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Blog de Félix Sautié Mederos

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24 Jun 12
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Durante mi tránsito por San Judas conocí y comencé a participar en los encuentros de educadores convocados por la Iglesia Católica Cubana.

CCXVIII. Reitero que han sido tantas las experiencias de vida experimentadas durante mi tránsito por San Judas, que cuando en mi recuento de lo vivido me parece que ya debería pasar a testimoniar otra etapa existencial de mi peregrinaje, entonces encuentro quizás escondidas u olvidadas en mis archivos nuevas actividades y circunstancias que no debería obviar de aquella fructífera época.

  

Ese es el caso de los encuentros de educadores convocados por la Iglesia Católica Cubana de los cuales el padre Ángel Cuevas, párroco de San Judas, director además del “Instituto María Reina” dedicado a la formación de los nuevos religiosos cubanos de las distintas órdenes y congregaciones asentadas en el país, ha sido su promotor y posiblemente el más modesto y entusiasta de todos los participantes, desplegando el carisma escolapio que lo ha llevado a entregar su vida por la educación de los niños y jóvenes cubanos, muy lejos geográficamente de su España natal. 

Esta dedicación escolapia en Cuba fue obstruida en los primeros años de la Revolución por causa de los intentos centralizadores del estado que no ha admitido ni siquiera las participaciones colaterales de ninguna índole, con especial énfasis en las de carácter religioso, que no fueran las promovidas por el propio estado a través de las instituciones laicas que le son afines.

En tales circunstancias y coyunturas, la Conferencia Cubana de Religiosos, CONCUR, y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, COCC, en función de la política pastoral diseñada por el ENEC (Encuentro Nacional Eclesial Cubano, 1979-1986), así como por vía de sus áreas dedicadas a la educación, se han convertido en promotores durante las etapas vacacionales de verano de un espacio dedicado a la superación de los educadores cubanos, con el más amplio espíritu pastoral, sin sectarismos de ninguna índole que pudiera dividir a los maestros y profesores cubanos en creyentes y no creyentes, católicos y no católicos, privilegiando nuestras tradiciones educativas que en el tiempo han jugado los principales roles de estímulo y conformación de la identidad de la Nación Cubana. Teniendo muy en cuenta principalmente la importancia esencial de la labor del Seminario San Carlos y San Ambrosio, liderada por figuras tan egregias como los presbíteros José Agustín Caballero y Félix Varela, así como Don José de la Luz y Caballero, José María Mendive, María Luisa Dolz y muchos más que sería muy extenso relacionar, en donde José Martí brilla muy especialmente como paradigma del educador por excelencia.

Debo decir que en aquella época inicial de mi participación en los encuentros de educadores, aún no se había producido la injusta desarticulación del ISEBIT (Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos, institución ecuménica fundada por el ilustre educador cubano, el doctor Rafael Cepeda, quien ya se encuentra en la compañía del Padre Celestial); lo que hube de relatar ampliamente en varios capítulos precedentes. 

En aquella singular entidad me desempeñé durante casi 10 años, en una intensa actividad docente que parece molestó a muchos esquemáticos de uno y otro bando, quienes estaban por demás concertados en contra de las libertades de expresión y de cátedra que el ISEBIT puso en práctica. Mi triple condición de teólogo laico, educador y periodista me inspiró muy sentidamente en las crónicas que escribí sobre estos eventos, algunas de las cuales cito a continuación porque les concedo una especial importancia testimonial sobre la muy positiva actividad pastoral que ha estado creciendo en calidad y cantidad durante los últimos años. Cito en secuencia tratando de expresar un todo en el tiempo:

-EDUCAR ES LIBERAR, publicada en El Puerto Información de Andalucía, España, con fecha 23 de agosto del 2004.

“(…) con el lema Educar es Liberar se realizó en el Instituto de Ciencias Teológicas María Reina, en Ciudad de La Habana, una Escuela de Verano para Educadores de todo el país que funcionó en su cuarta edición, lo que dice de un esfuerzo sostenido en el tiempo con vistas al desarrollo pedagógico, técnico y espiritual de los educadores cubanos convocados por la Conferencia de Religiosos “CONCUR” de la Iglesia Católica Cubana, con un amplio criterio de participación sin distingos de ningún tipo y abarcador de todas las enseñanzas, desde los círculos infantiles para niños menores hasta la Universidad, incluyendo a los sistemas de formación que desenvuelven su labor educativa en las parroquias y en los centros especializados, además de los maestros emergentes que completan sus estudios durante su actividad docente y los estudiantes de carreras pedagógicas.

Fueron 5 días intensos con un contenido profundo e interesante que incluyó temáticas de fundamental importancia, desarrolladas en seminarios participativos orientados por especialistas de alto nivel, principalmente religiosos y religiosas con amplia experiencia educacional. Los temas básicos fueron: retos de la globalización en la escuela cubana; perfil del educador cristiano, la educación de la afectividad, la comunidad educativa; el proyecto educativo; técnicas de participación escolar, recursos educativos en la computación y didáctica en inglés. Además, se impartieron dos conferencias magistrales con el título Luces y Sombras de la Familia Cubana, dictada por el Cardenal Jaime Ortega y Alamino y La agresividad en la Escuela y la Sociedad, dictada por el especialista Ramón Francoli, educador catalán laico de inspiración escolapia, quien acumula una larga experiencia docente. 

Este año tuve una participación activa en el evento como parte de una delegación del Instituto Teológico Ecuménico en el que imparto clases, Instituto Superior de Estudios Bíblicos Teológicos, ISEBIT, por lo que mi testimonio sobre lo que allí sucedió se los puedo transmitir no sólo como corresponsal, sino como educador también. En este orden de pensamiento, debo decirles que de conjunto la Escuela de Verano convocada por la Iglesia Católica Cubana constituyó un importante aporte a la formación de valores y principios ético-morales con vistas al desenvolvimiento social, productivo, ciudadano, humanístico y espiritual de una nación que atraviesa complejas circunstancias y coyunturas críticas que afectan a la ciudadanía en general. 

Los seminarios temáticos funcionaron con el más amplio concepto participativo mediante exposiciones, talleres, cine debates y diversas técnicas audiovisuales que sirvieron, además, de ejercicio práctico con vistas a la superación técnica de los pedagogos participantes. El planteamiento programático del gran educador cubano del siglo XIX, Don José de la Luz y Caballero, reconocido como base conceptual de la escuela cubana de todas las épocas, que plantea que ’instruir puede cualquiera, pero que educar sólo quien sea una evangelio vivo’, animó el espíritu del evento, que logró crear un sentimiento de optimismo y esperanza, propiciador del diálogo y del encuentro que todos los cubanos debemos realizar en estos momentos. 

Con su cuarta escuela de verano para educadores la Iglesia Cubana demostró su voluntad por el mejoramiento de la vida en nuestro país y por la solución de los problemas que nos aquejan, porque los maestros y la escuela son importantes baluartes para el desarrollo de un mundo mejor.

-EDUCAR EN LA VERDAD Y EN EL AMOR, publicada en El Puerto Información de Andalucía, España, con fecha 15 de agosto del 2005:

“(…) en medio de la gran desesperanza en que vivimos por aquí, hay quienes generan luz de aurora porque se enfrentan al hastío quejumbroso que nos degrada. En este orden de cosas los educadores tienen la posibilidad crucial de convertirse en sembradores de fe y transmisores de la esperanza, si son capaces de transformar sus aulas en centros de luz que promuevan la liberación de las personas de todas las ataduras que los poderes temporales tejen en torno a la sociedad para imponer sus propios intereses. 

El libre albedrío que nos es inherente constituye un don de Dios que ninguna fuerza temporal puede quitarnos, pues sólo podríamos perderlo por decisión propia de ser sumisos a esos poderes. Nacimos libres y libres debemos vivir sin entregar a nadie nuestra propia libertad. Moralmente ninguna potestad terrenal tiene justificación para quitarnos la libertad de conciencia, de pensamiento y de vida. 

Respetar el derecho ajeno es la paz porque el límite de nuestra libertad y nuestros derechos llega hasta donde se encuentran los límites de los demás. Lógicamente cuando les hablo de la libertad, les hablo de libertad con responsabilidad y la responsabilidad está dada por el ejercicio de la Moral y de la Ética. 

En estas circunstancias quiero hoy escribirles sobre una importante iniciativa de la Iglesia Católica Cubana que ya va por su quinta edición anual: la Escuela de Verano para Educadores que presidida por el lema Educar es Liberar, se organiza cada mes de agosto con educadores que vienen desde todas las provincias del país en búsqueda de superación y de alimento espiritual. 

La convoca y organiza el Instituto María Reina que funciona en los locales adjuntos a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de los padres jesuitas que es uno de los más majestuosos templos habaneros. María Reina es un instituto para la formación de religiosos y religiosas cubanas, dirigido por la Conferencia de Religiosos de Cuba, CONCUR, y su director es el padre escolapio Ángel Cuevas, quien junto con la directiva de la CONCUR se apoya decisivamente en personalidades escolapiasde España, de México y de otros países, quienes nos traen el carisma formador de San José de Calasanz y en conjunto con destacados educadores y religiosos cubanos dedican ingentes esfuerzos para que esta iniciativa aporte luz , saber y esperanza. 

Muchos la hemos convertido en una verdadera tradición y en un momento de encuentro que nos enriquece con las ideas cristianas del amor por sobre los odios y los desencuentros. Lo mejor de la extensa tradición pedagógica cubana es también explicada por destacados especialistas de nuestro saber pedagógico, que por encima de sus propios credos y posicionamientos filosóficos acuden a la convocatoria de la Iglesia Cubana y se juntan en un esfuerzo por el saber y el amor. 

La Quinta Edición correspondiente al 2005 pasó por encima de sus expectativas con talleres tales como: Educomunicación; Expresión oral y escrita; El Mundo de los valores; Educar en un mundo lleno de incertidumbres; El mundo de la afectividad; Técnicas de participación escolar; Manejo dinámico de la Biblia; y Didáctica del Inglés. Además, tres conferencias magistrales como fueron: Globalización y Educación; la vida y obra de la insigne educadora cubana María Luisa Dolz; Maestros y alumnos en un mundo de cambio. El resumen estuvo a cargo del Nuncio Apostólico en Cuba, Monseñor Luigi Bonazzi, siempre cercano y sencillo, quien nos recordó que estamos llamados a educar en la verdad y por lo tanto educar en el amor.

- LOS EDUCADORES PRESENTE Y FUTURO, publicada en El Puerto Información de Andalucía, España, con fecha 13 de agosto del 2007:

“(…) quiero escribirles hoy sobre un hecho reciente del cual fui participante directo y comprometido. Nuevamente los maestros y profesores católicos de Cuba, acompañados por colegas de otras denominaciones cristianas e incluso por quienes no confiesan ninguna creencia religiosa, nos reunimos tal y como lo venimos haciendo desde hace 7 años, para desarrollar las labores de la VII Escuela de Verano de Educadores, que con el lema “Educar es liberar” sesionó dentro de los espaciosos locales del Instituto de Ciencias Religiosas María Reina, asentados junto a la majestuosa Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de los padres jesuitas de La Habana. Fueron días de reencuentros pues vinieron participantes de las distintas provincias del país. 

Muchos no nos encontrábamos desde la anterior Escuela de agosto del 2006 y el intercambio de anécdotas, la confrontación de preocupaciones comunes, e incluso los chistes, ocuparon los tiempos libres, desarrollándose un ambiente lleno de camaradería, esperanzas y fe en el futuro. Todo esto estuvo impregnado de la franqueza cristiana y descarnada, así como del testimonio volcado hacia afuera, en un acompañamiento mutuo que tanta falta nos hace, porque muchas veces nuestra acción profética, al no ser tomada en cuenta, queda como las voces aisladas que claman en un desierto plagado de secularizaciones extremas, de una doble moral galopante y de un gran desdén por las esencias de la espiritualidad inherente a nuestra condición de seres creados a imagen y semejanza de Dios. 

Uno de los más interesantes misterios generadores del influjo interior y a veces imperceptible, que se proyecta cada año sobre los que participamos en estas escuelas, es la energía y la fuerza que nos infundimos unos a otros y que en mi criterio tiene su fuente primaria y esencial en la Obra del Espíritu de Dios que sopla con fuerza en los locales ignacianos que nos acogen. 

Estos encuentros anuales han devenido un movimiento creciente, que logra la vinculación efectiva de la Iglesia Católica Cubana con una parte de los sectores básicos de la sociedad en su proyección al futuro. En este sentido, como participante activo, he podido observar el crecimiento que se genera fundamentalmente entre los más jóvenes e inexpertos, algunos de los cuales los he tenidos muy de cerca en el trabajo cotidiano del taller en que participé. Resulta ser algo muy difícil de expresar con palabras en su abstracción básica. 

Debo decirles que lo he podido palpar objetivamente. Es un crecimiento espiritual muy estratégico hacia futuro, que desarrolla una sensibilidad consecuente con la función formadora de los educadores que asistieron a esta Séptima Edición de nuestra Escuela de Verano. Considero que todos ganamos. Yo estoy a favor de una escuela y una enseñanza laica, uniforme a partir de altos niveles de contenido y máxima calidad en su ejercicio docente. 

Todo eso es sano, pero a la vez opino que no se deberían cerrar las puertas de la Educación a la Iglesia, porque mucho puede aportar en la forja de los valores que nos faciliten una convivencia de paz, justicia y desarrollo. En esta misma dirección, creo que se deberían buscar formas creativas para que los jóvenes y niños que sus padres y familias así lo requieran, dadas sus convicciones y tradiciones, puedan recibir una enseñanza religiosa básica. Yo pienso que con voluntad siempre es posible encontrar fórmulas de solución al respecto, sin violar los principios esenciales del Estado Laico. Este mi criterio y así lo expreso.” (Fin de la cita)

Creo que sobran más palabras. Continuará.

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más