Hoy es 14 deAgosto de2018

Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

Usted está aquí: Secciones Artículos de actualidad Crónicas cubanas El Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo emérito de La Habana
22 Oct 16
Escrito por 

El Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo emérito de La Habana

CUANDO SE CUMPLEN 80 AÑOS.

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, les confieso que no puedo   inhibir la expresión de mi testimonio relacionado con el cumpleaños 80 del Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo emérito de La Habana, conmemorado en una Misa de Acción de Gracias realizada en la Iglesia habanera de Santa Catalina de Siena con la concelebración del actual Arzobispo de la Habana Monseñor Juan de la Caridad  Garcia Rodríguez, el Nuncio Apostólico en Cuba Monseñor Giorgio Lingua, el Obispo Auxiliar de la Habana Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, s j;  y un buen número muy nutrido de sacerdotes habaneros que acudieron a la cita con su antiguo arzobispo.

Me refiero a un acontecimiento de emociones, entusiasmos y agradecimientos. Algo me impactó desde los primeros instantes de mi presencia en aquella actividad. Ese algo lo sentí flotando en el ambiente dentro del hermoso templo habanero, iluminado con una luz especial de nuestra  naturaleza otoñal caribeña muy específica, más allá de los nublados y del calor con que comenzó ese día. Tengo que  relatarlo tal como muy personalmente lo experimenté, quizás lo haga influido por mi sentido místico de la vida que se me ha recrudecido en la medida que me pongo más viejo y me hago más sentimental.  Jaime Ortega fue un joven de la Acción Católica Cubana de mi época en los años finales de los 40 y en la extensión de los 50 del Siglo pasado, en la que también yo milité en la JEC. Etapa en la que me hice revolucionario en el enfrentamiento a la dictadura de Batista. Él siguió por el camino del sacerdocio y yo por el de la lucha revolucionaria, él era matancero y yo habanero; pero con el  paso de los años en la medida que he traspasado ya el umbral de los 78: esos recuerdos se me juntan en un amasijo de ideas y sentimientos que remueven mi conciencia y mis pensamientos. Por eso no falté a ese encuentro, en especial ahora que Jaime Ortega  ya está jubilado canónicamente como Arzobispo y el recuento de su vida es inherente al momento que está viviendo. Quiero decir que el paso de Jaime Ortega por nuestra  época que he vivido intensamente, no puedo dejarlo a un lado en mi testimonio de vida, aunque haya a quienes no les guste que lo haga porque muchos cubanos lamentablemente  se agrupan en “blanco o  negro”, como si la vida no tuviera multitud de matices y medios tonos que expresan la riqueza del movimiento, de la sociedad y de la naturaleza. 

Jaime Ortega fue  Arzobispo de La Habana durante muchos años y le tocó vivir en esas responsabilidades eclesiásticas momentos dramáticos y momentos de recuperación de la Iglesia cubana en los que él ha sido un actor principal, que nadie en su sano juicio podrá negar. En  mi criterio muy personal que así quiero expresar francamente, con un sentido muy criollo de la espiritualidad cubana popular, que los años del ateísmo científico ya derogados no pudieron extirpar del alma de nuestros compatriotas. Así lo vivió y lo vive,  en un país que su primer escudo y el primer símbolo de su identidad nacional ha sido indiscutiblemente representado por la imagen morena de la Virgen de la Caridad que en 1612 fuera encontrada flotando sobre las aguas turbulentas de una tormenta tropical en la oriental Bahía de Nipe. En esos andares Jaime siempre ha sido  apoyado por muchos y  cuestionado por otros que han hecho  de los rencores e incluso los odios el centro de sus vidas;  y que no entienden que el reencuentro, el perdón y el amor constituyen la  fórmula esencial de la justicia, del desarrollo y de la felicidad con que podremos avanzar  hacia el futuro que los cubanos aspiramos.

Jaime Ortega es un hombre que como todos posee virtudes y defectos, porque la condición humana no es  perfecta per sé. Solo Jesús de Nazaret quien es dios y hombre verdaderos en nuestra concepción cristiana, constituye el ejemplo y el  símbolo de la perfección y la luz del mundo; pero considero que durante su gestión como Arzobispo siempre habrá que reconocerle sus esfuerzos quizás no logrados al máximo, ni en  la totalidad de los necesarios en favor del reencuentro, de la reconciliación y del futuro de un país y una República en la que quepamos todos. La Historia lo juzgará. No obstante en sus 80 años, quiero dejar constancia y testimonio de mis sentimientos positivos al respecto, con todos mis respetos para quienes lo piensen distinto. Eso es un asunto de vivencias, criterios y honestidad. Allá cada cual con su conciencia.

Así lo pienso, así lo expreso y así lo quiero testimoniar en mi derecho a opinar; con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en el periódico Por Esto!, Sección de Opinión en Mérida , Yucatán, México

Inicia sesión para enviar comentarios
left

Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más