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30 Jul 12
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El inmovilismo ha recobrado terreno

No siento aliento con las últimas acciones y discursos del gobierno. No se están teniendo en cuenta los intereses del pueblo. Se comenten muchos errores. He estado siguiendo la información que se ha publicado sobre las recientes reuniones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, del Consejo de Estado y del Consejo de Ministro,  junto al Pleno del Comité Central del PCC y si otras veces me he entusiasmado con las palabras del Presidente Raúl Castro, esta vez las encuentro más bien desalentadoras.

Los que encabezan el partido-gobierno cubano siguen apostando al modelo estatal-asalariado-centralizado-autoritario que ellos mismos han puesto en entredicho y que ha demostrada hasta la saciedad su incapacidad para generar bienestar general, por su divorcio con los medios y fines de la nueva sociedad donde el poder político y económico sea ejercido por el pueblo y los trabajadores. Las “mieles del poder” son libadas solo por unos pocos, no por el pueblo.

El cambio de estructuras y de mentalidad, a las que en un momento llamó el Presidente, no se ha producido siquiera entre los principales niveles del partido-gobierno, donde siguen determinando la siempre misma dirección “histórica”. Las estructuras, formas y concepciones desde las cuales se ejerce el poder político en Cuba y se trata de desarrollar la economía, no han experimentado ningún cambio sustancial.

El estado-centrismo, el monopolio estatal y la propiedad del estado siguen rigiendo la vida socio-económica del país. Se cambiaron personas, no métodos ni estilos de trabajo. El discurso es el mismo de siempre: exigencia, disciplina, más trabajo para los de abajo. El sistema burocrático de ordeno y mando más bien se ha reforzado con concepciones militaristas.

La toma de decisiones que afectan la política, la economía y la vida social del país, se sigue ejerciendo desde un estrecho centro de poder que con la “actualización” se ha propuesto perfeccionar y, nunca cambiar, el fracasado modelo de capitalismo monopolista de estado. El sectarismo del partido es elocuente: conmigo o contra mí.

La participación de los trabajadores y el pueblo sigue reducida a opinar en el lugar, la forma y en el momento en que los de arriba lo consideran correcto, en procesos verticales ausentes de las normas democráticas más elementales. No han vacilado los dirigentes de la “actualización” en afirmar que ésta no implica cambios políticos, dejando claro que la filosofía política con que se dirige el país sigue siendo la misma.

El objetivo central de la “actualización”: quitarle al estado todo lo que se considere carga económica y entregar lo que no le funciona a formas “no estatales de producción”, ha terminado en dar prioridad al cuentapropismo que “contrata trabajadores”, una eufemística manera de llamar al capitalismo privado y de reconocerle capacidad sobre el estado.

Si es verdad que los lineamientos aprobados por el VI Congreso del PCC se aprobaron luego de un proceso de discusiones con amplia participación popular, también lo es, como explicamos oportunamente, que dicho proceso no fue horizontal, sino vertical y fue una comisión nacional central la que decidió qué, de los dicho por los de abajo, se incluía y qué no en los lineamientos, de acuerdo con  la filosofía tradicional del “centralismo democrático” representativo.

Los lineamientos fueron aprobados por el VI Congreso del PCC, no por el pueblo. No fueron en ningún momento sometidos a votación, a referendo popular. De manera que no es lícito decir que los mismos representan los intereses de todo el pueblo. En todo caso pueden representar los intereses de quienes los aprobaron.

Algunas de las demandas más importantes del pueblo, de los trabajadores y de muchos cubanos, fueron incluidas en los lineamientos,  pero de forma mediatizada, a largo plazo, sin precisiones de tiempo y dejadas a posteriores acciones por implementar, cuando las de mayor interés para la dirección del partido-gobierno, empezaron a aplicarse mucho antes del Congreso, decretos incluidos.

Recoger las opiniones del pueblo y sus intereses y reflejarlos en parte en documentos centrales como la Constitución y los lineamientos, que luego desvirtúan los decretos, leyes y acciones prácticas del gobierno, ha sido tradicional en el estilo del gobierno que en todo este último medio siglo, ha manejado los “tempos”, separados de los espacios concretos.

En fin que los “lineamientos” y la llamada  “actualización” han resultado en un intento de mantener, en esencia, el viejo modelo burocrático del “socialismo de estado”, donde la tendencia estatalista ha predominado, la economicistas pro-capitalistas ha logrado meter basa y la autogestionaria-socialista ha quedado reducida a “convidado de piedra”, al  papel de simple espectadora de unos selectivos y estatalmente monitoreados “experimentos” sobre cooperativas, de los que saldrá una eventual ley, en unos ¿cuántos? años.

A principios del 2007, Juventud Rebelde informó que una Comisión de Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias daría a conocer los primeros resultados de sus investigaciones sobre el problema de la propiedad en el Socialismo, “dentro de… tres años”. Han pasado cinco y ahora se nos dice que se harán experimentos cooperativos, para luego (¿?) promulgar una ley cooperativa.

De manera que para el gobierno-partido, con medio siglo en el poder,  dizque pretendiendo el socialismo, la amplia experiencia cooperativa y asociativa que existía antes de 1959 (en la agricultura, la pesca, el comercio, la medicina, la construcción, el transporte, el turismo, la industria ligera y hasta en la aviación con la ACTIA –Asociación Cooperativa de Trabajadores de la Industria Aeronáutica); la desarrollada en los inicios del propio proceso revolucionario (las cooperativas cañeras, por ejemplo), la posterior, controlada por el estado en la agricultura, y el extenso desenvolvimiento del cooperativismo a nivel  internacional, parecen insuficientes para aprobar una ley cooperativa extensiva a todos los sectores de la economía.

Posiblemente, Cuba sea uno de los pocos países del mundo que no disponga de una ley que permita el cooperativismo amplio.

Cada cual, es libre de hacer sus razonamientos, aunque el partido-gobierno crea que nadie tiene derecho a pensar distinto. Después de 20 años del fracaso del “socialismo real”  y todo lo que se ha investigado, escrito y dicho sobre sus causas, si a estas alturas, el partido-gobierno no es capaz de emitir una ley cooperativa, para mí, solo sería porque las ideas renovadoras habrían perdido espacio.

La ecuación es simple: El inmovilismo ha recobrado terreno.

Presidente y demás distinguidos designados funcionarios del partido-gobierno: no se puede hacer seña para la izquierda y doblar para la derecha, sin crear problemas en la vía.

Ni hay socialismo, palabra ausente en el discurso oficial, sin la participación directa del pueblo y los trabajadores en todas  las decisiones que los afectan. Acaba de aprobarse una importante nueva ley impositiva que a todos afecta, pero que en el pueblo nadie discutió, ni aún conoce. Una ley que grave los ingresos personales individuales, incluidos los de los trabajadores libres asociados, nunca será socialista. Como nunca lo serán las empresas que explotan trabajo asalariado.

Ni los llamados lineamientos representan los intereses del pueblo. Ni lo que se ha hecho en nombre de ellos, satisface las expectativas que generó la discusión previa.

Ni se puede seguir obstaculizando más la aplicación de medidas económicas socialistas como el cooperativismo y la participación directa y efectiva de los trabajadores en la dirección, la gestión y en parte de las utilidades de las empresas “de todo el pueblo”, sin que quede afectada la credibilidad de las intenciones socialistas en la dirección del partido-gobierno.

Ni se pueden  aumentar los precios, sin afectar la capacidad adquisitiva de la población, si no se suben también los salarios.

Ni hay que seguir esperando a un aumento de la producción para mejorar los salarios, porque es precisamente al revés, pues sin estímulo no habrá aumento alguno en la producción, mientras la economía se seguirá yendo en picada y el gobierno perdiendo apoyo.

Ni el gobierno-partido puede seguir ignorando las demandas populares de libertad para que los cubanos podamos decidir individual y colectivamente nuestros destinos, sin que eso tenga un costo político.

Ni se pueden diferir más las modificaciones en la ley migratoria, ni el pleno acceso a Internet, ni aumentar los precios de aduana a los artículos de primera necesidad, sin que aumente el disgusto popular y  el desacuerdo con el gobierno.

Ni se puede seguir manipulando la opinión pública nacional sobre graves problemas internos, por una sola prensa dirigida por el Departamento Ideológico del CC del PCC, sin que la gente se de cuenta y se entere por otras vías.

Ni se puede seguir maltratando a los cubanos por pensar diferente, sin que el mundo lo sepa.

Ni se puede considerar contrarrevolucionarios y agentes del imperialismo a los que promueven cambios pacíficos en la economía y la política, ni muchos menos a los que critican la lentitud, falta de coherencia y de sentido socialista en las políticas del gobierno-partido, como asumió Machado en su discurso del 26/7, sin evidenciar el más vulgar sectarismo. En todo caso los enemigos del avance revolucionario son quienes, desde sus poltronas, se oponen a las transformaciones que demanda la sociedad cubana y se han convertido en la peor retranca que obstaculiza e impide el autogobierno de los trabajadores y el pueblo.

Ni el partido, ni el gobierno, ni ninguna persona, son la revolución; sino el proceso de socialización y democratización de la propiedad y la apropiación y de la participación de los trabajadores y el pueblo en todas las decisiones que los afecten.

Ni la política del gobierno norteamericano parece ser convertir a Cuba en otra Libia, como alentar las gubernamentales  tendencias pragmáticas-economicistas a restaurar el capitalismo privado nacional y extranjero, a la espera del agotamiento del intento socialista cubano, junto al de la “dirección histórica”. Hace tiempo, para muchos en la Comunidad de Inteligencia de EEUU, un gobierno autoritario y pragmático, sería la mejor opción para la transición ordenada hacia el capitalismo en Cuba. (“Diversionista “reconocimiento” imperialista a Raúl Castro esconde siniestros propósitos”. Febrero de 2007).

Ni los “derechos humanos” es algo “inventado últimamente” por el imperialismo, ni la “quinta columna” de la que se habla, ha sido fabricada por EEUU, sino generada y alimentada por las malas políticas y errores del gobierno-partido. (El discurso del Presidente en Guantánamo, fue mutilado en su versión oficial de Granma, en esta parte; pero el editorial de Granma del 31/7 lo retoma. “Interesante” manera de “cortar y pegar” partes del discurso del  Presidente)

Ni el gobierno de Cuba tiene que discutir con el gobierno de EEUU nuestros problemas políticos  internos, sino con su pueblo. Con la abigarrada propuesta de discutir entre gobiernos los problemas de sus pueblos, solo se estaría tratando de seguir postergando el ejercicio de la soberanía por los cubanos, para no decir que sería la más vulgar formula anexionista jamás concebida.  (El discurso del Presidente en Guantánamo, fue modificado en su versión oficial, en esta parte también, quizás por la contradicción que encierra)

No se están teniendo en cuenta los intereses del pueblo. La llamada “actualización” no ha generado beneficios tangibles para las mayorías. Se han acrecentado las diferencias de clases. La nueva sociedad se construye ya, hoy mismo, no se puede seguir postergando indefinidamente. La juventud y los profesionales no aguantan más y se siguen yendo del país, o permaneciendo fuera buena parte del tiempo. ¿Hasta cuándo las políticas absurdas?

Quede claro una vez más: no es el socialismo lo que está fracasando ahora en Cuba, como antes en Europa, sino su caricatura estatalista-burocrática de corte neo estalinista.

Por otra parte, otros hechos, en ámbitos muy delicados, le están saliendo mal al gobierno, porque todo lo hacen desde la omnipotencia del poder total, del control absoluto de la prensa, desde la creencia de que pueden decir y hacer cualquier cosa, y “no pasa nada”, desde la idea de que los de abajo son los “culpables, los irresponsables, los vagos, los equivocados”; cuando en verdad son errores propios de la soberbia, de la incapacidad y de la incultura política de sus funcionarios y  “especialistas”.

Baste citar el “camillazo” cuando la visita del Papa; el desastre de Mazorra; la falta de información oportuna y transparente sobre el cólera, lo ocurrido con el cable de Internet y la corrupción en la burocracia; las falsas acusaciones de un vocero de la seguridad del estado contra intelectuales de las que se ha retractado parcialmente y el manejo publico y el tratamiento híper-politizado de todo lo relacionado con la muerte del opositor Oswaldo Payá.

Las consecuencias internas y externas de estos y otros desaguisados  y de los pobres resultados económicos, políticos y sociales de los últimos años, están por verse.

Lo siento Presidente; pero no me siento alentado por lo que últimamente viene haciendo y diciendo su gobierno. En un momento pensé que podríamos ayudar; pero los muchos portazos en la cara, no lo permiten. Yo, como otros compañeros que llevamos sobre nuestros hombros parte del peso de muchas de las tareas revolucionarias y seguimos comprometidos con la causa socialista, con la libertad y la independencia de nuestro pueblo, sentimos que la “actualización” se aleja cada vez más de los intereses de los trabajadores y del pueblo.

Ante la complicada situación que enfrenta el proceso revolucionario cubano y el fortalecimiento evidente de las tendencias retardatarias en el partido-gobierno, la izquierda cubana deberá replantearse algunas de sus tácticas, entre ellas su estado organizativo y su conocimiento sobre las diferentes propuestas de cambio en la sociedad cubana, incluyendo el intercambio directo, abierto y respetuoso con sus representantes a pesar de las diferencias programáticas evidentes, siempre desde la defensa de nuestra irrenunciable posición antiimperialista, anticapitalista y socialista.

Si es restaurado el capitalismo en Cuba, porque nadie crea ya en el socialismo y el gobierno-partido de corte neo-estalinista impida a la izquierda democrática divulgar e impulsar las políticas verdaderamente socialistas, los únicos responsables serán los siempre gobernantes.

De parte de muchos comunistas democráticos, también “la mesa está servida”…pero NO para el imperialismo, sino para todos los cubanos. Con el imperio no tenemos nada que discutir, mientras mantenga su criminal bloqueo, y nunca, nuestros asuntos internos.

Socialismo por la vida.

La Habana, 30 de julio de 2012

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