye un verdadero tesoro espiritual de sabidurías y experiencias que todos, con perdón de la reiteración del término, acumulamos muy a pesar de que no seamos conscientes de ello o, incluso, con independencia de nuestros niveles culturales específicos; incluyendo los sinsabores, las secuelas y los desgarramientos que han surgido como resultados de nuestros propios errores, actuaciones negativas y muchas veces dañinas para los demás, así como de lo que otros hacen contra nosotros mismos. En realidad, acumulamos una cuenta algebraica de más menos, que siempre deberíamos hurgar para estar conscientes de ella y actuar en consecuencia a partir del concepto martiano que parafraseo y que plantea: hacer en cada momento lo que en cada momento se requiera.

En consecuencia, debo decir que el tiempo propio de las edades avanzadas nos inmoviliza y en muchas ocasiones nos encierra en nosotros mismos. Además de que nos aísla existencialmente de los medios con que hemos transitado durante el transcurso de nuestro peregrinaje terrenal e, incluso, de amigos de muchos años; unos porque se van muriendo y otros porque también se han ido aislando y concentrándose en sí mismos por la edad y por los achaques, así como de una parte esencial de la familia que por día se nos hace cada vez más lejana, en lo que la diáspora cubana de esta época constituye una causa esencial al respecto. En síntesis, quiero expresar que se nos agudizan muchas sensibilidades e imposibilidades que anteriormente no habíamos tenido conciencia de ello y/o que no habíamos experimentado por lo menos conscientemente.

Eso es lo que estoy experimentando con mucha intensidad, y quiero testimoniarlo de primera mano, quizás sin haberlo meditado mucho. En ese orden de pensamiento, quiero expresar que este viaje por los 80 se me ha convertido en verdadero parteaguas existencial, porque ya en esta nueva etapa de mi vida, aunque vieja en realidad, debo tomar las cosas que me suceden con otra filosofía, ya que, como dice un dicho muy popular, en mis circunstancias me encuentro “más allá del bien y del mal”. Al respecto, aunque comprendo que siendo como soy, una persona apasionada y sentimental, muchas cosas en mis circunstancias actuales me hieren más profundamente que antes y otras se convierten en una verdadera obsesión su enfrentamiento, lo que no debería ser así por mi edad, por mi experiencia y por la administración efectiva del tiempo útil que tengo por delante, pero el enfrentamiento de las adversidades obsesionantes y el transcurso de la vida de cada cual es una experiencia estrictamente personal y, por lo general, irrepetible.

Además, en mi caso muy específico, quiero significar que se añade la sensación y los sentimientos de estar excluido de algunos ámbitos políticos del país por causa de mi pensamiento propio, que para algunos de extrema izquierda constituye ser anatema, porque para ellos lo esencial es estar de acuerdo con todo y silenciar los problemas, los errores y las insuficiencias que objetivamente tenemos porque, según sus muy especiales concepciones, su planteamiento crítico y autocrítico ayuda a los enemigos. Cuando en realidad pienso que, precisamente, los enemigos del proceso cubano y del socialismo se sacian con los silencios y los triunfalismos por nuestra parte de lo que ellos ya conocen y utilizan muchas veces con eficiencia e impacto informativo e, incluso, ideológico, por causa de la incapacidad nuestra de convertir a la crítica y la autocrítica ejercida con la mayor sinceridad posible en verdaderos instrumentos de solución de problemas y de perfeccionamiento del sistema. Mi criterio es que los silencios y el triunfalismo devienen armas esenciales de los que son verdaderamente nuestros enemigos para actuar sistemáticamente contra la Revolución; y a eso me enfrentaré, mientras tenga posibilidades existenciales de hacerlo.

Como en realidad no participo de ninguna tendencia extrema, ni de extrema izquierda ni mucho menos extrema derecha, los que participan en ambas posiciones extremas me excluyen cada uno por su cuenta, silencian mis crónicas y artículos y tratan que otros me silencien también, y, en definitiva, me sacan de los ámbitos en que se desenvuelve cotidianamente la sociedad local; a veces me siento cansado ya, pero siempre me doy cuenta de que para mí la lucha es la vida misma. Ya eso es una constante, que no sé si algún día pueda revertirla, pero, en definitiva, lo que voy escribiendo y los testimonios que a la vez voy planteando siempre por alguna parte quedarán planteados; y Unicornio con La Espiritualidad Prohibida (LEP) será siempre un factor esencial con vistas al futuro. En cada capítulo de LEP desde hace algunos años (2008) he ido incluyendo el comentario sobre algunas de las crónicas publicadas en los pasados recientes.

En este sentido, para cerrar los testimonios y comentarios al respecto de mi viaje a España 2018, quiero decir que no quiero culminar por el momento mis comentarios de lo vivido, especialmente de mi estancia en Palma de Mallorca, que es la escala más importante de mis viajes últimamente, de la que me llevo en mi regreso a La Habana la impresión final de mis últimos encuentros 2018 en mi España ancestral. Es así que me encontré con personas que dejaron en mí una honda huella de amistad. Mercedes la mallorquina, muy cercana a mis hijos asentados en España, que mucho bien nos ha hecho; a Gonzalo López Nadal, un mallorquín de pura cepa, amante de la Cuba revolucionaria a la que visita con mucha frecuencia. Gonzalo fue quien primero me abrió camino hacia los medios locales de comunicación de Mallorca, en donde pude expresarme hace algunos años, no así en el presente 2018, que todo al respecto me fue infructuoso. Con Gonzalo mantengo un intercambio permanente. El otro amigo es un militante socialista de muchos años del PSOE y presidente de la Casa de Amistad Cuba-Baleares, don Gerardo Moya Noguera, con quien he establecido una comunicación muy fructífera y a quien conocí por intermedio y recomendación de mi colega y camarada de lucha de muchos años Pedro Martínez Pires.
De Gerardo y de la Casa de la Amistad Cuba-Baleares quiero exponer un testimonio al respecto de una iniciativa política de solidaridad con Cuba muy interesante, que me explicó en detalles mi amigo Gerardo, aunque aún está pendiente de una respuesta concreta desde La Habana. La iniciativa en cuestión se refiere al envío a Cuba de la silla de Antonio Maceo, mantenida durante años en un museo militar español como trofeo de guerra, para exponerla. Ellos hicieron todas las gestiones al respecto en la que se involucraron importantes políticos de izquierda de Mallorca y lograron que el trofeo fuera transferido a un museo civil de Palma de Mallorca como primer paso del envío a Cuba. En mi opinión, es un proyecto muy solidario que requiere atención y respuestas francas, transparentes y agradecidas, sin dilatarlo mucho más, lo que espero que así sea.

En España tengo amigos de muchos años que han reforzado mis raíces hispánicas y mis sentimientos ancestrales; no puedo escribir de todos ellos más aún cuando el tiempo y mi edad puede hacerme cometer omisiones imperdonables; por eso considero que mis amigos de Mallorca, la última escala de mi viaje representan a todos mis amigos de España algunos de los cuales he ido mencionado en mis crónicas viaje, especialmente a mis camaradas del Movimiento por la Paz, MPDL de España, que con motivo de mis 80 cumpleaños circularon en su organización un mensaje que me ha sido altamente significativo, cuyo texto cito a continuación:
En Mallorca también recibí una visita significativa, porque mi amigo de muchos años, don Jacinto Rey, viajó en su yate “El Espíritu de Xarey” hasta la hermosa isla mediterránea española y me recibió abordo en un día que siempre recordaré con especial cariño.
De mis primeros momentos en La Habana y de los problemas que afronté en mi viaje de regreso ya lo he mencionado y quizás amplíe un poco más en el próximo capítulo. Ahora regreso al comentario cronológico de mis crónicas publicadas en el 2017 que vengo realizando en los capítulos de La Espiritualidad Prohibida del presente año.

En este sentido debo decir que con fecha domingo 18 de junio 2017, publiqué una crónica titulada “Un libro providencial, en un momento significativo...”, con el exergo “Encuentro, diálogo y acuerdo…”:

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, dejando a un lado dolencias y prescripciones facultativas el pasado viernes 16 de junio del 2017 me fui hacia el centro cultural Padre Félix Varela, ubicado en el edificio del antiguo Seminario San Carlos, en donde se sembraron las semillas fundantes de nuestra nacionalidad y nuestra República. No podía hacer oídos sordos a la amable invitación recibida hace algunos días de participar en la presentación del nuevo libro del cardenal Jaime Ortega Alamino sobre las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos que culminaron con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

Para este anunciado encuentro se me presentaban incentivos muy importantes tales como adquirir el libro y que me lo autografiara el Cardenal en persona, porque es un testimonio extraordinario para nuestra historia e, incluso, en mi criterio muy significativo para el momento que estamos viviendo, en especial por los últimos acontecimientos perpetrados por el presidente Donald Trump, ese mismo día, en contra de todo lo que ya se ha avanzado en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

También fueron incentivos muy importantes la oportunidad de escuchar directamente la intervención del destacado intelectual católico Roberto Méndez, director de la revista Palabra Nueva, quien estuvo a cargo de la presentación, así como las del propio cardenal Jaime Ortega, dado su autoría y el hecho de haber sido uno de los principales facilitadores de esa histórica negociación en función de lo que expresa con sus propias palabras en el preámbulo del libro, que cito textual: “…el papa Francisco me había llamado a ser parte de algo que constituyó, en mi vida de cristiano y de sacerdote, la más inesperada y hermosa experiencia de Dios: ver y palpar el amor de Dios que abría corazones y unía voluntades. Y eso lo agradezco también al Santo Padre. En suma, inspirado en la acción conciliadora entre Cuba y Estados Unidos del papa Francisco, deseo poner en manos de ustedes un pequeño tratado sobre este Pastor, que fiel a Dios misericordioso, y visto de cerca en su quehacer discreto y humilde, ha sido capaz de conquistar el corazón de los hombres. Es también un modo de invitarlos a todos a creer en el poder salvador y convocante del amor cristiano”.

En otra parte del texto en cuestión, insiste Jaime Ortega en la mediación de Francisco en función de los designios del Dios Trino y único, cuando explicó que a la pregunta suya al Papa: “Santidad, ¿qué lo llevó a usted a pensar en mí como colaborador suyo en este acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos?...”. La respuesta de Francisco resultó espontánea y no se hizo esperar: “¡Fue una inspiración de Dios!”.

Expresa, pues, el Cardenal al respecto del asunto un testimonio muy sentido y en mi criterio dramático: “Me sorprendió la respuesta. Yo esperaba una palabra suya apoyada en nuestra fe eclesiológica: el papel del obispo en la Iglesia, o de un cardenal como colaborador cercano del Papa, pero me llamó la atención escuchar del Santo Padre una respuesta remitida a Dios como inspirador directo de su actuación”. Por otra parte, quiero añadir además el juicio que expresa el propio Cardenal Ortega al respecto de la respuesta de Francisco: “Sí, la fe del Papa en la acción providencial de Dios es la misma fe del santo pueblo fiel de Dios, presente en todo tiempo y lugar, y de modo notable en la religiosidad del pueblo latinoamericano. Es la fe de mi vida sacerdotal y cristiana desde mi primer encuentro con Cristo. El Papa en esta búsqueda de acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, estaba actuando, desde los inicios de su intervención, bajo la inspiración de Dios”.

Por el momento, no continúo con el contenido del libro que da para un ensayo sobre el análisis de lo que expresa y la intencionalidad de su autor al escribirlo y publicarlo. Lo importante, en mi opinión, que recomiendo a los lectores de Crónicas Cubanas es conseguirlo, leerlo y atesorarlo como un libro de cabecera propio de la época actual, que según expresa textualmente el autor del prólogo monseñor Angelo Becciú, sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, cercano colaborador del Papa Francisco y quien también fue nuncio apostólico en Cuba hace algunos años: “El autor nos invita a seguir los caminos de la misericordia y reconciliación a que nos llama el Santo Padre y de los que él mismo nos da ejemplo, saliendo al encuentro de los alejados y reuniéndolos como hace el Buen Pastor con sus ovejas. Esto se hace posible en esta bella historia entre Cuba y Estados Unidos en la que el Papa Francisco logró acercar a dos pueblos separados, por medio del encuentro y el diálogo”.

Para terminar esta crónica quiero citar las palabras finales del presentador del libro, el Dr. Roberto Méndez, en las que recoge certeramente la aciaga situación del momento, dado lo anunciado por el presidente Trump ese mismo día en contra de todo lo que ya se ha avanzado en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba: “La historia siempre inquieta cambia a veces las circunstancias, a veces parece contradecirnos… y no se preocupe su Eminencia porque el bien que se hace siempre queda”.

Finalmente, quiero decir que estoy muy de acuerdo con lo que también expresó el Dr. Roberto Méndez en el sentido de que este es un libro para conservar y estudiar porque es muy valioso para la espiritualidad de nuestro tiempo; y añadiría yo que constituye, además, una eficaz herramienta para enfrentar lo que se nos viene encima por causa de las amenazas de Donald Trump. Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=568235

Mi crónica de entonces en que comento el libro Encuentro, diálogo y acuerdo, del cardenal Jaime Ortega y Alamino, recoge el análisis y el testimonio de quizás el más significativo hecho de los últimos años para la Revolución cubana, que ha sido el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, que cuando escribo el presente capítulo se encuentran en una nueva crisis provocada por la acción perversa del actual presidente de los Estados Mr. Trump. Veremos hasta dónde puede llegar este asunto.

Unicornio, domingo 16 de septiembre del 2018.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=24&idTitulo=677250

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