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Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

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11 Ago 14
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Es urgente abrir el pensamiento y democratizar al país.

Ya estamos en agosto del 2014, y en Cuba el tiempo, en su decurso, nos pasa por encima de los cubanos residentes en el país en medio de silencios sostenidos, oídos sordos, desesperanzas, conformidades incomprensibles, diásporas en crecimiento y acciones de “actualización” retardadas que por demás, son de dudosa eficacia y que avizoran en vez de mejoras para la población nuevos empeoramientos, dado el enfoque y el contenido de las medidas que día a día nos sorprenden sin previo aviso; y que complican más nuestras vidas, tales como los precios para comprar automóviles que han sido una masiva tomadura de pelo, la eliminación de los cines de 3D, la prohibición a los cuenta propopistas de vender ropas y artículos traídos desde el exterior, prohibición extemporánea que, en mi criterio muy personal, va en beneficio de los monopolios militarizados y centralizados que imponen recargos en los precios de más del 200 % de margen comercial, con lo que le limitan esencialmente las posibilidades de compras al pueblo de a pie que necesita comer, vestirse y vivir, unido a las restricciones al envío y recepción de paquetes, con lo cual de conjunto según analiza el conocido analista cubano Jesús Arboleya en un lúcido artículo suyo publicado en “Progreso Semanal/ Weekly” el 17 de julio del 2014 titulado “El comercio entre Miami y La Habana”, se ha causado gran perjuicio a los pequeños negocios surgidos entre los cubanos de adentro y de afuera del país. Incluyo también las nuevas medidas de la Aduana de La Habana, que dan una “vuelta” más a las “tuercas” de la población que están al partirse; la prohibición al pueblo de despedir o recibir amigos y familiares en la Terminal 3 del Aeropuerto José Martí, de La Habana, con excusas y pretextos explicados a regañadientes que no convencen a nadie en mi opinión; así como los elevados precios impuestos para muy limitadas aperturas de acceso a Internet sólo en los lugares oficiales que se han previsto y que las hacen prácticamente inaccesibles a nuestra empobrecida población residente en el país.

Ya ha transcurrido 7 años del discurso del Presidente Raúl Castro el 26 de julio del 2007, en el que se anunciaron la eliminación de prohibiciones absurdas, cambios y reformas que concitaron esperanzas en algunos, entre los que me encuentro; unas cuantas se han logrado ocasionalmente y a medias muchas de ellas, pero no son suficientes porque es grande la desidia, el burocratismo, la discriminación, el maltrato al pueblo y la falta de oportunidades que estamos viviendo. Este periodo transcurrido, desde entonces a la fecha, es suficiente tiempo para que se hubieran podido constatar mayores avances y crecimientos en la economía, la política y el bienestar general, pero en las actuales coyunturas y circunstancias en medio de grandes silencios y ensordecimientos, constantemente recibimos anuncios de incumplimientos y decrecimientos en la economía incluyendo a las medidas que describo en el párrafo anterior, entre otras más, que sería extenso relacionar. Además, estamos en espera de la anunciada eliminación de la dualidad monetaria que con sus beneficios evidentes si se hace pensando en los verdaderos intereses del pueblo de a pie, también presagia disminuciones al cambio monetario de las remesas que recibe la población y, por tanto, una afectación más a su nivel de vida. Por otra parte, quizás surjan nuevas discriminaciones para los cubanos residentes en el país a favor de los que pudiéramos denominar como la “divisa fresca” que traen los turistas. Todo ello, lo planteo sobre la base de las experiencias que hemos y estamos viviendo al respecto (1), así como de los oídos sordos a nuestros reclamos a que me refiero con insistencia en algunas de mis crónicas cubanas y a la impronta de los cambios. Son más que suficientes, en mi criterio, para presagiar lo que sucederá a partir de entonces.

Mientras tanto, algunos de los pocos espacios de diálogo surgidos en los últimos tiempos, como han sido las convocatorias de la revista católica Espacio Laical, van desapareciendo en detrimento de la expresión del pensamiento y a favor de un nuevo inmovilismo que regresa revestido por la voluntad política de ir despacio. Los viejos dirigentes, en sus 80 y más años, se resisten a dar paso a las nuevas ideas y a los jóvenes en el ejercicio de los timones de mando de la sociedad, pero según ha escrito mi amigo y camarada Pedro Campos, en un artículo suyo titulado “Las indefiniciones de la actualización”, la biología determina de forma implacable: “La cercana desaparición de los ‘históricos’ de los primeros planos políticos, acrecienta la necesidad de este proceso de democratización. La ‘legitimidad’ que brindó la revolución del 59, se agota con ellos.”

Insisto, pues, en la urgencia de abrir los oídos para oír el clamor de lo que está sucediendo en la base de la sociedad cubana del momento y en respuesta, abrir todos los causes y posibilidades al pensamiento. Se impone el debate de todos con todos, abrir los más amplios espacios para el debate profundo y responsable, y no continuar con los procedimientos directos e indirectos para cerrarlos. Pensamiento y pensadores hay y no sólo son los que aprueba la Dirección Histórica, ya ha pasado mucho tiempo de 1959 a la fecha. Ya algunos hemos envejecido, pero no todos estamos detenidos en el tiempo y, lamentablemente, hay quienes tratan de detenerlo para todos. La Nación Cubana es quien de conjunto paga los platos rotos y se desarticula más y más cada día que pasa sin democratización y sin la participación más efectiva de todos los cubanos que tengan algo que decir, que proponer y que hacer porque, en definitiva, Cuba es de todos los cubanos y no sólo de una parte.

Para terminar, regreso al artículo de Pedro Campos con otro párrafo que apoyo plenamente: “Todos los cubanos que aspiramos a que en nuestra sociedad se concreten, pacíficamente, verdaderos cambios democráticos en el sistema político y económico, aun cuando tengamos otras diferencias estratégicas, podríamos y deberíamos coordinar nuestros esfuerzos para tratar de promover ese necesario proceso de democratización que rompa mordazas y autocensuras, a fin de posibilitar el diálogo franco, abierto, sin secretismo, sin sectarismos ni elitismos, sin revanchismos ni intolerancias que nos permita encontrar el camino compartido hacia el futuro consensuado, en el que todas las partes participen de acuerdo con principios comúnmente aceptados”.

Sólo a este párrafo le añadiría que todos estos procesos deben desarrollarse libremente por los cubanos sin exclusiones y sin ingerencias externas de ningún tipo. Así lo pienso y así lo afirmo con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

(1) Ver en POR ESTO! del lunes 4 de agosto 2014, El delito de ser cubano en Cuba.

Publicado en Por Esto!

1 Comentario

  • Enlace Comentario Abelardo Mena 13 Agosto 2014 Abelardo Mena

    No basta con abrir espacios de debate, que se convierten en espacios que
    legitiman solo a los intelectuales. Porque los intelectuales- hasta ahora- han intentado explicar el sistema, y lo que se trata es de transformarlo". (C Marx

    Hay que democratizar la imaginación. Crear espacios para la innovación
    social, para que los intelectuales, y las voces populares puedan modelar efectivamente el presente, que es ahora, no el futuro, y crear los espacios para que el gobierno escuche, analice y cambie. Un gobierno que, en la era de internet, no tiene un email donde comunicarse con su público natural.

    Un gobierno que debe comprender como ha cambiado la sociedad cubana, incluida su emigración, que hoy ya no es más emigración sino parte indisoluble de la nación; y como deben cambiar las maneras y los modelos de interacción y gobernabilidad.

    Un gobierno que comprenda que no nos basta escucharlo por control remoto, de vez en cuando, efemérides mediante o visitante extranjero en TV.

    Un gobierno que escape de las oficinas blindadas con aire acondicionado y sepa cómo vivimos, como están nuestras calles, nuestros barrios. Que comemos, cuanto gastamos.

    Un gobierno que reconozca nuestro derecho a trabajar, generar e invertir en nuestro país, por delante de los extranjeros, sin discriminarlos.....pero nosotros primero.

    Un gobierno que comprenda que somos el primer mercado de las empresas cubanas. Que deben conocernos, redescubrirnos, seducirnos.

    Un gobierno que no nos abandone indefenso a la lujuria especulativa de los agromercados, y que confunda oferta y demanda con semejante monopolio de abusos.

    Un gobierno que haga del país un taller renacentista, con las ideas a cambiar la realidad y de vuelta a las ideas.

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más