Web de Félix Sautié Mederos

Los cubanos y la fe en nosotros mismos

Escribo mi crónica sin tomar en consideración los rechazos de algunos que descalifican a la religiosidad considerándola una manifestación oscurantista, menosprecian a quienes la proclamamos e incluso destilan rencores contra las religiones y la fe de los creyentes. Nos inculpan, además, indiscriminadamente de lamentables hechos puntuales de la historia, que verdaderamente habría que referirlos a seres humanos y estructuras específicas que han actuado esquemáticamente y por cuenta de sus propios intereses perpetrando barbaridades por encima de la fe verdadera que anima el amor, la concordia y la paz y que al decir de Jesús es capaz de mover montañas. A esa fe proclamada por Jesús es mi propósito referirme, en medio de los hastíos y las desesperanzas que percibo a mi alrededor. Me refiero a los cubanos y la fe en el Año de la Fe, que bien podría ser premonitorio de un futuro verdaderamente mejor que el presente en que vivimos, porque necesitamos tener mucha fe en nosotros mismos y en nuestros propios esfuerzos para salir adelante, dejando atrás las imposibilidades inmovilistas y pasando por encima de los obstáculos y los autoritarismos que nos intentan ahogar. Aquello de Fe y adelante, es una expresión muy necesaria hoy para afirmarnos en nuestras propias capacidades.

Quiero añadir también que identifico una compulsión extemporánea y ofensiva en mi criterio, dentro de los ámbitos progresistas y de izquierda contra las expresiones religiosas y hacia quienes nos atrevemos a proclamarlas públicamente. Estas actitudes, aunque haya muchos que no se lo propongan así, también dan fundamento entre otras cuestiones importantes, a las exclusiones y discriminaciones por razón de raza, orientación de sexo o ideas; manifestadas en nuestro mundo de hoy, en medio de un relativismo desorientador de los rumbos efectivos que necesita la humanidad para no sucumbir, por causa de las violencias contra la vida y la naturaleza.
Ante tales actitudes, expongo mi análisis sobre el significado del Año de la Fe afirmando en primera instancia que muy a pesar de mis errores humanos, yo mantengo mi fe con mi frente en alto, sin arrepentirme de poseerla y proclamarla públicamente. Soy un hombre de fe, que pasa por encima de los odios y los resquemores que pudieran enfilarse contra mi persona y que algunos no les es posible ocultar porque se consideran demiurgos o dueños de la verdad y no miran a las vigas que tienen alojadas en sus ojos. En este orden de cosas, repito aquella expresión de Jesús cuando dijo a los fariseos que condenaban a la mujer adúltera y pedían que fuera apedreada: tire la primera piedra quien se encuentre libre de pecado. Pienso que más allá de la parábola, lo que Jesús señaló en su relato es un mal muy extendido porque el tejado de vidrio nos cubre a todos aunque no lo queramos así. En nuestras circunstancias, se manifiesta con mucha intensidad, incluso por cuenta de algunas de las diversas partes a favor o en contra de nuestro actual proceso sociopolítico, la práctica de menospreciar, descalificar y atacar a las personas en vez de analizar los conceptos, los hechos y las ideas que deberíamos reprobar, cambiar, reformar o rechazar.

La fe tiene mucho que ver con el respeto y la afirmación de las personas y últimamente he podido percibir la proliferación de algunos comentarios despectivos y de descalificación hacia el pueblo cubano que se publican en la WEB desde el exterior relacionados con lo que sucede en Cuba; en razón de la falta de diálogo, debate y análisis que carecen nuestros muy empobrecidos, grises y monótonos medios locales. Algunas de esas personas, desde afuera de nuestras fronteras, lejos del alcance de los burócratas y de su autoritarismo, incluso escudados con seudónimos, se están afanando en descalificar, incitar y orientar lo que deberíamos hacer los que estamos adentro del país y no se ocultan para expresar acusaciones de cobardía, incluso con palabras soeces e insultantes.

Si no respetan al pueblo y a sus razones para vivir, tampoco no deberían dedicarse a pedirle que haga lo que ellos no han sido capaces de hacer. Esas expresiones insultantes destilan muchos rencores y mucho odio y con tanto odio nada se podría rehacer, al contrario siempre sería destruir. Habría que profundizar en las razones que tiene la población para optar por lo pacífico, buscar la concordia y no lanzarse a la calle. Además, los que no poseen el valor para sacrificarse al menos deberían tener el pudor de callar y olvidarse de la población a la que están injuriando. Los pueblos no se suicidan nunca, resisten, sobreviven y luchan. Siempre después de la noche viene el día, de la tempestad la calma y de la muerte la vida. Las formas de luchar también implican las formas de resistir. Además hay razones históricas concretas para la esperanza en la justicia social y la equidad distributiva que se propusieron dentro de un proceso social que tantas esperanzas y esfuerzos concitó y al que muchos aún hoy, más de los que se podrían imaginar quienes así opinan, quisieran salvarlo a toda costa ante un mundo que se está despedazando, en el que reconozco que Cuba por demás tampoco es una excepción. Cuando se pierde la fe en la vida, en uno mismo y en el pueblo del cual nacimos, lo mejor es cambiar los rumbos hacia otros destinos.
Potenciar la fe en las personas, la fe en el pueblo de conjunto, buscar y comprender sus razones, ser tolerantes ante tantas intolerancias, ser positivos en el presente y en la proyección hacia el futuro, es mi criterio. Lo que necesitamos es mucha fe para la lucha, la vida y no personas que nos descalifiquen, nos insulten y nos digan lo que tendríamos que hacer que ellos no hicieron o no hacen. Así lo pienso y así lo afirmo con mis respetos para quienes piensen diferente.
 
Publicado en Por Esto!

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