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Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

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27 Dic 15
Escrito por 

Boletín digital SPD No.182

No.182 (32/año 7). La Habana, 27-diciembre-2015

"Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista".
 Art. 53 de la Constitución.

Boletín por un socialismo participativo y democrático.
Artículos, notas, reseñas, publicaciones de interés.
Los autores son los responsables de sus escritos.
Reenvíe este boletín a todos los que estime conveniente.
Se autoriza la reproducción total o parcial en cualquier soporte.
Recopilación de Pedro Campos.
Se agradece críticas, comentarios, sugerencias y opiniones sobre forma/contenido
El boletín SPD se puede encontrar en el sitio www.felixsautie.com y en el blog Primero Cuba

Índice

En la navidad habanera del 2015…

Por Félix Sautié Mederos.  

Un emigrante es un ser humano

Por Orlando Ocaña Díaz 

El desplome del chavismo: causas y lecciones

Dimas Castellanos 

Elecciones en Venezuela y experiencias cubanas

Por Pedro Campos 

El fin o la esperanza

Poemas de la sangre cotidiana, de Félix Guerra

Contenido

En la navidad habanera del 2015…
Por Félix Sautié Mederos. 

Estamos en tiempo de Navidad que es una etapa siempre cercana al final del año, de alegrías, encuentros familiares y entusiasmos por el futuro. La alegría y el ejercicio del entusiasmo aunque sea solo en una época  del año se origina en la expresión de una necesidad humana reconocida en el tiempo y estimulada por la fe de los cristianos por motivo de la conmemoración hace tres milenios, del  nacimiento de un Mesías adelantado de la paz, pletórico de amor y justicia   . Un niño humano-Dios, a quien los poderes fácticos de aquella época intentaron infructuosamente eliminar y no lo pudieron lograr, porque estaba escrito por los profetas que sería sal y luz del mundo en una época oscura y de desdichas, después de que Espartaco había sido derrotado por los poderosos de la época y anegada en sangre su lucha por la libertad de los esclavos y por la justicia para los desposeídos.

Jesús de Nazaret inició una época distinta de posibilidades objetivas y subjetivas para que el amor, la paz y la justicia pudieran  abrirse paso en el mundo. Fue un acontecimiento que dividió la vida sobre la tierra en un antes y un después. En la profundidad de la Historia de la Humanidad, incluso más allá de los sentimientos y realidades de la Fe en Dios, Jesús vino al mundo para todos sin excepción y no es preciso creer en su Misión de Dios Redentor para recibir los influjos y resultados de la Redención en que creemos los cristianos porque realmente fue para todos, incluso para los que se esfuerzan en negarlo tal y como hace años aún recientes sucedió en Cuba. Me refiero a una época ya pasada cuando las expresiones de fe y alegría cristianas se prohibieron incluso con circulares, en las que se prohibían hasta los arbolitos y los belenes de Navidad, tal y como si borrando esos símbolos externos hubieran podido borrar las esperanzas y la historia que ellos simbolizan.

En definitiva no pudieron anularlos porque era ir contra natura y con el tiempo de nuevo Cuba regresó al Estado Laico de respeto a las creencias y religiones que animan la vida de los seres humanos, dejando atrás el estado confesionalmente ateo que en mi criterio lavó las esperanzas tratando de reconducir la vida social por una única dirección que solo nos trajo hastíos y desesperanzas en detrimento incluso de tradiciones tan cubanas como la “Noche Buena” familiar en que los qué éramos familia nos encontrábamos en las casas de los abuelos y padres con alegría y amor más allá de que fuéramos creyentes o no, simplemente porque éramos humanos y familia. Toda esa magia de creatividad alegre que algunos en el tiempo han tratado de comercializar, en sus verdaderas esencias de alegría, amor y paz ha calado profundamente en los sentimientos populares; y más allá de cualquier comercialización pagana que realmente se hace, marcan una época del año propicia para el amor, la paz y el encuentro que es lo más importante que se ha mantenido vigente en el tiempo.

En Cuba poco a poco se ha ido recuperando todo aquello que les describo e incluso los símbolos ayer prohibidos, han ido apareciendo de nuevo en los comercios y lugares públicos como señales y luces de que lo que es justo y humano se resiste a desaparecer por mucho que se le ataque y prohíba. Personalmente no puedo inhibirme de estas consideraciones y pensamientos porque nací en 1938 y he vivido intensamente las dos épocas a que me refiero con sus luces y sombras; y creo firmemente en la misión redentora del Niño-Dios, cuyo nacimiento conmemoramos cada Navidad.

En estas circunstancias, cuando camino por mi Habana abandonada por entre sus ruinas, medias ruinas y suciedades no barridas ni recogidas, sufro por causa de lo que se podría denominar como la “ineptitud urbana manifiesta” que cierra los entendimientos de que La Habana es Maravilla por sobre todo eso y la Capital de todos los cubanos, pero que con sus 496 años habrá de renacer por encima de todas esas desatenciones cada vez más incongruentes y envejecidas, propias de quienes con poder para transformarlas se encuentran detenidos en el tiempo con su más de lo mismo que realmente ya no convence a nadie. Hace algunos días cuando caminaba por la calle Obispo renacida por la obra ingente de la Oficina del Historiador de La Habana que ha luchado sin tregua por salvar a nuestra ciudad; y vi a la Obispo ayer renacida hoy en los inicios de un nueva etapa de desatención propia de los burócratas de siempre pero llena de transeúntes; entonces  se me reflejó el dilema que estamos viviendo en la Habana entre lo viejo y lo nuevo. Confieso que no perdí las esperanzas ni tampoco la fe en que lo nuevo en definitiva se habrá de imponer y La Habana renacerá con su esplendor innato que han tratado de arrancarle la desidia, el abandono y la secularización extrema de la sociedad.

Comprendo que es algo triste y cargado de hastíos mi testimonio sobre la Navidad habanera del 2015, que bien  se puede traducir en una denuncia de lo que no debe ser y se nos impone artificialmente como lo que es. Su causa y origen se asienta en la realidad en que estoy inmerso que no puedo maquillar ni menos aún manipular porque repudio lo que algunos escriben para no buscarse problemas; hacerlo sería indigno e impropio de quien pretenda ser cronista de su época.

¡Feliz Navidad 2015! para todos porque el espíritu y la esperanza que la anima es para todos sin excepción; y en consecuencia en estos momentos no puedo dejar de pensar en mis compatriotas varados en Centro América que pasarán estas navidades en lucha por su esperanza; con los cuales desde mi Rincón de Centro Habana, con mis muy limitadas posibilidades me solidarizo. Así lo pienso y así lo afirmo y lo escribo en esta Crónica de Navidad, con mis respetos para la opinión diferente y sin querer ofender a nadie en particular. De nuevo ¡Feliz Navidad 2015!

Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida , Yucatán, México, sección de Opinión, el lunes 21 de diciembre del 2015.
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=448146

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Un emigrante es un ser humano
Por Orlando Ocaña Díaz

Es hora ya de que nuestro gobierno trace sus políticas internas sin hacerlas depender de la política que lleva a cabo Estados Unidos y en el caso de la política migratoria no tiene por qué supeditarse a la visión o las exigencias a nivel regional o particular de Washington. Tracemos una política a tono con las leyes internacionales y cumplámosla salga el sol por donde salga y evitaremos los traspiés intencionales de nuestros enemigos y nuestro descrédito como gobierno.

Ello conlleva que también nos atengamos a las leyes internacionales cuando surjan problemas con nuestros naturales que emigran al exterior, despojemos nuestra política migratoria de todo contenido ideológico parcializado. Un emigrante, por la razón que fuere es un emigrante, no un gusano, ni un traidor, ni un desagradecido.

Visualizar el problema desde un marco ideológico ortodoxo solo  desacredita la política gubernamental. ¿Cómo es posible que Cuba en el mismo momento en que la crisis de los emigrantes cubanos  está en su apogeo dona 200 mil dólares a los refugiados palestinos y se desentiende de la problemática de sus coterráneos? ¿Cómo puede explicarse que Cuba mande misiones médicas al fin del mundo y no haya enviado a un grupo de esos profesionales a atender los problemas sanitarios de los cubanos atorados en la frontera de Costa Rica con Nicaragua?

Esto más que un problema político es humanitario, y tales acciones están basadas  en el entendido oficialista de que el cubano cuando emigra pierde sus derechos como ciudadano y solo lo recupera parcialmente cuando puede enviar remesas económicas a Cuba. ¿Eso es humanismo?

De acuerdo a información suministrada por fuentes periodísticas extranjeras, de cada 10 personas varadas en la frontera Costarricense  tres son niños, lo que implica que cerca de 900 niños cubanos, que han gritado cada mañana en el matutino escolar que serán como el Che, sufren el rigor de una política errónea del gobierno cubano. ¿Alguien a esos altos niveles de decisión puede sensibilizarse con esta situación?

Seguimos empeñados en la creencia de que el cubano deja de serlo cuando no piensa como quiere el partido comunista cubano, seguimos empeñados en demostrar que con diversidad de ideas no se logra el socialismo y que a esa nueva sociedad solo se puede llegar esclavizando la opinión personal de la población. Emigrar es un derecho individual  de cada ser humano y hasta que no lo entendamos como tal estaremos errando en política y en nuestra visión de futuro.

Si para el estado isleño es negativo y descalifica a los cubanos que se encuentran en Costa Rica por aspirar a mejorar su condición económica en territorio estadounidense, donde muchos tienen familiares, se está oponiendo a la visión de la mayoría de su pueblo. Para nada incide el hecho de que hayan salido con pasaporte legal y que no deben ser considerados  perseguidos políticos.

SI Marx establecía que la economía en última instancia determinaba, podemos en este caso específico afirmar que la política económica errónea  interna de Cuba en última instancia obliga a que la única tabla de salvación para muchos sea emigrar. Esa decisión es personal, no política, pero condicionada por la política fracasada de nuestro gobierno, en la que entre otras cosas, dado el esquema democrático establecido internamente, poco puede decidir en ello el ciudadano común.

El ciudadano que emigra de la isla ha decidido ser participe y decisor de su futuro sin encomendárselo a ninguna tendencia o partido político.

Es huero seguir insistiendo en que la masa cubana emigra por existir una ley de ajuste. Esa ley solo tiene una intencionalidad política, pero no pone un cuchillo en el pecho al cubano para que emigre, quien empuña el perfilo cortante es el desastre económico en que nos encontramos.

Quienes deben luchar  para que la ley de ajuste se extienda  a todos los pueblos latinoamericanos no somos nosotros, sino aquellos que son discriminados por ella. ¿Por qué ofendernos porque traten con deferencia a los cubanos por la razón que fuere? Hay que tener muy mala leche para pedir que nuestros emigrantes sean tratados tan cruelmente como se trata a los espaldas mojadas.

Lo humanitario es luchar porque los espaldas mojadas sean tratados como a los cubanos cuando arriban a territorio norteamericano.

La exigencia para que el enemigo humanice sus políticas migratorias y el cese definitivo de las prácticas que definen la prepotencia en el tema,  debe comenzar por casa. Seamos humanos nosotros para exigirle humanidad al resto.

No somos los únicos en el mundo con tales problemas y la humanidad no desconoce que una de las principales causas de este fenómeno deriva de las políticas agresivas del capital internacional, que lleva siglos saqueando las  riquezas de nuestros pueblos. Visto así, el bloqueo norteamericano juega un rol principal en el desbande migratorio cubano desde hace cinco décadas, pero nuestros errores internos no dejan de incidir decisivamente también  en ese problema. Toda la culpa no es del totí.

La única respuesta a ello, más en pueblos que han logrado su independencia y soberanía, es actuar con humanidad y desprejuiciadamente, el no hacerlo conlleva que percibamos los fenómenos con  la misma visión imperial, considerando  al ser humano un objeto.

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El desplome del chavismo: causas y lecciones
Dimas Castellanos

Los siglos de injusticia social en América Latina caracterizados por la violencia, las dictaduras y la corrupción administrativa se agudizaron con el fracaso de las disimiles tentativas de solución, entre ellas la del socialismo totalitario cubano. En ese contexto el teniente coronel Hugo Chávez Frías, después de fracasar en su intento de golpe de Estado, en 1998 escaló el poder en Venezuela por la vía electoral y anunció la revolución bolivariana. Diecisiete años después, a pesar del enorme poder acumulado, el chavismo exhibió su agotamiento.

Entre las causas evidentes del agotamiento sobresalen la incapacidad administrativa, el descontrol de la violencia, la represión contra la oposición, los intentos de estatizar la economía, la corrupción galopante y el despilfarro de las riquezas nacionales. Una ojeada retrospectiva al intenso proceso electoral que tuvo lugar entre 1998 y 2015 develan otras causas menos evidentes pero esenciales para comprender el por qué la revolución bolivariana, concebida por Fidel Castro y ejecutada por Chávez, se agotó con Nicolás Maduro.
Ascenso del chavismo

En diciembre de 1998 Hugo Chávez al ganar las elecciones presidenciales con casi el 57% de los votos anunció una "revolución pacífica y democrática". Para proveerla de una base legal promovió un referendo y convocó una asamblea constituyente que remplazó la Carta Magna de 1961. Aunque al referendo celebrado en abril de 1999 solo asistió el 38% de los venezolanos, la mayoría de los asistentes lo respaldó y se redactó una nueva Constitución, que ajustada al propósito declarado por Chávez fue ratificada en referendo con el 72% de los votos. La victoria fue el disparo de arrancada de la revolución bolivariana: la asamblea bicameral se fundió en una sola cámara denominada Asamblea Nacional; el período presidencial se aumentó de cinco a seis años; los poderes públicos se reorganizaron; se estableció la reelección inmediata por un periodo; se aprobó el derecho al voto de los militares activos y el país pasó llamarse República Bolivariana de Venezuela.

En julio de 2000, haciendo uso del derecho de reelección inmediata, Chávez se presentó y fue electo para un mandato de seis años. Entonces solicitó a la Asamblea Nacional poderes especiales para legislar por decreto en materia económica, social y de administración pública. Ante ese hecho los oponentes dieron dos respuestas: el fallido golpe de Estado de abril de 2002 y la promoción de un referendo revocatorio en agosto de 2004, en el que Chávez fue ratificado con el 59,1% de los votos.

En las elecciones regionales y municipales de 2004 sus seguidores ganaron el 58,31% de los votos, se impusieron en 22 de los 24 estados y dominaron más del 80% de las alcaldías. Al igual que en 1999 Chávez utilizó la victoria para convocar otra asamblea constituyente y reformar la Constitución de 1999. Así estableció un mayor control del Estado sobre los medios de comunicación y de producción. En diciembre de 2005 acrecentó el poder acumulado cuando la oposición no participó en los comicios parlamentarios y la Asamblea Nacional quedó totalmente en manos del Movimiento Quinta República, partido político fundado por Chávez en 1997 y disuelto en 2007 para integrarse al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Equilibrio, declive y fracaso

En diciembre de 2006 Chávez se impuso por tercera vez en las elecciones presidencialescon casi el 63% de los sufragios. Al asumir el mandato en enero de 2007 anunció la construcción del Socialismo del siglo XXI y lanzó el lema "Patria, Socialismo o Muerte”. En la cresta de su triunfal marcha —con un poder acumulado cercano al que Fidel Castro logró en Cuba con la revolución de 1959— convocó otro referendo con el objetivo de reformar la Constitución para establecer la reelección presidencial ilimitada. Enarbolando el antinorteamericanismo durante la campaña proclamó enfáticamente: "el que vote por el Sí está votando por Chávez, el que vote por el No, vota por Bush". Así, en diciembre de 2007 la mayoría votó por el No, según sus palabras por Bush. Sin embargo, el chavismo no aprendió la lección que la derrota encerraba.

En los comicios regionales y municipales de noviembre de 2008 volvió a conquistar la mayoría de los estados y alcaldías con el 52% de los votos, pero la oposición se impuso en varios estados importantes. En un nuevo referendo para eliminar los límites a la reelección de cargos, el Sí obtuvo cerca del 55% de los votos, pero en las elecciones parlamentarias de septiembre de 2010 perdió la mayoría absoluta que le permitía gobernar por decreto. En octubre de 2012, en las cuartas elecciones presidenciales, aunque alcanzó el 55,07 % de los votos contra 44,31% de Henrique Capriles, la oposición demostró su ascenso al acumular 6,5 millones de votos. Y en diciembre de 2012, cuando Chávez convalecía en Cuba, ayudado por una enorme campaña electoral ganó la mayoría de las gobernaciones pero Henrique Capriles se consolidó en el importante Estado de Miranda.

En 2013 el declive tomó cuerpo. La muerte de Hugo Chávez el 5 de marzo precipitó las elecciones que ganó Nicolás Maduro en el mes de abril con el 50,61% de los votos, cinco puntos menos de los obtenidos por Chávez en su última elección presidencial. El 8 de diciembre de 2013, en las elecciones municipales, el chavismo ganó el 76% de las alcaldías, cuatro menos que en 2004. Y el 6 de diciembre de 2015 la revolución bolivariana recibió un golpe mortal al perder abrumadoramente las elecciones parlamentarias.

Cuatro causas esenciales

La imposibilidad en las condiciones contemporánea de emplear el poder adquirido en las urnas como fuente de derecho para imponer una ideología y eternizarse en el poder.

La no observación del tiempo —propiedad universal del movimiento del que la política no escapa— condujo al desaprovechamiento de la oportunidad para emprender los cambios estructurales que el país urgía, pues los pueblos cansados de esperar requieren de soluciones para el ahora, no para el después.

El continuado sufragio en el que los venezolanos aprendieron a usar los mecanismos democráticos institucionalizados. Ello se expresó en la división de los votos entre el 40 y el 60% durante las 20 citas electorales a lo largo de 17 años. Lo que legitimó al chavismo, validó a la oposición y alzó un insalvable obstáculo para desmontar la sociedad civil e imponer un modelo totalitario.

Refiriéndose al maniqueísmo derecha-izquierda y revolución-contrarrevolución, como plantea, Loris Zanatta en "Cuba entre el Atlántico y el Pacífico, pero sin escapatoria": "la pobreza y la desigualdad se redujo tanto en Bolivia como en Colombia, en Ecuador como en Perú, en Brasil como en México por lo que no se ve ninguna relación directa y empírica entre mayor equidad y color ideológico del gobierno de turno". Y agrega que el amplio apoyo de que han disfrutado hasta ahora los regímenes populistas se está desinflando y está creciendo la demanda de democracias normales, sin adjetivos.

Cinco lecciones del fracaso

Los principios ideológicos enarbolados por los partidos políticos tienen que subordinarse a los intereses de la nación. Cuando un partido político se subordina a una ideología y desde ella se somete a la economía y a la sociedad comienza el retroceso social y termina negándose a sí mismo.

Aunque durante el chavismo el país recibió más divisas que en todas las épocas anteriores debido al alto precio del petróleo, no se aprovechó para emprender los cambios estructurales dirigidos a limitar la alta dependencia del crudo y en su lugar se despilfarró para atraer votos y consolidar gobiernos fuera de las fronteras.

Al aceptarse la vía electoral para competir por poder hay que aceptar sus reglas. Ese es el ABC de la democracia. Lo contrario es lo que expresó más o menos Nicolás Maduro en vísperas de las parlamentarias en caso de que perdiera: "Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar", es decir, con la minoría.

El escenario emergido de las elecciones parlamentarias es tan desfavorable al chavismo que, con independencia de las desesperadas maniobras antes de la toma de posesión de la nueva Asamblea, lo único que podrían es conducir al país a una guerra civil, pero eso no revertiría la derrota sufrida, sino que sería su suicidio.

Estas lecciones del fracaso de la revolución bolivarianas son válidas no solo para el chavismo y para la oposición, sino también para los modelos semejantes de la región, especialmente para Cuba, país donde se concibió la revolución bolivariana y el único donde la oposición está impedida de existir legalmente ni se celebran elecciones libres y democráticas. Como las libertades cívicas pueden conducir tanto a tomar el poder como a perderlo, el Gobierno de Cuba solo tiene dos caminos: se democratiza el país o se frenan los cambios iniciados para conservar el poder. El problema radica en que el segundo camino no garantiza la conservación del poder, por tanto los cambios se impondrán. Lo ideal es que ocurran de forma pacífica y eso depende de las autoridades cubanas.

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Elecciones en Venezuela y experiencias cubanas
Por Pedro Campos

El triunfo de la MUD en Venezuela traerá un sin número de implicaciones para Cuba, en dependencia de cómo se desarrollen allí los acontecimientos. Habrá que esperar algún tiempo para poder realizar una valoración integral sobre el tema.  En este escrito trataré algunos fenómenos que llevaron a la derrota del PSUV y su relación con  la experiencia cubana.

Para la dirección madurista, la culpa de su derrota aplastante en las elecciones parlamentarias es  del imperialismo, sus acólitos internos y su guerra económica y mediática. Los cubanos conocemos ese discurso justificativo incapaz de la autocrítica.

El madurismo ha llegado a decir que triunfó la contrarrevolución en unas elecciones donde perdió el PSUV abrumadoramente, por sus propios errores.  Las mayorías populares que votaron  por el cambio democrático, según esas expresiones, serían contrarrevolucionarias, incluidas las fuerzas de izquierda y chavistas que votaron por candidatos de la oposición: mala lectura.

Este enfoque es parte de la filosofía del populismo autoritario tradicional de una “izquierda” que ha visto lo revolucionario, lo socialista en el control centralizado del estado sobre la economía y la política y en el maniqueo conmigo o contra mí, porque la revolución soy yo.

Una visión constructiva de futuro obliga al PSUV, a  la izquierda cubana e internacional a realizar una valoración serena, profunda y dialéctica del triunfo de la MUD en las recién celebradas elecciones parlamentarias en Venezuela que parecen marcar  el fracaso, acaso  anunciado, de la experiencia estatalista del chavismo, desviado de sus corrientes socializantes iniciales.

Para empezar, una derrota tan aplastante no puede achacarse únicamente a la “guerra económica y mediática del imperialismo y la oposición”, la que sin duda ha existido. No podía esperarse respaldo a una política populista de amplio gasto público, restricción de la inversión interna y el sostenimiento de una enorme burocracia a costa de un petróleo que no podía recuperar sus precios, por muchas razones. Gobierno además, autoritario, de sistemático acoso a la oposición y  solidario, con estrechos vínculos y contribuciones al único estado no democrático de la región.

Durante los últimos años  lo que más centraba el interés del gobierno de Maduro era el accionar violento de grupos de extrema derecha, con el que vinculaban a  toda la oposición, fuera de centro, derecha o izquierda, olvidando las causas del fenómeno: la ausencia de políticas efectivas encaminadas a enfrentar el crecimiento de la inseguridad ciudadana, la corrupción gubernamental, la inflación y el desabastecimiento. Esto unido al abandono del rumbo socializante inicial del proceso ya presente en los últimos años de Chávez, alejaba al gobierno de sus bases originales. Todo muy típico del voluntarismo cubano: prestar atención a los efectos, no a las cusas.

Hubo mucha  vocinglería  antimperialista, mucha represión innecesaria y poca política práctica y económica para enfrentar esos problemas. Se dedicó tiempo y recursos a tratar de elevar el precio del petróleo, a la “solidaridad internacional” en busca de amigos y apoyos internacionales, se aumentaron voluntaristamente los salarios de los trabajadores públicos y del sector privado y poco esfuerzo hubo para diversificar la economía y conseguir el concurso y funcionamiento del capital productivo nacional. A falta de producción y liquidez: inflación. ¡Buena asesoría cubana!

Si bien siguieron las misiones y los planes generales centrales de beneficio social a los sectores de menos ingresos a costa del petróleo, con precios sistemáticamente devaluados en el mercado internacional, se priorizó la distribución centralizada de los recursos agenciados por el estado, a costa del funcionamiento de los presupuestos participativos locales y el fomento del trabajo libre, privado o asociado, inicialmente impulsados como ejes del socialismo chavista.

Aquellas modalidades, que muchos vimos con entusiasmo, fueron derivando al enfoque cubano de capitalismo monopolista de estado, nada socialista, donde el papel principal del desarrollo económico no se confiere a la iniciativa privada y social, sino a las empresas asalariadas del estado, se intenta vulnerar y controlar las leyes de la economía, se subestiman y hasta desestiman las formas de producción autogestionarias, privadas o asociadas, mientras que francamente se rechazan las distintas modalidades de capitalismo privado, o se aceptan a regañadientes.

En vez de que el chavismo originalmente democrático, autogestionario y socializante,  influyera sobre el fidelismo autoritario, estatalista asalariado, ocurrió lo contrario y esa es una de las causas del desastre que enfrenta ahora el PSUV. Allá y acá con el “socialismo” se ha barrido el piso.

La historia demostró en todas partes que el  estatalismo asalariado y el control centralizado de los mercados son contrarios al desarrollo sostenible de la economía. Otros gobiernos latinoamericanos que se han sentido solidarios con el gobierno cubano, se cuidaron de no caer en el mismo bache, como son los casos de los gobiernos nicaragüense, ecuatoriano y boliviano.

En Cuba el sistema político autoritario y antidemocrático de control absoluto del Partido Comunista sobre el estado y la sociedad  impiden que la oposición democrática y la izquierda socialista, se organicen, divulguen públicamente sus programas y trabajen por un cambio político desde las estructuras democráticas, como sí ha podido hacer la oposición al PSUV.

Los líderes de la Sierra que capitalizaron el triunfo del 59 jamás han permitido una elección democrática y, con lo que ha pasado en Venezuela, posiblemente concluyan que el sistema democrático nada tiene que ver con sus intereses políticos. Lástima que no aprendan aquella  lección del “campo socialista”: es preferible compartir y hasta perder el poder democráticamente, que perderlo definitivamente por otros medios.

A un año del anuncio del restablecimiento de relaciones con EEUU y a nueve de que Raúl Castro se encargara del gobierno, las mejoras para el pueblo llegan a cuenta gotas y se ven inestables.

Como en Cuba no existen mecanismos democráticos de participación que permitan la manifestación de las fuerzas opositoras y distintas a las del gobierno-partido-estado, se ha ido gestando un movimiento telúrico que podría estallar como volcán, con todas sus consecuencias.

Pero el pueblo no quiere volcán, sino cauces para sus inquietudes. El éxodo sostenido y últimamente aumentado de cubanos es la muestra más evidente del descontento popular.

Pero en el gobierno-partido-estado cubano parecen predominar las fuerzas contrarias a un proceso de democratización que los incluya, por temor a perder todas las palancas del poder. Las últimas declaraciones del oficialista Presidente de la UNEAC patentizan el pavor del poder ante la democratización que viene creciendo desde abajo y la falta de realismos político en las alturas.

Esas fuerzas ciegas y oscuras serán responsables de todo lo negativo que generen.

Es más fácil hacer las cosas  para el bien de todos: un cumplimiento consecuente de los principales acuerdos del VI Congreso del PCC (apertura real al trabajo autónomo, al cooperativismo, a la autonomía empresarial, a la descentralización de los presupuestos, a la inversión extranjera y especialmente a la inversión de los cubanos que están fuera del país),  junto a una clara apertura democrática que elimine la represión por razones políticas y amplíe la libertad de expresión y asociación, potenciarían un ambiente de diálogo  y concordia nacional, un casi inmediato crecimiento de la economía interna con prosperidad para todos los cubanos, un renacer del deseo de vivir en esta tierra para tantos jóvenes que se van y sería crucial para que el Congreso de EEUU empiece a eliminar todas las ataduras pendientes del bloqueo-embargo.

Un cambio en esa dirección inclusiva, democrática, permitiría un aterrizaje suave en la inevitable desestatización y descentralización de la economía y la política, en consecuencia con un principio elemental de la politología: el poder del estado es inversamente proporcional al del pueblo.

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EL FIN O la ESPERANZA
Por Félix Guerra
Poemas de la sangre cotidiana

Ahora conquistamos o somos conquistados.
Ahora ratificamos vida o la terminamos
en las nuestras. Ahora definitivamente poblamos
el paisaje o convertimos
en gran desierto
el Universo.
Ahora construimos o destruimos para siempre. Ahora
damos pan
al sueño
o nos olvidamos
de Panes y
Sueños.
Ahora nos decidimos
por la Historia o borramos todo vestigio de historia. Ahora afirmamos criterios
de lo infinito o finalizamos con todo criterio.

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más