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Blog de Félix Sautié Mederos

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15 Jul 12
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Mientras transitaba por San Judas, mis reclamos existenciales se agudizaron como consecuencia del tiempo que transcurría sin soluciones en mi entorno.

En aquel tiempo de los años 2004 y 2005, de maduración de mis sentimientos religiosos y existenciales desarrollados con una intensidad muy especial dentro de la mística escolapia que respiraba en el Santuario de San Judas, mis reclamos de vida social adquirieron un tono angustioso e imperativo.

Las cosas continuaban igual sin cambios esenciales, más bien empeoraban en medio de un hastío existencial que entonces crecía por días, provocado por el desencanto generalizado que iba en aumento, al que me he estado refiriendo con insistencia, hasta nuestros días (escribo en Junio del 2012), caracterizado además por una generalizada costumbre que constato a mi alrededor, de decir públicamente una cosa y pensar en lo interno sobre el mismo asunto, de otra manera. Expresión de una doble moral que nos envilece a todos con consecuencias de futuro que pueden ser destructivas de nuestro sentido de nacionalidad y honradez de vida. No exagero, lo veo día a día y me revelo contra ello, aunque comprendo que poco puedo hacer, pero trato de lograrlo sin darme por vencido.

En las crónicas de entonces reflejo mis reclamos inducidos con intensidad sostenida tratando de erguirme sobre los desencantos provocados, lo recuerdo con el sentimiento de que todo continúe empeorando en medio de la desidia oficial y de los constantes llamados a una “disciplina autoritaria” que culpa a la población de todo, expresada con insistencia por parte de una burocracia política y administrativa todopoderosa, que trata de imponerla a toda costa, sin tener en cuenta que es ella en si misma la culpable máxima de lo que sucede a nuestro alrededor como consecuencia de un sistema agotado en el tiempo con pocas posibilidades de auto recuperación.

Como parte de mis esfuerzos de no darme por vencido, quiero dejar constancia testimonial de estos sentimientos y vivencias sostenidas en el tiempo y así fue que una crónica de inicio del año 2005 titulada “EN EL TRÁNSITO DEL 2004 AL 2005” y que fuera publicada en El Puerto Información, de Andalucía, España, con fecha lunes 3 de enero del 2005 expresé un párrafo que cito a continuación: 

“(…) Salir de los mundos virtuales que nos crean los medios masivos y las consignas de buenas intenciones semánticas, pero que no van más allá de las palabras, porque no se concretan en las realidades cotidianas, es algo muy importante para poner realmente los pies en la tierra y hacernos planes objetivos y factibles que nos permitan mejorar en nuestra forma de pensar y de actuar. 

Los dobleces en el pensamiento y la moral nos hacen peores personas y entorpecen nuestras relaciones con los demás, incluyendo en primer lugar a los seres más cercanos y queridos. Nosotros por aquí continuamos en medio de grandes penurias y angustias que contrastan con los análisis y resúmenes triunfalistas que nos colman por todas partes. 

Veo mucha desesperanza y algo que pudiera ser peor aún: un gran conformismo que se fundamenta en el criterio que todo es así porque sí y que no puede haber una mejoría real. Esto último choca con mucha fuerza cuando nos proponemos un enfoque optimista y nos planteamos dejar a un lado la queja sorda y perenne que en mi criterio lo prostituye todo, para pasar al mundo de los propósitos realmente necesarios que nos exigen tomar partido en las soluciones que necesitamos. 

Yo pienso que precisamente una de las peores actitudes que he percibido durante este año que recién termina es ese deseo interno y sutil, mediante el cual se anhela intensamente que las circunstancias y coyunturas cambien a partir de acontecimientos externos en los que no tengamos que implicarnos. O sea que las soluciones que necesitamos, como se expresa con una conocida frase: Nos caigan del cielo. 

Otra cuestión que he podido apreciar es el aumento del desencanto junto con la soledad de muchas personas y familias que sufren de una diáspora sostenida y que crece con persistencia silenciosa. Los miedos a lo que pueda suceder y los miedos a las reacciones a nuestras palabras y nuestros actos, es otro mal que tendríamos que superar, para abrirnos a la vida y al mundo. Tomar partido, actuar con confianza en nuestras propias soluciones y dejar atrás las dobleces de pensamiento y los temores enfermizos deberían ser nuestros más importantes propósitos para el 2005”. (Fin de la cita)

Los problemas a que me refiero durante largos años han planteado una sostenida crisis existencial generalizada y de fondo que poco a poco ha ido llegando a todos los estratos de la sociedad cubana y en aquellos momentos, como parte de mis propósitos de ser cronista de mi época, reflejé los criterios y predicciones al respecto que se han estado planteando desde la religiosidad popular cubana de raíces africanas y así fue que publiqué en El Puerto Información, de Andalucía, España, con fecha lunes 10 de enero del 2005 y el título: “2005 MISTERIOS Y PREDICCIONES” que cito textual:

“(…) la dimensión de lo mistérico en medio de la realidad es una característica siempre presente dentro de las profundidades de la sociedad cubana. Esa mítica impronta de embrujos y leyendas que se hacen presentes en nuestras vidas cotidianas, está muy ligada con el mal de la esclavitud que tanto dolor e injusticias trajo a nuestras tierras y sobre la cual se basó el desarrollo económico y social, así como el desenvolvimiento de los antecedentes históricos de nuestra Nación Cubana.

Con los esclavos vinieron sus tradiciones, sus costumbres, sus ideas religiosas y su sabiduría ancestral que se mezclaron en una síntesis de mestizaje y cruce de civilizaciones que marcó para siempre nuestras vidas y de la que no es posible desembarazarse, aunque no se quiera saber nada de ello, aún, incluso los que dicen no tener mezcla étnica que lo justifique o no comparte ideológicamente tales creencias ni tradiciones.

Nuestra realidad es que somos un pueblo mestizo, como mestiza fue la hispanidad que nos dio tronco común en la época de los Reyes Católicos. Nuestro catolicismo primigenio ya sincrético cuando llegó a nuestras tierras se mezcló con los orishas africanos y San Francisco de Asís se confundió con Orula, Santa Bárbara con Shangó, la Virgen de la Caridad con Oshum, y así una interminable lista. Los cultos africanos, en gran mayoría el culto yoruba a Ifá, tienen una honda influencia en nuestra Cuba de hoy a pesar del ateísmo que quiso barrer con todos especialmente con la Religión Católica que dio alma y tronco espiritual a lo cubano, a pesar de quienes se empeñan en negarlo. 

Es por eso que cuando comienza el año la población se pone atenta a las predicciones de los babalawos y busca las que considera verdaderas, pasando por encima de las manipulaciones que algunos han querido imponerles procurando que su contenido apoye a sus ideas e intereses. La prensa internacional presente en Cuba busca en estas profundidades y se junta con la población de a pie, que las toma para dar alimento a su esperanza e ilusiones.

En estas circunstancias, siempre me mantengo atento a lo que declaran los babalawos que se reúnen desde tiempos inmemoriales en una continuidad lograda en contra de los avatares que la hicieron sucumbir por etapas y dedican el 31 de diciembre a juntos realizar una muy especial liturgia de la que sacan signos que luego interpretan, a partir de una sabiduría transmitida de padres a hijos.

Forman parte destacada de esta Comisión hombres sabios y bondadosos como Guillermo Diago, Lázaro Cuesta y Víctor Betancourt, entre muchos otros más, a quienes admiro y respeto por su honradez y probidad, aún por encima de que mis creencias no coincidan con las de ellos.

Esta Comisión pronostica grandes males y dificultades para el 2005, alteraciones interpersonales, rupturas de convenios, intervenciones militares, signos espionajes entre vecinos y desastres naturales e incremento de enfermedades contagiosas para un año muy difícil que recién comienza regenteado por Shangó divinidad del rayo, de la justicia y la guerra, que castiga a mentirosos, corruptos y quienes cometan actos inmorales entre otras cuestiones. 

Avalados por haber pronosticado grandes desastres naturales para el 2004, los babalawos cubanos afirmaron en su mensaje para Cuba y para el mundo en el 2005 que sólo la Fe y la oración salvan” (Fin de la cita)

En medio de algunas generalizaciones características de su lenguaje ancestral, los babalawos cubanos reflejaron una realidad que nos golpea por todas partes, sin signos que avizoren soluciones efectivas y prácticas, lo que es demostración del vacío existencial a que me he estado refiriendo.

Por mi parte continué con mi búsqueda sostenida de recursos existenciales cuya divulgación pudiera resultar de utilidad para enfrentar el hastío y el pesimismo generalizado a que me estoy refiriendo, y, en una crónica de la época, titulada “ENFRENTAR LA DESESPERANZA Y EL PESIMISMO”publicada en El Puerto Información, de Andalucía , España, con fecha 7 de febrero del 2005, en la que me referí a la realización del Foro Social de Porto Alegre, planteé la necesidad de adoptar actitudes positivas para enfrentar ese hastío que nos está corroyendo por dentro de la sociedad cubana, que cito a continuación:

“(…) los esquemas que se nos tratan de imponer por los grandes y pequeños centros de poder que hoy subsisten en nuestro desenvolvimiento contemporáneo, acechan contra las esencias de la vida humana y ponen en peligro la posibilidad de una existencia diversa y enriquecedora con la variedad de todos, que garantice el futuro que juntos debemos forjar para que realmente logremos un mundo mejor posible. 

El Foro Social recientemente terminado en Porto Alegre, Brasil, ha puesto con fuerza en los primeros planos del debate en el mundo estas cuestiones que se reflejan con mayor o menor intensidad y adquiriendo diversas modalidades en nuestros países. Las consignas y los esquemas que nos inundan en los medios masivos, así como las directrices de diversos signos que tratan de controlarnos hasta en los más esenciales detalles de nuestras vidas cotidianas, están empobreciendo nuestros derechos de pensar y actuar con plena libertad de conciencia, al punto que poco a poco se desvirtúa el verdadero y abarcador sentido de la palabra “todos”, que incluye los contornos de las individualidades que se suman y se respetan mutuamente con los anhelos de vivir en un conjunto de paz y armonía. 

En este orden de pensamiento, les escribo de lo que experimento en mi medio específico sin ninguna pretensión de interpretar lo que sucede más allá de nuestras fronteras insulares caribeñas. A tales efectos, debo decirles que por aquí tampoco somos ninguna excepción, tal y como muchos quisieran que fuéramos, o como se nos presenta en el exterior. 

Lo que veo desde mis perspectivas existenciales, en cambio, son virtualidades vacías de contenido que se expresan en el mundo de las palabras, que no representan los hechos concretos de la realidad, sino que se refieren a los esquemas y los deseos manifestados en las consignas que sólo nos hablan de logros y virtudes en nosotros, contrastadas con únicamente desgracias y problemas afuera de nuestros ámbitos. Lo cual colma el hastío y los desengaños que nos embargan y que muchos no enfrentan adecuadamente, sino que se dan por vencidos mediante la resignación, la adaptación sin principios sobre la base de la doble moral puesta en práctica , o bien la medida extrema de tirar la toalla y marcharse para buscar afuera lo que no pueden lograr dentro. 

Así es como percibo desde mi rincón de Centro Habana el comienzo del año 2005 en la generalidad, sin grandes variaciones de lo que ya es habitual y con pocas perspectivas de movimientos positivos hacia nuevos rumbos promisorios que mejoren nuestras posibilidades de subsistencia y desarrollo con vistas a una vida mejor y más plena para todos. 

En estas circunstancias la limitación a las posibilidades de soñar, de crear y de desenvolverse sin que se nos marque el rumbo centralizadamente, es una de las más serias manifestaciones que pesan sobre el ánimo de las personas inmovilizando su optimismo y empobreciendo sus esperanzas; lo que hace de la existencia una experiencia monótona y predestinada a transcurrir por derroteros fijos más allá de las diferencias individuales y de la necesaria creatividad que le da sentido y coloratura a lo que hacemos a diario. 

En estas circunstancias, es mi criterio que por sobre todas las cosas importantes que podríamos proponernos en el nuevo año que ha comenzado, resulta prioritario decidirnos a enfrentar la desesperanza y el pesimismo.” (Fin de la cita). 

El tema de los hastíos y la desesperanza se concentró en mis crónicas de inicio del año 2005, quizás haya sido un momento en que mis angustias existenciales hicieron una explosión específica lo que no puedo recordar en medio de tantos desengaños y desesperanzas; y seguidamente publiqué una crónica al respecto, con fecha lunes 28 de febrero del 2005, también en El Puerto Información, de Andalucía, España, titulada SIN ESPERANZAS DEFINIDAS, que cito a continuación: 

“(…) en los momentos difíciles se repite con insistencia que la esperanza es lo último que debe perderse. En este orden de pensamiento considero que debemos estar muy alertas para cuidar nuestras esperanzas y aprender a ver más allá de las circunstancias que pueden presentársenos en determinados momentos de angustias y desesperación. Matar a la esperanza de los pueblos es un gran mal que puede venirnos por vía de agentes externos o por nosotros mismos debido a los desengaños. 

Y eso es un poco lo que nos está sucediendo en este 2005, cuando ya ha transcurrido el mes de Febrero completo y las sombras que nos rodean nos impiden ver luz en el futuro. Un más de lo mismo se nos repite constantemente. 

Además, es un más de lo mismo para peor, porque lo que se nos ofrece tiene muy poco que ver con las posibilidades de ser capaces de construir nuestra propia subsistencia y desarrollar nuestra superación, las que nos vienen determinadas desde los centros de control de la sociedad, que se sacralizan cada vez más en una carrera sin retorno que ahoga toda inconformidad o crítica posible, pues es parte siempre de lo perfecto, de lo único y de lo mejor del mundo. 

Cada paso que se da, cada medida, cada circunstancia o realización se nos compara con lo que puede haber en otras latitudes y se cataloga como lo mejor de todo lo que se hace. No digo que no haya cosas buenas ni mucho menos, sino que si lo que se logra siempre desde el centro de la sociedad, con pocas posibilidades de crear por parte de los individuos, es lo único posible y lo mejor del mundo, entonces las personas se sienten echadas a un lado y pierden el sentido de poder actuar por sí mismas en sus posibilidades de subsistencia y superación. 

Además, en estas circunstancias se establecen obstáculos infranqueables entre lo que nos viene desde los centros de poder y de administración y lo que podemos hacer por nosotros mismos, dañando sensiblemente a la creatividad y la esperanza. Estas contingencias conspiran contra los estímulos a la producción de bienes materiales y espirituales, así como contra la calidad de los servicios que se prestan, que necesariamente requieren en su conjunto de la participación consciente de las personas que conforman la fuerza laboral de nuestra sociedad. 

En consecuencia, la productividad del trabajo, el mantenimiento de los niveles adecuados de calidad y cantidad en la producción y en los servicios, así como la efectividad de todo lo que se hace van empeorando sin que las restricciones, las medidas de control y las normas de disciplina o los códigos éticos puedan resolver los problemas que se les presentan. 

El ser humano es el centro de todo lo que puede hacerse sobre la tierra y cuando no se coordinan adecuadamente sus intereses personales con los intereses colectivos en cualquier sistema económico o social, por mucha concepción básica de equidad y de justicia en que se fundamente, perderá eficacia en sus posibilidades subjetivas y objetivas de funcionamiento y se hará un freno en vez de un estímulo a las potencialidades básicas de las fuerzas productivas que dan dinamismo a cualquier sociedad existente. 

Eso es lo que nos está sucediendo hoy, aquí, por encima de todos los triunfalismos proclamados y nos sitúa frente a un futuro sin esperanzas definidas. (Fin de la cita)

Publicado en Unicornio.

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más