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Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

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13 Jul 12
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El aumento de los precios y sus causas reales.

Hay aumento de precios porque el estado dueño de los medios de producción y del mercado, necesita más dinero para el funcionamiento de sus empresas mercantiles y su burocracia.

Resumen

Sean monetaristas, librecambistas, liberales, keynesianos o sus variantes neos, los economistas burgueses buscan la explicación de la inflación fuera de las relaciones de producción y de las leyes económicas afines identificadas por Carlos Marx y otros. Para escapar al análisis de las relaciones de producción y específicamente a las relaciones entre el capital y el trabajo, usan categorías como la “macro-economía” que engloba fenómenos generales del mercado. Pero estos no son más que manifestaciones numéricas de las contradicciones, que no aborda y esconde, entre capitalistas y obreros. Ninguna escuela burguesa de pensamiento económico, lógicamente, se detiene en las relaciones de producción, que caracterizan las economías modernas, para evaluar el alza de los precios -no les conviene-, y ninguna se refiere, tampoco, a la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia descubierta por Marx, en las economías que funcionan sobre la base de la explotación del trabajo asalariado, la gran generadora de superproducción, inflación, estancamiento, decrecimiento y demás manifestaciones de crisis en el sistema capitalista. Según esta ley los dueños de capital están obligados cada vez más a invertir en maquinarias, medios de producción y materias primas (capital constante), para poder mantenerse en la competencia ínter capitalista que se arrecia por los avances de la Ciencia y la Técnica. Este aumento de la inversión en medios y tecnología se refleja en los precios de los productos y deja menos dinero para pagar la mano de obra (capital variable), cada vez más especializada y por tanto también, cada vez más cara. Los economistas burgueses no reconocen este problema, no se detienen en que el capital, por el ánimo de lucro, no pague dinero suficiente a los trabajadores para que los artículos que producen puedan ser comprados. Ellos confían todo al mercado, un dios encargado de reproducir los panes y los peces de la nada, de generar capacidad adquisitiva desde la nada. “El mercado se encarga de poner a cada uno en su lugar”, dicen. Pero la verdad es que el aumento sistemático de los precios, que el capitalista evalúa sobre todo como consecuencia de la Ley de oferta y demanda en la esfera del consumo, tiene su base en el sostenido aumento del costo de producción a consecuencia del inevitable incremento de la inversión en capital constante que demanda la esencia reproductiva del sistema. En Cuba, el gobierno de Raúl Castro h introducido medidas parecidas a las que se aplican en las economías capitalistas modernas para tratar de paliar la crisis económica del estado cubano, que no es de superproducción por exceso de productos, sino de sub-producción, donde lo mismo encontramos estancamiento que inflación, la llamada “estanflación”, crisis que aquí se achaca a la holgazanería de los trabajadores, a la corrupción bastante generalizada y a los altos precios de los alimentos, las materias primas y las máquinas en el mercado mundial, que el estado se ve obligado comprar por falta de producción interna. No ha admitido nunca el gobierno-partido, ni fue capaz de aceptar en el VI Congreso del PCC, que las causas de la crisis cubana estaban en el sistema estatal asalariado, en verdad un capitalismo monopolista de estado, sometido a las mismas leyes generales del capitalismo, solo que aquí acentuadas y más visibles por el control absoluto del estado sobre el capital, el trabajo, el mercado y la economía en general. Con un solo capitalista que controla todo, es más difícil encubrir el desastre y sus causas sistémicas. El capitalismo monopolista, “socialista”, también necesita cada vez más dinero para invertir en medios de producción y materias primas a fin de mantener su nivel competitivo internacional en algunos renglones como el turismo y la biotecnología y además precisa de grandes cantidades de dinero para sostener su súper aparato burocrático, militar y de seguridad, al tiempo que cada vez paga menos salarios (reales) a sus trabajadores, por lo cual el estímulo a la producción está en el piso. Hay aumento de precios porque el estado dueño de los medios de producción y del mercado, necesita más dinero para el funcionamiento de sus empresas mercantiles y su burocracia. Y no hay aumento de la producción porque no se cambia la forma de pago, se mantienen los salarios, y se destina poca parte de las utilidades a pagar a los trabajadores, y por tanto, no hay estímulo. Ya hemos planteado la solución: realizar un cambio paulatino en las relaciones de producción. Avanzar del estatismo asalariado a formas superiores de producción de tipo cooperativo auto y co-gestionaria, donde se repartan equitativamente parte de las utilidades entre los productores directos, sin eliminar el espacio que todavía podrían tener otras formas de producción, en un marco de libre intercambio con regulaciones anti monopólicas, y el menor estado posible. No la inventó ningún cubano: la explicaron Marx y muchos otros hace más de siglo y medio. El camino se rectifica o el abismo avizorado por Raúl, se seguirá acercando. Y no por falta de teoría socialista y de consejos desde el seno revolucionario.

Artículo completo

Todas las doctrinas económicas burguesas abordan el problema de la inflación a partir de la relación entre la masa monetaria, su capacidad de compra y la cantidad de productos en el mercado. Todas, en fin, buscan las causas del fenómeno en la esfera de la distribución, el intercambio, la moneda o la circulación.

Sean monetaristas, librecambistas, liberales, keynesianos o sus variantes neos, buscan la explicación fuera de las relaciones de producción y de las leyes económicas afines, identificadas por Carlos Marx y otros.

Para escapar al análisis de las relaciones de producción y específicamente a las relaciones entre el capital y el trabajo, se escudan en el estudio de la “macro-economía” que engloba fenómenos generales del mercado como niveles de productos, dinero lanzado a la circulación, depósitos en los bancos, tipos de cambio, movimientos en las bolsas de valores y otros.

Pero estos no son más que manifestaciones numéricas de las contradicciones, que no aborda, en las relaciones de propiedad, jerarquía, distribución y consumo que se establecen entre los capitalistas y sus trabajadores asalariados.

Ninguna escuela burguesa de pensamiento económico, lógicamente, se detiene en las relaciones de producción, que caracterizan las economías modernas, para evaluar el alza de los precios -no les conviene-, y ninguna se refiere, tampoco, a la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia descubierta por Marx, en las economías que funcionan sobre la base de la explotación del trabajo asalariado. Es esa economía, la gran generadora de superproducción, inflación, estancamiento, decrecimiento y demás manifestaciones de crisis en el sistema capitalista.

Según esta ley (1), los dueños de capital están obligados a invertir cada vez más en maquinarias, medios de producción y materias primas (capital constante), para poder mantenerse en la competencia ínter capitalista que se arrecia por los avances de la Ciencia y la Técnica.

Este aumento de la inversión en medios y tecnología, desde luego, se refleja en el aumento de los precios de los productos y, también deja menos dinero para pagar la mano de obra (capital variable), cada vez más especializada y por tanto también, cada vez más cara.

El aumento de la inversión en capital constante, se hace -desde luego- a costa de la disminución del dinero disponible para pagar la fuerza de trabajo- y es esto lo que explica que cada vez exista menos dinero, relativamente, para pagar los salarios de los trabajadores, menos dinero en manos de éstos para comprar los productos que ellos mismos producen. Es la expresión más clara de la lucha entre el capital y el trabajo.

Cualquier a de nuestros nuevos pequeños y medianos capitalistas, esos “cuentapropistas” que “contratan trabajadores”, puede dar una amplia explicación de cómo tiene que gastar cada vez más en materia prima y en equipos, siempre más caros, para poder continuar en la competencia, mientras mantiene los mismos pagos a sus asalariados o tiene que disminuirlos, para poder seguir embolsándose la mayor parte de la ganancia del timbiriche, el “almendrón” o “su” pedazo de tierra regado con el sudor de sus “contratados”. Y todos pagan más que el estado.

Los economistas burgueses no reconocen este problema, no se detienen en que el capital, por el ánimo de lucro, no pague dinero suficiente a los trabajadores para que los productos tengan salida. Ellos confían todo al mercado, un dios encargado de reproducir los panes y los peces de la nada, de generar capacidad adquisitiva desde la nada. “El mercado se encarga de poner a cada uno en su lugar”, dicen.

A lo más que atisban es a estimular el crédito para poner a circular el dinero de los bancos, a fin de reproducirlo; pero a ninguno se le ha ocurrido, ni se le va a ocurrir, repartir tales dineros entre los trabajadores para que puedan comprar productos estancados en los mercados. No. Si no pueden vender a precio de ganancia, prefieren que se pudran o destruirlos: “hay que mantener el precio en el mercado, a toda costa”, también dicen.

Como parten de que la fuerza de trabajo es una mercancía más, ésta debe pagarse según la ley de oferta y demanda y no reconocen que las ganancias del capital salen precisamente de los resultados de la fuerza de trabajo que genera más valor que el pagado por su uso. Ellos no son capaces de identificar que el dinero invertido en fuerza de trabajo es el dinero que quedará después disponible para comprar esas mercancías. Piensan que ganan porque son mejores productores, más competitivos, más “bichos” en las operaciones mercantiles.

Para ellos el fetichismo del dinero es tal que creen poder manejar los procesos económicos a partir de controles de la moneda, de las tasas de interés, del gasto público, las emisiones de bonos, las reducciones presupuestarias y los reajustes en las ofertas de trabajo. El dinero, creen, genera más dinero, sin tener en cuenta que por medio hay un proceso de producción con fuerza de trabajo que es la que agrega valor a las nuevas mercancías y servicios.

Y las crisis se suceden y nunca pueden evitarse, a pesar de todas esas medidas y al final siempre resulta que son crisis de superproducción que obligan a reajustes de precios, eliminación de masas de productos y a reducciones de plazas, salarios y de presupuestos estatales para destinos sociales, especialmente la salud y la educación, de los cuales se jacta el “estado de bienestar” capitalista, como sus grandes logros.

“Por efecto de la diferencia relativa cada vez mayor entre el capital constante y el capital variable surgen y se desarrollan las crisis de superproducción, las financieras, las de los mercados y otras por el estilo, las cuales no son más que manifestaciones de la agudización de las contradicciones irreconciliables en esa relación entre el capital y el trabajo, en la organización de la explotación asalariada, en la forma cada vez más privada de la apropiación del excedente cuando la participación en la producción es más extendida, más social.

El aumento sistemático de los precios, que el capitalista evalúa sobre todo como consecuencia de la Ley de oferta y demanda en la esfera del consumo, en verdad tiene su base en el sostenido aumento del costo de producción a consecuencia del inevitable incremento de la inversión en capital constante que demanda la esencia reproductiva del sistema”. (2)

Hoy la crisis se ve con toda claridad en Europa, donde los gobiernos aplican recortes a los presupuestos para gastos sociales, reducen las plantillas de la burocracia estatal, se paralizan o aminoran la producción en sectores productivos completos y solo atinan a prestar dinero a los bancos, ejes de las economías capitalistas actuales, para que puedan saldar sus deudas y seguir funcionando.

En Cuba, el gobierno de Raúl Castro ha introducido tipos de medidas muy parecidas a aplicadas por las economías capitalistas modernas para tratar de paliar la crisis económica del estado cubano atado al sistema de trabajo asalariado. Crisis que no es de superproducción por exceso de productos, sino de sub-producción, por falta de producción, donde lo mismo encontramos estancamiento que inflación, lo que los economistas burgueses llaman “estanflación”. Aquí la crisis se achaca a la holgazanería de los trabajadores, a la corrupción bastante generalizada y a los altos precios de los alimentos, las materias primas y las máquinas en el mercado mundial, que el estado se ve obligado comprar por falta de producción interna.

No ha admitido nunca el gobierno-partido, ni fue capaz de aceptar en el VI Congreso del PCC, que las causas de la crisis cubana estaban en el sistema estatal asalariado, en verdad un capitalismo monopolista de estado, sometido a las mismas leyes generales del capitalismo, solo que aquí acentuadas y más visibles por el control absoluto del estado sobre el capital, el trabajo, los mercados y la economía en general. Con un solo capitalista que controla todo, es más difícil encubrir el desastre y sus causas sistémicas.

En el mundo capitalista desarrollado, la explotación asalariada como causa de toda la crisis, queda envuelta en un enorme conjunto de relaciones sociales que involucra a multitud de bancos, empresas, empresarios, accionistas, sindicatos, mafias, mercados, bolsas, mecanismos y formas de pago y cobro que crean una compleja madeja, donde es más fácil culpar a uno de esos eslabones y ocultar las causas reales.

El capitalismo monopolista, “socialista”, también necesita cada vez más dinero para invertir en medios de producción y materias primas a fin de mantener su nivel competitivo internacional en algunos renglones como el turismo y la biotecnología y además precisa de grandes cantidades de dinero para sostener su súper aparato burocrático, militar y de seguridad, al tiempo que cada vez paga menos salarios (reales) a sus trabajadores, por lo cual hay falta de estímulo a la producción.

No es un asunto primordialmente de dinero flotante sin respaldo productivo, de emisiones de dinero sin respaldo oro-divisa -como suelen explicar los economistas que dominan muy bien las teorías económicas burguesas y quieren resolverlo todo eliminando subsidios, cerrando puestos de trabajo y subiendo precios, sin percatarse de los daños sociales-; efecto en todo caso. Es una consecuencia de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia, que obliga al capital –en este caso del estado- a disponer de menos dinero para “comprar” capital variable, fuerza de trabajo y como no paga lo suficiente para que esta se reproduzca, viene entonces toda esa “apropiación indebida” que genera en los centros de producción o servicios y el natural éxodo de profesionales y técnicos hacia cualquier país del mundo.

El dinero que entra por remesas podría tener un efecto inflacionario si no hubiera en qué gastarlo, pero todo el mundo sabe que va –fundamentalmente- a parar a manos de las Tiendas Recaudadoras de Divisa -TRD-, que no son capaces de reciclar sistemáticamente los productos mas consumidos y ofertados a dos veces y media su valor de costo, porque los dineros recaudados en esas tiendas del estado (¿las tiendas son del estado o de las FAR, o son la misma cosa, bueno ya ni sé?) son necesarios no solo para reponer esos productos, sino que son usados para otros fines de la burocracia. ¿Cuáles? Cuando exista transparencia, sabremos.

El estado que monopoliza el mercado interno, salvo algunos chinchales, cafeterías, restaurantes, una mínima parte del transporte público y los hospedajes privados, cree que va a encontrar salida a su crisis aumentando impuestos, despidos y precios, sin percatarse de que ese camino eleva el potencial.de la oposición, no a la Revolución, sino al gobierno y a sus políticas, que son dos cosas distintas pero que algunos en ambos extremos suelen confundir por interés clasista.

La Revolución social es el proceso de socialización y democratización de la economía, no siempre favorecido por las políticas oficiales.

El endeudamiento externo es enorme y al parecer se sigue ensanchando. Las generaciones venideras tendrán que pagar los platos rotos por el capitalismo monopolista de estado y por la “actualización”, incapaces de generar producción, pero muy eficientes en demandar cada vez más prestamos y ayuda externa.

Hay aumento de precios porque el estado dueño de los medios de producción y el mercado, necesita más dinero para el funcionamiento de sus empresas mercantiles y su burocracia. Y no hay aumento de la producción porque se mantiene el sistema asalariado de pago, en lugar de acabar de pasar a la distribución de una parte de la ganancia entre los trabajadores, lo que sí generaría un gran estímulo.

Nuestros estudiosos del marketing y conocedores de las teorías de Friedman, Keynes, Stiglitz y Soros, poco han tenido en cuenta las de Marx en sus políticas económicas. Ni las mencionan. Tampoco han tenido en cuenta las teorías del Premio Nobel de Economía 2009 Elinor Ostrom (primera mujer que consigue el premio) y Oliver E. Williamson, relativa a la superioridad de la administración cooperativa, sobre la capitalista.

Muchas veces hemos planteado la solución: realizar un cambio paulatino en las relaciones de producción. Avanzar del estatismo asalariado a formas superiores de producción de tipo cooperativo autogestionaria, sin eliminar el espacio que todavía podrían tener otras formas de producción, en un marco de libre intercambio con regulaciones anti monopólicas, y el menor estado posible. No la inventó ningún cubano: la explicaron Marx y muchos otros hace más de siglo y medio.

En cambio, la “actualización” ha optado por dar prioridad a las medidas para proteger el capitalismo monopolista de estado y desarrollar la explotación asalariada por privados, al tiempo que ni se habla de la participación de los trabajadores en la dirección, la gestión y las utilidades de las empresas estatales, mientras se sigue limitando el trabajo por cuenta propia en muchos sectores e impidiendo el desarrollo del cooperativismo extendido y libre, del que se habla y se habla, pero nada se concreta.

El camino se rectifica o el abismo avizorado por Raúl, se seguirá acercando. Y no por falta de teoría socialista y de consejos desde el seno revolucionario.

Socialismo por la vida.

1- C. Marx. El Capital. T-III, Sección Tercera. Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana , 1973.

2-Pedro Campos. El Socialismo de estado es inviable económica y socialmente. (2007).

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más