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Blog de Félix Sautié Mederos

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27 May 12
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Durante mi tránsito por San Judas, las calles, la destrucción y la voluntad de crecer.

CCXVI. El tiempo vivido durante mi tránsito por San Judas ha sido lo suficientemente extenso como para haber peregrinado por las más diversas experiencias, coyunturas y circunstancias. En la medida que he ido avanzando en mi labor testimonial con La Espiritualidad Prohibida y reviso mis archivos y mis recuerdos, me regresan hechos olvidados junto con las grandes sensaciones, y como estoy dedicado a revivirlos y documentarlos en mi intento de legarlos a los que me lean, las series correspondientes con las épocas de peregrinaje se extienden inusitadamente al ritmo de la recuperación de los recuerdos y de las experiencias sepultadas en mi memoria.

En consecuencia, no termino aún con el tiempo de mi tránsito por San Judas y continúo con mi testimonio de esta época.

En medio del año 2004 escribí algunas crónicas de mis vivencias por las calles de La Habana, el ciclón que azotó a Cuba entonces, la destrucción y los deseos de crecer, fueron experiencias, sensaciones, sentimientos y voluntades que vale la pena concatenar, porque en mi criterio pueden aportarle movimiento y colorido a mi testimonio de La Espiritualidad Prohibida, espero que sean interesantes para quienes me lean y quizás puedan servirles a los efectos de la evaluación de una época, así como para la prevención de vida. 

Comienzo por las añoranzas y las tristezas que a veces nos producen las comparaciones muchas veces no propuestas, pero que nos vienen a la mente cuando podemos viajar fuera de Cuba y caminamos por las calles de las ciudades de esos países, especialmente aquellas de España que nos recuerdan similitudes arquitectónicas, urbanísticas y de las costumbres, tradiciones, así como culturas ancestrales y etnias compartidas en el tiempo. Así fue que en esa época tuve la oportunidad de visitar a Cádiz, en el Sur de Andalucía, muy vinculada en la historia con La Habana y en lo personal por la estancia de mi hija en Sevilla, Andalucía, y el nacimiento en aquellos ámbitos de mis 3 nietos andaluces. 

Además, en aquella época yo escribía semanalmente para la cadena andaluza de prensa Publicaciones del Sur radicada en Jerez de la Frontera y en la zona de Cádiz, muy especialmente en El Puerto Información que circula en el Puerto de Santa María y en las poblaciones radicadas en torno a la bahía de Cádiz; en consecuencia, cualquier visita que pudiera hacer a España, en virtud de mi acreditación en Cuba como prensa extranjera, específicamente española, de la Revista Tiempo de Paz, órgano del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, MPDL de España, así como para visitar a mis hijos radicados allí, mi paso por Cádiz era una obligación moral para la cual trataba de encontrar algún espacio, así como posibilidades materiales que me lo permitieran. 

Precisamente el 2 de agosto del 2004 publiqué en El Puerto Información una crónica titulada “POR LAS CALLES DE LA HABANA” relacionada con una visita a Cádiz entonces y los sentimientos que me provocaron el regreso a La Habana, la que considero interesante incluirla en La Espiritualidad Prohibida. Cito textual: 

“(…) una de las últimas cosas que hice en España hace algunos días, antes de regresar a mi Habana querida, fue ir al Malecón de Cádiz, porque durante los pocos días que pasé en Madrid, que fueron la mayor parte del tiempo de mi viaje, tuve intensos deseos de irme, como si fuera en peregrinaje hacia un santuario ancestral, a ese pedazo habanero que es para muchos de nosotros la parte más antigua de Cádiz y su Malecón donde, cuando por fin llegué, sentí que aquel mar que se abría ante mis ojos me llevaba hasta la otra orilla que se encuentra en el Malecón de La Habana, muy cerca de la cual vivo. 

Este fue un sentimiento de origen geográfico que pasó por encima de las distancias identificando improntas, aires y ambientes, aún en medio de las diferencias de desarrollo y de prosperidad económica. Poco después, debido a la magia de la aviación moderna, caminaba de nuevo muy temprano en la mañana por las calles de Centro Habana, para ir hasta la Parroquia de San Judas con el propósito de asistir a la Eucaristía dominical, y miraba para todas partes como tratando de llenarme del ambiente, en medio de los edificios y casas sin pintura y con cristales rotos que mucho nos dicen de las huellas del paso de los años sin mantenimiento constructivo. 

El contraste fue muy fuerte a pesar de que todo el entorno es parte de mi ambiente cotidiano y de que fueron muy breves los días en que me aparté de los lugares por donde transitaba, pero debo confesarles que los ojos se habitúan muy pronto a lo que ven y sentí con mucha fuerza en esos momentos que había salido de un mundo de luces intensas en la noche a un medio de penumbras y de colores diluidos por el paso del tiempo. 

En esos momentos, a pesar de las satisfacciones por el regreso a la tierra en que nací, experimenté con mucha fuerza las angustias y los dolores que colman nuestra bloqueada existencia, nuestra falta de recursos, nuestras necesidades insatisfechas y las reiteradas amenazas de nuevas restricciones, de posibles guerras y de futuros inciertos. 

Estuve todo el tiempo mirando a las caras de los transeúntes en búsqueda insistente del gracejo cotidiano, y de la alegría que se impone por encima de la falta de posibilidades. En esto no tuve frustraciones, porque a pesar de lo temprano en la mañana, ya las gentes con su bullicio habitual no obstante la hora transitaban por las aceras e incluso las calles lo que resulta ser una costumbre muy propia de los vecinos de la parte más antigua de La Habana, según dicen algunos por miedo a los derrumbes. 

Pasar de una situación a otra en tan corto período tiene su fascinación, porque me permitió constatar las diferencias entre los llamados mundos primero y tercero, entre lo que pudiéramos denominar como un área con cierta paz y asentamiento cotidiano, a pesar de las amenazas criminales que provienen de un terrorismo ciego que invade hoy a todo el mundo, comparada con un área asediada y en constante búsqueda de una angustiosa subsistencia. 

Mientras que todas estas confrontaciones e ideas se hacían presentes en mi mente, pensé en las diferencias que median entre las palabras y los hechos, entre las declaraciones y las consignas que nos hablan de un futuro luminoso y las realidades de un presente que no sabemos cuando se va a transformar en coyunturas más positivas y acogedoras para la vida cotidiana y para el desenvolvimiento de un ambiente socio político que propicie el trabajo pacífico, que nos de sustento y tranquilidad.” (Fin de la cita)

Pero no son sólo esas tristezas por causa de la desidia, de los abandonos y las palabras vacías que a nada nos conducen, las experiencias que nos deparan los recorridos por las calles de La Habana y pocos días después de aquella crónica inspirada por las comparaciones entre Cádiz y La Habana, caminando por La Habana Vieja experimenté otras sensaciones y experiencias espirituales que relaté en una crónica titulada “BARRO, FUEGO Y MISTERIO” en El Puerto Información, con fecha 14 de agosto 2004, que marca el contrapunteo de sentimientos espirituales que experimentamos los habaneros cuando caminamos por las calles de nuestra Ciudad. Cito a continuación: Pocos días después aparecieron las amenazas y los riesgos inmemoriales que la naturaleza ha deparado a Cuba y muy especialmente a La Habana“(…) andar por las calles de La Habana Vieja es caminar bordeando misterios, tradiciones y mitos ancestrales que muchas veces los habaneros tan habituados a su presencia no los tomamos en consideración, quizás porque nosotros mismos somos parte del mito y del embrujo que nos rodea. 

En estas circunstancias, donde menos nos lo imaginamos aparece ante nosotros uno de los misterios que subsisten en nuestros ámbitos cotidianos y eso fue lo que me sucedió el sábado pasado por la Calle de los Mercaderes, donde se ubica un taller de cerámica que han fundado y animan unos amigos de muchos años y que le han dado en llamar Terracota 4. 

Lo interesante que quiero relatarles es sobre una representación del misterio de la cerámica Rakú, realizada de forma pública para que todos los transeúntes pudiéramos conocerlo y disfrutarlo, en el parque aledaño al taller, porque mis amigos Angelito Norniella y Amelia Carballo, reconocidos ceramistas cubanos, tienen una profunda vocación comunicativa y para ellos el secreto es de todos, por lo que durante su trabajo tratan de comunicarlo y compartirlo, no sólo para el disfrute desde lo externo de la imagen, sino que principalmente nos inducen a meditarlo y asimilar sus mensajes filosóficos. 

Terracota 4 es pues un proyecto realizado por artistas de hoy que se han reunido en La Habana Vieja en búsqueda del marco de tradiciones y de culturas encontradas, que con los siglos se han fraguado en una ciudad que por haber sido puerto de mar muy activo y lugar de cruce del tráfico entre el Viejo y el Nuevo Mundo, se alimentó en su desarrollo con los misterios en tránsito y con la síntesis resultante de un choque de civilizaciones asentado en los sabios sincretismos devenidos de la flexibilidad y la tolerancia. 

La técnica Rakú, de antiquísima existencia oriental cuyo nombre significa gozar el día, vivir en armonía con las cosas y con los hombres, durante su realización práctica se manifiesta por los saltos bruscos, debido al intercambio de gases que al cerrárseles bruscamente las fuentes de oxígeno lo toman de los óxidos con que se colorean las piezas. 

Es un arte que se desenvuelve por fuera de los caminos establecidos en la técnica formal y que se basa en el misterio alquímico de la transmutación en la naturaleza por el intercambio y choque de temperaturas y gases que logran un resultado inesperado y de signo misterioso que llega a sorprender incluso al artista que lo produce, porque las piezas previamente cocidas y decoradas son calentadas a muy altas temperaturas en un horno cerámico, junto al que se coloca un cestón lleno de materia orgánica como por ejemplo viruta de madera; entonces cuando la pieza se calienta con la temperatura correspondiente, se saca del horno y se introduce en el cestón que se tapa y la combustión de la materia orgánica producida por el choque con la pieza sacada del horno, debido a un fenómeno denominado reducción, consume el oxígeno de los óxidos obteniéndose una gama de un colorido determinado por la naturaleza. Se arranca el arte de la naturaleza misma. 

Y eso es lo que mis amigos ceramistas exponen cada sábado en la tarde a quienes se reúnen junto a su taller. Para mí deviene una exaltación de los cambios que la naturaleza produce como parte de su constante movimiento y manifestación de vida. Albricias por el arte y sus creadores. Si vienen a La Habana no dejen de visitarlos.” (Fin de la cita)

Quizás sea que la cultura y el arte han logrado superar los avatares del tiempo y las contradicciones de las desidias y los abandonos, encontrando formas específicas de sobrevivir, que se imponen por encima de los problemas materiales y se yerguen, incluso, por sobre lo específicamente humano para alcanzar la magia y el misterio que en sí mismos comportan la vida y el movimiento de la naturaleza. Fue eso lo que quise expresar entonces, para lo cual realmente no alcanzan las imágenes y las palabras empleadas, pero me permiten transmitirlo hacia el futuro cuando nuevas elocuencias y desarrollos espirituales permitan interpretarlo en mejores posibilidades. Esa es mi esperanza cuando escribo estos testimonios.

Pocos días después aparecieron las amenazas y los riesgos inmemoriales que la naturaleza ha deparado a Cuba y muy especialmente a La Habana por causa de nuestra ubicación geográfica, y los ciclones regresaron. Estas amenazas latentes para los habaneros e incluso para todos los que viven en el resto del país, muy especialmente en las provincias occidentales, se unieron con las penurias motivadas por los constantes apagones que se producían en esa época, especialmente durante los meses más álgidos del verano que multiplicaban los sufrimientos de las personas, debido a la intensidad de los calores y al hacinamiento en que vive buena parte de los habaneros, debido al mal estado de las edificaciones y al déficit habitacional que existe en el país, aún en los momentos en que escribo este capítulo, mayo del 2012. 

Así fue que escribí una crónica titulada “DE NUEVO LOS CICLONES…” que publiqué en El Puerto Información con fecha 16 de agosto del 2004, en la que testimonio las angustias referidas a estos problemas que se crearon en aquella fecha, la que cito a continuación:

“(…) en los momentos en que les escribo esta crónica, los habaneros nos encontramos bajo la presión de distintas tensiones, en una espiral de problemas que parece que nunca se van a terminar, porque no es sólo el gran déficit de electricidad que actualmente se presenta produciendo una escalada de apagones que agobian a la población sin posibilidades de soluciones inmediatas, la que se pregunta por qué motivo suceden estas cosas en el verano, que es cuando más necesaria resulta la energía eléctrica, y cuáles son las razones que determinan que no puedan preverse los mantenimientos para solventar esta situación tan acuciante, sin oír las múltiples explicaciones que se plantean oficialmente porque no les satisfacen ni le resuelven sus necesidades. 

Por otra parte, las noticias de la sequía que azota al Oriente del país, constituyen un preludio de futuras mayores penurias, mientras que los anuncios de posibles agresiones y de nuevas medidas de distinto signo y origen amenazan con reducir las escasas posibilidades de subsistencia que tiene un gran sostén en las remesas que son remitidas por los emigrantes y que ahora se ven recortadas en un intento desde los Estados Unidos para ahogar al Gobierno Cubano desde afuera, pero que se vira totalmente contra la población sin que logre sus pretendidos objetivos políticos. 

Todo se junta, porque también se habla de nuevas restricciones al trabajo por cuenta propia y de nuevas centralizaciones económicas que de producirse harán más difícil la subsistencia de determinados sectores. 

En estas circunstancias se anuncian los ciclones, que para muchos significan la posibilidad de las filtraciones de agua por los techos y de los derrumbes que los deje sin casa, en estos momentos estamos en la fase informativa para las provincias occidentales por la amenaza de un ciclón que se acerca con velocidad hacia nuestras costas y tales circunstancias me hacen pensar en los miedos y las frustraciones que dejan vacías a las personas y en que cuando todo se une, la flexibilidad humana en búsqueda de la comprensión debía prevalecer sobre la rigidez normativa que no personaliza a minorías y diversidades, porque lo más importante viene a ser el ánimo y la esperanza. 

No pensar en la necesidad de la esperanza tiene consecuencias concretas en la vida de las personas, que por demás cuando dejan de luchar por la esperanza para hacerse parte de las quejas que prostituyen, en vez de las acciones que actúan sobre las causas y que deben acometerse con decisión y sin miedos paralizantes, convierten a los que así actúan en objeto de los problemas en vez de ser sujetos de su propio destino. 

Quizás haya quien lo justifique todo porque la naturaleza es muchas veces impredecible, pero una cosa es la naturaleza y sus fenómenos y otras son las personas y sus imposibilidades. 

En este orden de pensamiento, yo siempre opto por el optimismo y por la fe que al decir de San Pablo es la sustancia de las cosas que esperamos, la evidencia de las cosas que no vemos y por medio de la cual creamos lo visible y lo sacamos de lo invisible. En esta misma dirección considero que la esperanza se sostiene por la fe y que de perderse la esperanza y la fe, sí, entonces, no habría nada qué hacer. Con la fe se destierran los miedos que paralizan y entonces se mueven las voluntades necesarias. Por eso mi testimonio habla de la realidad que me rodea, pero lo expreso con la esperanza y la fe que mueven sus soluciones.” (Fin de la cita)

En medio de tantos problemas acumulados que no se resuelven, mi enfoque está dirigido a crear la esperanza, porque la esperanza deviene un importante catalizador de la voluntad de enfrentamiento de los problemas y situaciones que se nos presenten, por insolubles que de momento parezcan ser. Por fin pasó el ciclón que en aquellos días nos amenazaba; y en tres crónicas consecutivas, comenté las situaciones creadas, procurando elevar la autoestima de las personas y su espíritu de lucha ante las adversidades. Considero que estas crónicas son un testimonio importante para el presente y el futuro y las cito a continuación de conjunto. La comparación, en mi criterio, puede ayudar al análisis de los problemas y a la búsqueda de soluciones.

- El 21 de agosto del 2004, en El Puerto Información con el título “DESPUÉS DEL HURACÁN CHARLEY”:

 “(…) el paso del huracán Charley por el Oeste de La Habana ha dejado tras de sí una secuela de destrucción y dolor que supera en mucho a siniestros similares que han atravesado por diversas latitudes de nuestro país. Es un espectáculo de devastación de árboles, torres y tendidos eléctricos y telefónicos, casas sin techos o derrumbadas totalmente, personas buscando entre los escombros lo que ha quedado de sus pertenencias, dolor y frustraciones esparcidas por todas partes. 

En medio de tanta desdicha, los heridos y muertos fueron pocos en comparación con la destrucción material, dadas las medidas de prevención y evacuación que oportunamente se tomaron con las personas y los animales incluso, pero no obstante hasta el momento en que les escribo se reportan cuatro muertos en diversas circunstancias. 

En consecuencia, puedo decirles que lo determinante ha sido la destrucción material, así como la paralización productiva y social por la falta de energía eléctrica en todo el Oeste habanero y en la provincia de Pinar del Río con severas afectaciones al suministro de agua, de gas, así como la interrupción de las comunicaciones telefónicas y de los transportes públicos cuyas carreteras y vías férreas han sido seriamente afectadas. 

Conozco casos muy cercanos que sufrieron la rotura de las puertas y ventanales de su casa por los vientos huracanados, incluso en edificaciones y zonas en que no estuvo prevista la evacuación preventiva dada las condiciones del lugar y la calidad de los inmuebles. 

El relato de lo que les sucedió es aterrador, porque los vientos se apoderaron del interior de sus viviendas, tumbaron cuadros, adornos, lámparas, aparatos de aire acondicionado, explotaban los huevos de gallina y destruían los alimentos dentro de los equipos refrigerados, mientras que sus moradores tuvieron que refugiarse en los closets y baños más pequeños y resguardados. 

Una cuñada mía me contó que sus nietos estuvieron a punto de perecer porque junto a su cama les cayó un aire acondicionado que por su peso y anclaje nunca pudieron imaginarse que el viento lo hiciera volar como si fuera una pluma. En el Oeste habanero, en la playa de Santa Fe, unos vecinos al otro día encontraron en su jardín una avioneta que el viento se llevó desde un aeropuerto cercano. 

En resumen, puedo decirles que los habaneros, tanto los que no fuimos víctimas directas porque los vientos no soplaron en nuestra dirección, como principalmente los afectados, vivimos hoy momentos de angustia e incluso de miedo, porque estamos al inicio de la temporada ciclónica que se extiende de junio a noviembre, y en los momentos que les escribo nuevos ciclones se forman y se mueven por el Caribe. 

Otra circunstancia es que los derrumbes en algunas edificaciones viejas se producen después del paso de la tempestad, cuando las paredes y techos afectados se calientan con los rayos del sol, aunque todavía se mantiene cierta humedad que pudiera ser preventiva. Debo decirles que dentro de tanta desdicha, no es fácil consolar a quien lo ha perdido todo, incluso cuando se puede plantear el muy válido argumento de que por lo menos preservaron sus vidas que constituye lo fundamental; en realidad resulta muy duro verse sin nada y sin techo, ahí es donde la solidaridad debe materializarse compartiendo lo que tenemos con los que lo han perdido todo. Ahora comienza la reconstrucción.” (Fin de la cita)

-Casi de inmediato el sábado 28 de agosto del 2004, en El Puerto Información con el título “SOBREPONERSE A LA DESTRUCCIÓN” con un balance de lo sucedido y el propósito de elevar los ánimos para la reconstrucción:

“ (…) no puedo pasar por alto todo lo que sucede a mi alrededor, aún con el peligro de ser reiterativo porque después del paso del huracán Charley por el Oeste de Ciudad de La Habana la destrucción ha sido muy grande, además de muy extensa, y es algo de lo que no podemos sustraernos los habaneros, aún los que no sufrimos los embates después de casi dos semanas porque a pesar de todos los esfuerzos que se hacen y de todo lo que se nos proyecta por la televisión, así como lo que nos dice la prensa local sobre la recuperación exitosa de los daños causados por el siniestro, son personas las que sufren desde sus albergues temporales por haberlo perdido todo, porque hay cosas que ya no se recuperarán que formaban parte de la historia familiar e individual de los afectados y eso debemos tenerlo muy en cuenta y respetarlo en su dolor, que no es sólo por lo material sino muy esencialmente por lo espiritual de sus vidas. 

Quizás si se comprendieran mejor esas cuestiones sería más efectiva la lucha contra la destrucción que no ha sido sólo de lo material, que resulta ser muy importante cuando las personas se quedan sin techo, pero que afecta dentro del espíritu que puede sobreponerse a la destrucción de la materia, pero con huellas indelebles por los golpes en lo referido a los recuerdos de familia y las cosas devenidas de la vida espiritual de las personas. 

Ahí hay destrozos irrecuperables que sólo se pueden mitigar con el ánimo y la esperanza que se proyecta por encima de las destrucciones materiales, para desenvolverse dentro la espiritualidad que debemos alimentar en toda circunstancia y coyuntura por adversa que pueda ser. 

La solidaridad de todos partiendo de que amar al prójimo es un mandamiento de Dios que canaliza el verdadero amor que debe tenerse al Padre Creador que es el propio Dios, debe manifestarse no sólo en el auxilio material sino también en el respeto a la dignidad humana que nos viene dada principalmente por ser hijos de Dios creados a su imagen y semejanza y que debe manifestarse pasando por encima de los conceptos utilitarios de los sistemas y sus bondades, incluso de nosotros mismos, cuando empecinados por la tentación de demostrar en todo momento la justeza e importancia de lo que hacemos, lo pregonamos públicamente sin tener en cuenta el dolor, la extensión y el origen de la fuerza destructiva y la individualidad ciega que determina sobre unas personas sí y otras no. 

Puede ser complejo entender lo que quiero escribirles, porque a mi mismo me cuesta trabajo identificarlo en medio de todo lo que se informa, pero que lo presiento en el fondo de las miradas, en la inflexión de las palabras y en lo intrínseco de los agradecimientos que se publican, que quizás la ética del momento requiera sean menos divulgados, mientras queden otros a la espera de que les llegue su turno de auxilio, lo que es lógico que así sea, porque no es posible ante algo tan extenso llegar a todos a la misma vez. 

Pienso que la modestia, el respeto y la efectividad van de la mano en la recuperación del espíritu de los que hoy son los afectados y que mañana muy probablemente puedan ser los que vengan a nuestro auxilio, cuando seamos los hoy no afectados las posibles víctimas del devenir del tiempo, por razón de los desenvolvimientos futuros de la naturaleza. Este pensamiento ético se me presenta con mucha fuerza en medio de lo que nos sucede y considero que debe formar parte primordial dentro de la necesidad de sobreponerse a la destrucción que hoy vivimos los habaneros y los pinareños.” (Fin de la cita)

-Seguidamente el lunes 6 de septiembre del 2004, me referí a los estragos en la propia naturaleza, así como a la realización de un encomiable esfuerzo habanero por recuperar algunos árboles centenarios que fueron sensiblemente afectados en el corazón de nuestra ciudad. Su título “EL RESCATE DE LOS GIGANTES CAÍDOS…”. Cito:

“(…) son muchas las penurias que nos rodean en La Habana con motivo del paso del huracán Charley, ya les he venido escribiendo al respecto del tema en crónicas anteriores, pero aún en medio del optimismo marcado por visos triunfalistas con que nos bombardea la prensa local sobre la rápida recuperación de algunos servicios, quedan muchos aspectos dignos de ser reportados por su magnitud, baste consignar el monto estimado oficialmente de las pérdidas según las cifras dadas a conocer que es de 2000 millones de usd. 

En este orden de cosas debo decirles que hace algunos días caminando por las calles del Vedado me topé con un gran ficus arrancado de la tierra por la furia del viento en una zona que no fue de las de mayores embates. Aquel espectáculo me hizo detenerme por unos instantes, alguien comentó que la edad del árbol podría ser de unos 150 años, yo no puedo aseverarles eso porque no soy especialista, pero sí puedo decirles que aquel tronco con sus ramificaciones podría tener un diámetro de dos metros y medio. 

Pensé que presenciaba la pérdida de más de cien años de vida y me entristecí también por la naturaleza, porque los árboles caídos por todas partes donde pasó el ciclón de marras se pueden contar por miles y sus desechos compiten en toneladas con los escombros de los derrumbes de las edificaciones. Realmente resulta una gran tragedia ecológica en medio de las intensas sequías que nos vienen azotando, este año precisamente. 

Así estuve por mucho tiempo, pero en el telediario de la noche pasaron un reportaje sobre la campaña emprendida por la Oficina del Historiador de la Ciudad para rescatar los troncos de los árboles centenarios con vistas a resembrarlos en los parques y zonas verdes del Casco Histórico de La Habana y aquello me motivó con mucha fuerza porque lo interpreté como una noticia escapada del libro de Don Quijote de la Mancha, un hecho epopéyico y paradigmático, que quizás para algunos pudiera ser iluso en medio de tantos dolores, pero, para mí, digno de ser admirado y saludado, porque lo interpreté como una cruzada para ganarle cien años a la naturaleza y me dispuse al otro día para ir a verlo. 

Fui a la Avenida del Puerto y en las inmediaciones del Castillo de la Fuerza en los terrenos que bordean al Foso encontré dos grandes grúas y una rastra descargando un inmenso tronco, tan gigantesco como el que observé en el Vedado. Ya habían varios árboles inmensos resembrados, no sólo junto al foso, sino en la entrada de la Plaza de Armas y en la de la Catedral de la Habana junto al Seminario San Carlos. 

Hice muchas fotos con mi cámara digital como para conservar aquellas imágenes en el tiempo, porque las considero históricas y salidas de una gran batalla por el futuro. Allí entre los trabajadores encontré a una joven técnica agroquímica llamada Mayra Núñez que me contó con el entusiasmo y el convencimiento propios de los iluminados lo que estaban haciendo y aquello realmente me causó mucha emoción y le hablé de mi árbol del Vedado y enseguida tomó la dirección para el rescate y me dijo que los habaneros les avisaban y los estimulaban en los distintos barrios. 

Quedé admirado por el propósito y el esfuerzo, porque aquellos gigantes caídos son parte entrañable de nuestra historia y también debemos rescatarlos. Albricias por esta obra.” (Fin de la cita).

Aquella consigna de los primeros años de la Revolución que planteaba “Siempre se puede más”, se estaba realizando con aquellos árboles centenarios que los técnicos intentaban recuperar. Debo decir que aún hoy, después del paso de los años cuando escribo este capítulo, buena parte de aquellos gigantes caídos viven en sus nuevas ubicaciones. Sólo unos pocos no lograron sobrevivir, pero el conjunto del esfuerzo es un canto a la vida y al futuro, que con hechos concretos nos anima a seguir adelante en medio de las adversidades ya sean sociales, económicas, políticas o del medio ambiente, tan dañado que amenaza con la destrucción de nuestro planeta.

Continuará.

Publicado en Unicornio, domingo 27 de mayo del 2012

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más