Hoy es 26 deJunio de2017

Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

Usted está aquí: Secciones Artículos de actualidad La Espiritualidad Prohibida En mi tránsito por San Judas. Una inolvidable fiesta escolapia. Visitas y despedidas en una dinámica persistente. Ejemplos existenciales de mucho provecho para todos, sin excepción.
10 Jun 12
Escrito por 

En mi tránsito por San Judas. Una inolvidable fiesta escolapia. Visitas y despedidas en una dinámica persistente. Ejemplos existenciales de mucho provecho para todos, sin excepción.

CCXVII. Como consecuencia de una vida tan intensa, por mucho que escriba sobre la búsqueda de los hechos olvidados que se mantienen ocultos en las profundidades de mi ser interior, pienso que siempre me quedaré corto. Además, cuando regreso a estos temas, encuentro nuevos argumentos y otros puntos de vista sobre la importancia y conveniencia de documentarlos, analizarlos y publicarlos para legar sus resultados a los demás.

El desarrollo de la civilización y la prevención de vida se nutren constantemente de estas actividades. Así es que me estimulo a continuar adelante, quizás hayan aspectos muy específicos, pero encuentro muchas cuestiones que coadyuvan a las explicaciones de una época, así como de algunas razones y causas que han sido motivo de las contradicciones, los problemas y los acontecimientos aparentemente casuales. Al respecto debo decir que considero que la casualidad realmente no existe, porque la naturaleza y la sociedad en sus más mínimas expresiones se encuentran regidas por la Ley de Causa-Efecto que hace las veces de ley de leyes, dada la universalidad de sus manifestaciones que se relacionan con el movimiento general del universo en su sentido holístico. 

Cuando movemos la voluntad de búsqueda en nuestros recuerdos y vivencias pasadas y hacemos esfuerzos sostenidos para removerlos y encontrarlos, muchas veces logramos revivirlos y como dice el refrán recordar es volver a vivir. Revivirlos (valga la redundancia) nos permite si lo hacemos con honradez de intenciones, rectificar el rumbo con vistas a continuar nuestro peregrinaje en dirección hacia el futuro y legarlos a los que viene detrás de nosotros. Si hiciéramos un poco de tiempo para analizar en detalle lo que hemos vivido, podríamos concordar que existimos en un perenne presente; y que lo pasado, constituye un presente ido, en tanto que el futuro deviene una proyección hacia el presente que está por venir y que forma parte de un todo único dentro del cual nos encontramos incluidos. Las más modernas observaciones del espacio sideral e incluso algunos análisis de la física cuántica, nos presentan los eventos de la formación del universo impresos dentro de lo que pudiera ser una gran cuerda, que nos permite percibirlos muy por encima de las categorías espacios temporales que conforman los marcos de referencias en que estamos insertados. 

Así mismo, se puede deducir que la sucesión del bien y el mal encontrados, convergentes y diversos, se nos podrían representar ubicados gráficamente en los extremos de una recta en constante continuidad direccional de avances y retrocesos con variable diversidad de movimientos como parte de la distancia de extensión que separan a esos extremos, unas veces más cortas, otras más largas y ocasionalmente en contraposición. Tan cercanas en sus límites que se mezclan, se confunden y poco se diferencian. Esta dinámica le imprime una característica muy específica a las razones de subsistencia perenne en el tiempo, de manera prácticamente inalterable del bien o del mal. Es además un fundamento determinante que da validez a las posibilidades de transmutación del mal transformado en bien o viceversa; que si lo analizamos profundamente, deviene cimiento sobre el que se erige la moral natural en su manifestación de vida humana, que también podríamos denominar una moral básica que da fundamento a la acción ética convertida en la responsabilidad de la libertad. Ello transcurre dentro de sus más diversas expresiones o normativas, conforme a la diversidad de actitudes y formas de ser de las personas. Quizás sea un poco complicado lo que planteo, pero si se lee despacio y se medita detenidamente, estoy seguro de que las esencias básicas a que me refiero se podrán interpretar.

Reconozco que quizás mi reiteración de los propósitos que me mueven a escribir una y otra vez sobre estos temas, pudiera convertirse en una obsesión de vida en mi tercera edad; pero también me pregunto ¿a qué otra cosa de mayor utilidad podría dedicar mis esfuerzos escatológicos en esta fase de mi existencia terrenal?

Objetivamente hay otras actividades que podrían incluir un disfrute final del tiempo que me ha sido concedido por la naturaleza, así como por mis posibilidades genéticas y el desgaste corporal que los avatares que he atravesado pudieran determinar definitivamente. Pero por el momento, no encuentro mejores posibilidades que colmen los impulsos de mi conciencia y responsabilidad; en consecuencia, confieso que las respuestas que encuentro en todo esto, me inducen a continuar porque en definitiva no es mi juicio el que podría decidirlo sino el de quienes me lean. Confieso además, que en la práctica se ha convertido en una manera muy importante de darle razón de ser a esta etapa de mi peregrinaje existencial.

Realmente su utilidad concreta debería referirse al juicio de los que me lean en estas circunstancias y coyunturas, y quizás más importante aún, sea el tiempo cuando ya no me encuentre en este mundo, porque en esa ocasión si antes no he revivido mis recuerdos y no los he documentado, entonces se habrían perdido irremisiblemente. 

Por tanto, continúo adelante con mi tránsito por San Judas que tan fructífero ha sido; e incluso, con las muchas vivencias pasadas que aún no se agotan. En este orden de pensamiento, me planteo un alto momentáneo, para pedirle a quienes me lean en la actualidad y tengan consideraciones que expresarme sobre estos asuntos, que por favor hagan un tiempo para escribírmelas a la dirección de correo electrónico que siempre consigno al final de cada capítulo. Realmente he recibido algunas opiniones interesantes de los lectores que se han decidido a escribirme y han sido muy útiles para enriquecer mis esfuerzos al respecto. Creo que constituye algo muy importante que recoja sus criterios e impresiones de todo tipo.

Debo decir que este tránsito por San Judas que comenzó en lo que pudiera denominar una etapa de regreso existencial, cuando había terminado de cumplir muchas responsabilidades de vida, había experimentado múltiples golpes y parecía que todo iba a terminar sin nuevas oportunidades de seguir adelante. Ese transitar por inusitadas experiencias místicas y espirituales, me propició novedosos encuentros a la vez que otros reencuentros, así como dolores y angustias renovados. Quizás, más intensos que los experimentados durante el tiempo precedente vivido. Ha sido en mi opinión, una reafirmación de la vida devenida movimiento de constante continuidad, que sólo se detiene cuando por la muerte experimentamos un cambio de sustancia espiritual dentro de una nueva forma existencial, definitoria de la verdadera existencia espiritual en el presente futuro que nos espera a todos sin excepción y de la que nadie se habrá de librar por mucho poder y autoridad temporales que haya podido acumular sobre la tierra. 

Quizás los que se consideran inmunes a esta realidad que constituye ley de vida, deberían ser consecuentes con su existencia y dar paso a los que vienen detrás, aunque en nuestras actuales circunstancias existenciales eso podría parecer una quimera porque los empecinamientos y las intransigencias dan la impresión que nunca van a ceder. 

Continúo pues, con un recuerdo revivido durante la revisión de mis archivos de las crónicas del año 2004 con vistas a escribir este capítulo, que con el título FIESTA ESCOLAPIA EN SAN JUDAS, publiqué en El Puerto Información de Andalucía, España, el sábado 4 de de septiembre del 2004. Cito:

“(…) hace algunos días en la Parroquia de San Judas que, como ya les he contado en otras crónicas, es atendida pastoralmente por los padres escolapios, celebramos la Fiesta de San José de Calasanz en un ambiente cargado de mística y de esperanza. 

Fue muy interesante nuestro encuentro porque coincidió con la visita a Cuba del Padre Jesús María Lecea, Superior General de la Orden Escolapia en el mundo, <> quien visitó por primera vez a nuestro país con la finalidad expresa de reconocer el abnegado trabajo de los escolapios y de ayudarlos en su labor en medio de las complejidades que se presentan en nuestra actualidad contemporánea. Ese día San Judas recibió la visita de muchos antiguos alumnos de las Escuelas Pías, quienes vinieron desde distintos barrios habaneros, principalmente La Víbora y Guanabacoa, que junto con el de la calle San Rafael en Centro Habana fueron las ubicaciones habaneras de importantes colegios escolapios dedicados a evangelizar educandos, que funcionaron en La Habana hasta que en los años sesentas del pasado siglo fuera nacionalizada la enseñanza religiosa en nuestro país. 

Pero a pesar del tiempo transcurrido y de sus vicisitudes, en el encuentro reinó el optimismo y la esperanza, incluso debo contarles que tuve una grata sorpresa porque yo fui alumno del Colegio de los Hermanos Maristas de la Víbora en los años 50´s del siglo pasado, muy cercano al Colegio de los Escolapios en aquella hermosa barriada habanera y en el encuentro de San Judas se me acercó un antiguo alumno escolapio, quien después de tantos años me recordó de los topes deportivos que celebramos entonces, aquello para mí fue la comprobación de la impronta que habíamos recibido devenida en verdadero carácter por identificarla de una forma más teológica, que ha quedado grabada en nuestros corazones para siempre, así como de una espiritualidad que fuera prohibida, pero que con el paso de los años no pudo ser destruida, porque las cosas del alma cuando son genuinas y se siembran con amor quedan dentro de la dimensión de la eternidad donde habita Dios. 

En su homilía el Padre Lecea nos recordó las vicisitudes y los esfuerzos de San José de Calasanz para crear la Orden Escolapia dedicada a la educación de la niñez con el lema de entonces: Piedad y Letras (1602 fecha en que comenzó la primera parroquia en Roma dedicada por Calasanz a la educación de los niños y jóvenes), que según el Padre Superior General hoy se traduce como Cultura y Fe.

Fueron tantas las dificultades y angustias sufridas por Calasanz que ha sido denominado el Job del Nuevo Testamento y su firmeza y fe en Dios fue tanta que según expresó en su homilía el Padre Lecea, quien como su fundador es también doctor en Teología, que mantuvo durante su vida un lema determinante que expresaba con una frase que repetía mucho en la que decía: Si Dios está con nosotros nada podemos temer. 

Fue un Hombre de Esperanza de los que tenemos que hablar siempre en presente y que desde la eternidad nos recuerda sus grandes secretos místicos: No desconfíes, No perdáis el ánimo, Ser fuertes ser valientes; los que devienen impulsos y actitudes muy importantes para nuestras circunstancias y coyunturas en medio de los problemas y dificultades que afrontamos y que parecen que se van a eternizar, pero que como todo lo humano tendrán siempre su fin, que necesariamente debemos hacerlo pacífico y feliz. Gracias Calasanz por tus sufrimientos, por tu obra y por tu ejemplo imperecedero.” (Fin de la cita)

Quiero reiterar que cuando releo mis crónicas comprendo que la documentación de lo que vamos viviendo constituye un oficio gratificante y me da felicidad porque puedo coadyuvar a los análisis de vida de los demás, precisamente con esta crónica en la que me refiero al ejemplo de San José de Calasanz y los resultados en el tiempo de la Obra Escolapia en el mundo. Lo que escribo en esta ocasión es propicio para plantearme un tema que está latente entre los cubanos, referido a la necesidad espiritual que muchas familias sienten de poder decidir sobre la orientación de la actividad educativa de sus hijos; y, de su derecho a desarrollarla conforme a sus convicciones religiosas y filosóficas, lo que en Cuba hace muchos años está vedado. Sólo el Estado centralizado puede hacerlo. 

La dinámica existencial en que he estado inmerso, desde que tomé conciencia de vida, ha estado matizada por constantes bienvenidas de personas que nos visitan, que se quedan en nuestros ámbitos sociales o que se abren al mundo en nuevos nacimientos, así como despedidas temporales y definitivas. Es un constante ir y venir, nacer y morir. A lo largo de mis muchos años de ejercicio del periodismo he escrito testimonios y crónicas al respecto, algunas de las cuales he consignado en La Espiritualidad Prohibida, muy especialmente las referidas a la diáspora galopante que desde más de 50 años se manifiesta entre los cubanos. 

En continuación de estos propósitos, poco tiempo después de mi crónica anterior sobre la fiesta escolapia en San Judas con motivo de la visita del padre Lecea, se presentó el momento de regreso a su país de un gran amigo latinoamericano que dedicó algunos de los mejores años de su vida al ejercicio pastoral en el nuestro. Lo consigné en una crónica con el título “NIÉGUESE A SÍ MISMO… Y SÍGAME” que publiqué en El Puerto Información, de Andalucía, con fecha 7 de agosto del 2004, que cito a continuación:

“(…) constantemente nos encontramos con personas bondadosas que recorren junto a nosotros el mismo peregrinaje y que negándose a sí mismos hacen el bien, predican la verdad y procuran la justicia. Este es el caso de un amigo del alma que dejándolo todo viajó a Cuba para entregar 10 años de su fecunda vida sacerdotal y ahora se ha marchado para ir de nuevo allí donde sus superiores lo envían. 

Vino desde Colombia e incluso estuvo previamente durante dos años entre Puerto Rico y República Dominicana esperando el permiso para poder entrar en nuestro país. Después que pudo establecerse aquí cumplió misiones en la Nunciatura Apostólica y posteriormente como parte de la gran familia claretiana con hondas raíces en nuestras tierras, estuvo en varias parroquias trabajando pastoralmente con una decisión que califica en su documento de despedida, que denominó testamento de amor por Cuba, como: ‘El caminar que me invita a no detenerme en ningún logro con mis hermanos de Congregación, sino a construir ese otro mundo posible habitado por la justicia como fruto maduro del amor.’ 

Quizás acostumbrados a leer sobre las vidas de los misioneros, no podamos percatarnos que también son seres humanos como lo somos nosotros mismos y que, por tanto, en el paso del tiempo se hacen hábitos en los lugares por donde transitan, aprenden a querer los espacios en que viven, aman a las personas de las que se hacen amigos o a quienes simplemente auxilian en cumplimiento de su sublime deber, las que convierten en sus familiares cercanos, no miran hacia atrás para enterrar a sus muertos, pero en cambio entierran a los nuestros y aprenden a querernos en nuestro dolor y así se hacen parte de nuestro medio y conviven con nuestras alegrías y nuestras angustias, sienten como propios nuestros anhelos y nuestros sueños y definitivamente se acostumbran a permanecer junto a nosotros. 

Por eso, aunque no lo exteriorizan, se les desgarra el corazón cuando tienen que marcharse de nuestro lado para como misioneros cumplir nuevas tareas en otros espacios geográficos a veces muy distantes, donde habrán de experimentar los mismos sentimientos que ahora deben dejar atrás. 

Sublime misión ésa mediante la cual su casa es el mundo y su familia es la humanidad entera; creo que no existe mayor entrega porque realmente siempre se niegan a sí mismos para marchar con su propia cruz que cada vez se carga con mayores angustias que van acumulando por donde pasan. 

Yo pienso que de los tres votos que hacen ante Dios los religiosos, el de obediencia los marca con un especial sello que los conduce tal y como nos recuerda mi amigo en su documento de despedida con una frase de San Antonio María Claret: ‘Mi espíritu es para todo el mundo’, pero si bien su entrega se hace para todo el mundo, por donde quiera que pasan dejan parte de su vida y se llevan un recuerdo que nunca los habrá de abandonar. 

Con mi amigo de quien les hablo, que se llama Alfredo Plaza Mora, claretiano de cuerpo y alma, experimento también los sentimientos de la Diáspora porque fue visita frecuente en mi casa, se hizo parte de nuestra familia y lo veo marcharse quizás para no volvernos a encontrar, porque además por aquí tan doblemente bloqueados como estamos, los viajes y los reencuentros son difíciles y entorpecidos por las pasiones del poder y el sojuzgamiento. Por eso me despido del Padre Alfredo con un hasta siempre.” (Fin de la Cita).

Ese ir y venir constante que se manifiesta durante nuestra existencia terrenal nos marca decisivamente y enriquece la diversidad de nuestros recuerdos. Reanalizarlo y buscar en sus profundidades nos aporta ejemplos y recuerdos que se integran en nuestros recuerdos más íntimos y que muchas veces ennoblecen nuestros sentimientos y formas de ser. Mi consejo a todos es no olvidarlos nunca, ya sean positivos o negativos, porque en una u otra dirección siempre habrán de sernos de alguna utilidad, ocasionalmente puedo decir que de mucha utilidad y enriquecimiento espiritual como es el caso a que me refiero y testimonio, de alguien que vino a hacer el bien en Cuba y consumió en nuestro país buena parte de sus mejores años, recibiendo como recompensa un nuevo destino allí en donde sus superiores lo enviaron, que significó desgarramientos, despedidas y dejar atrás obras iniciadas para que otros las continúen.

Este ejemplo de vida debería ser de utilidad para la comprensión de lo errado que están algunos que pretenden eternizarse en sus poderes temporales sin abrir camino a los que vienen detrás y están llamados a dar continuidad al peregrinaje terrenal que siempre es finito y nunca infinito.

Continuará.

Publicado en Unicornio el domingo 10 de junio del 2012.

Deja un comentario

- No se permiten insultos, ni palabras soeces o despectivas.
- No se permiten alusiones ofensivas sobre personas, hechos ni entidades.
- No se permiten conceptos racistas ni irrespetuosos a la diversidad de opción de las personas.
- No se permiten amenazas de ningún tipo.

left

Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más