Hoy es 26 deJunio de2017

Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

Usted está aquí: Secciones Artículos de actualidad La Espiritualidad Prohibida Mientras transitaba por San Judas, los triunfalismos comenzaban a derrumbarse, en tanto que la fe y las iglesias se desbordaban
05 Ago 12
Escrito por 

Mientras transitaba por San Judas, los triunfalismos comenzaban a derrumbarse, en tanto que la fe y las iglesias se desbordaban

CCXXII. En aquellos años 2004 y 2005 de maduración de mis sentimientos religiosos y existenciales manifestados dentro de una etapa que transcurría sin soluciones a los problemas básicos, además de lo que expliqué en el capítulo anterior sobre mis reclamos de vida como parte de los fenómenos sociales en mi entorno, pude apreciar una fe y unos templos que se desbordaban de lo cual me propongo dar testimonio.

Debo recordar que en la medida que me hago más viejo, aumenta mi preocupación por escribir sobre lo que he vivido con la esperanza que pueda ser útil a los que vienen detrás de mí. Por eso procuro que nada se me quede en el olvido, para que sean mis lectores los que determinen, descartando lo que consideren innecesario. Por mi parte cumplo con mi deber de cronista de mi época, y en definitiva, todo quedará a la decisión de quienes me lean en el presente o en el futuro.

Como característica esencial de mi entorno en aquel momento, quiero precisar más efectivamente algo que puede traslucirse de lo que he estado escribiendo en La Espiritualidad Prohibida desde su primer capítulo, pero que en los momentos actuales en que mi edad ya está llegando a los 74 años (escribo en Junio 2012 y los cumpliré el 28 de Julio próximo) y que los diagnósticos médicos de estos momentos señalan una agudización de los problemas diabéticos que padezco junto con la objetiva cercanía del fin de mi peregrinaje terrenal, pues ya estoy en los límites de la esperanza de vida en Cuba, percibo con muy especiales sentimientos las frustraciones existenciales que después de más de 50 años de intentos, esfuerzos y luchas se manifiestan en el proceso socio político cubano. 

Quiero significar que he dedicado los mejores años de mi vida a este proceso y he visto como la centralización del poder, las faltas de libertades de conciencia, pensamiento, expresión, movimientos y agrupación unidas a un conjunto de prohibiciones absurdas, nos mantienen estancados aún en el año 54 de la Revolución. Ello me es motivo de amarguras, impotencia, estado de indefensión y del hastío con que vivo en la actualidad. Quiero dejar constancia escrita de estos sentimientos. No deseo pasar a la otra vida sin que mis estados de ánimos y experiencias de vida queden relatados con todos los detalles que me sean posible; quizás eso sea parte del Plan de Dios para con mi persona. Sé que son expresiones que a algunos con poder para ello no les gustará que se manifiesten y tratarán de ahogarlas con descalificaciones e incluso veladas advertencias; pero el tiempo se nos está acabando a todos los que comenzamos en estas luchas en la década de los años 50 del siglo pasado. Entonces yo era uno de los más jóvenes que tímidamente nos acercamos a aquel proceso y poco a poco nos fuimos integrando en sus filas militantes. Hoy, los más responsables de aquel proceso insurreccional que venían delante de mí ya doblan los 80 años; y algunos aún se esfuerzan por mantener el bastón del poder en sus manos, sin acabar de legar los timones de mando de la sociedad a los jóvenes que vienen detrás de ellos. Esto es muy triste y lamentable; porque mientras más se retrase esta transmisión de poder y se continúen frustrando nuevas generaciones, aumentarán las expectativas de mayores y más complicados problemas, desencantos y hastíos. Percibo que estamos ante un futuro incierto.

De algo estoy muy seguro; y es que los que así actúan y así se manifiestan, en definitiva no podrán detener el decursar de la historia porque ya se ha traspasado el punto de no retorno existencial. Lo nuevo que surge tiene la vitalidad propia de la dialéctica de la vida y contra esa fuerza no podrán pujar ni mucho menos vencer. Cada vez la situación se reduce a un problema de tiempo, hay daños que ya están hechos y sus consecuencias serán inevitables.

En cambio, quizás en el futuro lo que ausculten en la Historia de estos años de proceso revolucionario cubano, ávidos de conocer los sentimientos y experiencias existenciales de los cubanos, que los hemos vivido en estos años duros, posiblemente encuentren a “La Espiritualidad Prohibida” que estoy escribiendo tan minuciosamente y a mis crónicas cubanas. Entonces, Unicornio y POR ESTO! serán puntos de referencias, ya que en Cuba me desestiman y no me publican. Esta esperanza me anima en los momentos en que las fuerzas del cuerpo se encuentran debilitadas por los procesos de desgastes y dolores físicos que estoy atravesando. Para enfrentarlo saco fuerzas y trato de escribirlo durante todo el tiempo que Dios me conceda; ese es mi compromiso existencial hoy. Lo documento ahora, para no lamentarme en el futuro cuando tenga menos posibilidades físicas y materiales, de no haberlo hecho. En consecuencia, pido disculpas a mis lectores por lo preámbulos y reiteraciones que cada vez con mayor inclinación me dedico a añadir en cada capítulo nuevo. Es mi manera de comunicarme con el futuro, no poseo otra a mi alcance.

En medio de estas situaciones, comprendo que ya no tengo ni edad ni fuerzas suficientes para la acción social directa; y con dolor debo acostumbrarme a ver desde mi rincón de Centro Habana el surgimiento de los problemas que pudieron ser evitables y que se desencadenan ante mis inmovilizaciones físicas propias de un azúcar que a duras penas logro asimilar en mis venas a fuerza de altas dosis de insulina que como efectos secundarios me corroen por dentro. En consecuencia, lo que puedo hacer es analizarlos, exponerlos con objetividad, plantear mis criterios sobre posibles soluciones; y lo que creo más importante, dar testimonio para el futuro desde mi pasado y presente vividos. En este orden de cosas, actúo a favor del diálogo, del reencuentro, de la reconciliación y de la no violencia. 

Quiero comenzar mi presente testimonio, reiterando que el ateísmo científico de muchos años no había solucionado nada en concreto en la sociedad cubana de aquel momento, mucho menos hoy; antes, por el contrario, ha sido causa y aún sus rezagos lo son, de múltiples desencuentros y desasosiegos, que han dañado sensiblemente los logros del proceso socio político cubano. Principalmente los de los primeros años de la Revolución. 

Así es que el lunes 28 de febrero del 2005 en El Puerto Información, de Andalucía, España, regresé al tema de la esperanza, algo que ha sido una de mis constantes reiteradas en el tiempo y que incluso aún volveré a citar en el futuro. Las crisis existenciales de finales del 2004 e inicios del 2005 actuaban con mucha fuerza sobre mi persona. Su titulo es “SIN ESPERANZAS DEFINIDAS…” y cito a continuación:

“(…) en los momentos difíciles se repite con insistencia que la esperanza es lo último que debe perderse. En este orden de pensamiento, considero que debemos estar muy alertas para cuidar nuestras esperanzas y aprender a ver más allá de las circunstancias que pueden presentársenos en determinados momentos de angustias y desesperación. 

Matar a la esperanza de los pueblos es un gran mal que puede venirnos por vía de agentes externos o por nosotros mismos, debido a los desengaños. Y eso es un poco lo que nos está sucediendo en este 2005 cuando ya ha transcurrido el mes de febrero completo y las sombras que nos rodean nos impiden ver luz en el futuro. Un más de lo mismo se nos repite constantemente.

Además, es un más de lo mismo para peor, porque lo que se nos ofrece tiene muy poco que ver con las posibilidades de ser capaces de construir nuestra propia subsistencia y desarrollar nuestra superación, las que nos vienen determinadas desde los centros de control de la sociedad, que se sacralizan cada vez más en una carrera sin retorno que ahoga toda inconformidad o crítica posible, pues se parte siempre de lo perfecto, de lo único y de lo mejor del mundo. 

Cada paso que se da, cada medida, cada circunstancia o realización se nos compara con lo que puede haber en otras latitudes y se cataloga como lo mejor de todo lo que se hace. No digo que no haya cosas buenas ni mucho menos, sino que si lo que se logra siempre desde el centro de la sociedad, con pocas posibilidades de crear por parte de los individuos, es lo único posible y lo mejor del mundo, entonces las personas se sentirán echadas a un lado y perderán el sentido de poder actuar por sí mismas en sus posibilidades de subsistencia y superación. 

Además, en estas circunstancias se establecen obstáculos infranqueables entre lo que nos viene desde los centros de poder y de administración y lo que podemos hacer por nosotros mismos, dañando sensiblemente a la creatividad y la esperanza. Estas contingencias conspiran contra los estímulos a la producción de bienes materiales y espirituales, así como contra la calidad de los servicios que se prestan, que necesariamente requieren en su conjunto de la participación consciente de las personas que conforman la fuerza laboral de nuestra sociedad. 

En consecuencia, la productividad del trabajo, el mantenimiento de los niveles adecuados de calidad y cantidad en la producción y en los servicios, así como la efectividad de todo lo que se hace van empeorando 

sin que las restricciones, las medidas de control y las normas de disciplina o los códigos éticos puedan resolver los problemas que se les presentan. 

El ser humano es el centro de todo lo que puede hacerse sobre la tierra y cuando no se coordinan adecuadamente sus intereses personales con los intereses colectivos, en cualquier sistema económico o social por mucha concepción básica de equidad y de justicia en que se fundamente, perderá eficacia en sus posibilidades subjetivas y objetivas de funcionamiento y se convertirá en un freno en vez de un estímulo a las potencialidades básicas de las fuerzas productivas que dan dinamismo a cualquier sociedad existente. 

Eso es lo que nos está sucediendo hoy aquí por encima de todos los triunfalismos proclamados y nos sitúa frente a un futuro sin esperanzas definidas.” (Fin de la cita) 

Escribí sobre el apogeo de una época que pudiéramos denominar con la frase comparativa reiterada hasta el cansancio: “en el qué país del mundo… hay tal o más cual cosa o conquista…” una expresión rimbombante e hiriente hacia las demás naciones, con la que se pretendía afirmar una “superioridad” salida de los egos desbocados de las cúpulas de una Generación Histórica detenida en el tiempo y en franco proceso de involución. Quiero dejar plasmado claramente mi criterio que los comunicadores sociales y periodistas que han repetido incansablemente estos exergos, tienen una responsabilidad con la historia y con el futuro que no podrán eludir ni con los arrepentimientos más sinceros. Así lo pienso y así lo afirmo con el mayor respeto hacia las opiniones diferentes, tal y como acostumbro a plantear en mis Crónicas Cubanas actualmente. 

Poco después escribí en El Puerto Información de Andalucía, España, sobre lo que estaba sucediendo con la vida espiritual de la población en medio de sus desengaños y sus hastíos. Fue una crónica cubana del lunes 4 de abril del 2005 titulada “LA FE Y LA IGLESIA SE DESBORDARON…” que cito a continuación:

“ (…) por muy fuertes y abarcadores que sean los poderes temporales que se sitúan por encima de las personas, hay cosas del espíritu, de la vida e incluso de las leyes de la naturaleza, que pueden ser interferidas en lo referido a nuestras percepciones, así como al ejercicio de nuestras voluntades, pero que en lo concerniente a sus esencias básicas no pueden ser anuladas definitivamente, porque contra las manifestaciones del Espíritu de Dios y contra el desenvolvimiento de la leyes de la naturaleza, de la vida y de toda la espiritualidad que nos es inherente, no hay fuerza ni poder temporal que pueda prevalecer en el paso del tiempo. 

Esta es una verdad tan evidente, como que es verdad que ahora les estoy escribiendo mi crónica semanal. Yo ya he vivido muchos años y he sido testigo y participante de dramáticos procesos de cambios y transformaciones de los que puedo testimoniar con honradez de criterio y libre de todo miedo. En tales circunstancias les escribo como otras veces ya lo he hecho, sobre la forma en que las aguas, por decirlo de alguna manera comprensible, van tomando su nivel natural y rompiendo todos los diques interpuestos. 

Y hoy quiero narrarles sobre el intenso período de fe que hemos vivido los habaneros durante el fin de la Cuaresma, la Semana Santa y la Pascua de Resurrección, incluso en los días posteriores que ya han transcurrido. Puedo afirmarles, que la Fe y la Iglesia se desbordaron en un proceso creciente que cada año se renueva y fortalece. 

Los que no tuvimos ambages para manifestar nuestra Fe ya sea católica, evangélica, ortodoxa como popular o sincrética, de acuerdo con la mezcla de razas, culturas y tradiciones que constituye nuestra identidad nacional, hemos encontrado a muchos otros abarrotando los templos católicos y los cultos a los que regularmente no asisten, pero que en esta ocasión vinieron en búsqueda de consuelo y fuerzas para seguir adelante, aún en medio de las más complejas circunstancias y augurios. 

Yo lo constaté el domingo de Ramos, así como durante los oficios de jueves, viernes y sábado santo, y también del domingo de Resurrección y días posteriores. Incluso, quiero testimoniarles especialmente sobre la Procesión del Viernes Santo en La Habana Vieja que, por primera vez en más de 40 años, se volvió a efectuar tal y como se hacía en época de la Colonia Española, peregrinando por el mismo trayecto, desde el antiguo Convento de San Francisco en el Puerto de La Habana y a través de la Calle Amargura, que tomó su nombre por ser el camino de aquel Vía Crucis, hasta la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje ubicada en los límites de La Habana Colonial.

Pude ver al clero católico junto con una representación del clero ortodoxo que oficia en Cuba, unidos ecuménicamente al frente del pueblo volcado en las calles, de los niños que salían de los solares y cuarterías para unirse a los peregrinos, de los pobres y mendigos que participaron con amor y esperanza y en resumen de los fieles creyentes más sencillos que le pedían al Cristo de la Cruz y a la Virgen de los Dolores por sus intenciones y desesperanzas. 

Todo culminó cuando la noche ya nos cubría y en la Plaza del Cristo resonaron las plegarias y los cánticos de las últimas estaciones, además de la palabra sentida del Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, quien con emoción se dirigió a todos los congregados. Fue la Iglesia de Cristo que nos acogió sin reservas como Casa Común de todos”. (Fin de la Cita)

Ese desbordamiento de espiritualidad al que me refiero, tuvo un estímulo muy especial con motivo del fallecimiento del Papa Juan Pablo II, quien dejó una honda huella en el pueblo cubano durante su visita de 1998, sobre la cual hube de escribir en los capítulos correspondientes a aquellos momentos. Hasta entonces el pueblo cubano y especialmente los habaneros no habían sido muy papistas que digamos. Pero Juan Pablo II significó un punto y aparte en nuestra historia. Un antes y después que quedará con periodización histórica en el tiempo sin que pueda ser desestimado. 

En los momentos del 2005 que estoy testimoniando se produjo su deceso y Juan Pablo II marchó definitivamente para la Casa del Padre. La reacción de los cubanos fue espontánea e inmediata y a continuación cito dos crónicas que publiqué al respeto de este acontecimiento y de sus repercusiones habaneras. Son expresivas del desbordamiento espiritual de aquella época, con fecha lunes 11 de abril del 2005 en el Puerto Información, de Andalucía, con el titulo “…DESPUÉS DE DIOS ESTÁ ÉL…”:

“(…) una joven cubana en la Plaza de la Catedral de La Habana, el día de la multitudinaria Misa de recordación de SS Juan Pablo II, al ser entrevistada por la prensa dijo una frase que resume la opinión de los jóvenes cubanos católicos: ‘Lo máximo, después de Dios está él’. Aquella expresión me impresionó mucho y me retrotrajo al encuentro de Juan Pablo II en la ciudad de Camaguey con los jóvenes cubanos, durante una Misa a la que asistieron más de 100 mil personas el 23 de enero de 1998, y que resultó un desbordamiento inusitado, por la empatía de los jóvenes con el Papa, al que posiblemente nunca habían conocido en lo personal antes de su visita a Cuba. 

A Juan Pablo se le vio feliz, quizás como nunca también, porque se había encontrado con los jóvenes posiblemente más bloqueados y aislados del Hemisferio Occidental. Tal fue la emoción, que cuando el Papa terminaba su homilía, los jóvenes comenzaron a corear con gran fuerza rítmica y espontánea: ‘Que el Papa se quede en Camagüey’ y él lo repitió junto con ellos en señal de que realmente se quedaba en lo espiritual y en los impulsos de su corazón.

Pienso que esas dos expresiones, separadas en el tiempo, son el mejor resumen de los sentimientos que en Cuba hay por el Papa Viajero, no sólo en los católicos y creyentes sino en todo el pueblo que lo vio como un liberador y como un mensajero de la reconciliación, del amor y de la paz, frente a los odios y los enfrentamientos que nos dividen a los cubanos. 

Ya Juan Pablo, como muchos le decimos por aquí, ha realizado su último y definitivo viaje terrenal rumbo a la Casa del Padre, y no me cabe la menor duda que se encuentra allí; e incluso me atrevo a vaticinar, que la población mundial lo elevará a los altares por aclamación, tal y como desde tiempos inmemoriales ha sido tradición de la Iglesia, quizás sea el primer santo proclamado de esta forma en la época moderna. 

Yo he vivido muchos años ya, y he sido testigo de grandes traumas y acontecimientos, y puedo afirmarles que aquí para analizar nuestras realidades necesariamente hay y habrá que hablar de un antes y después de la visita de Juan Pablo, y ese después será cada vez más importante. 

Fueron muchos conceptos básicos, atinados y quizás podría decir que exactos para nuestra medida nacional en cantidad y calidad, y quiero testimoniarles lo que más ha calado en mí por la amplitud en su aceptación popular y por la profundidad en su sentido humano. 

En mi criterio lo primero fue su tan repetida frase: ‘No tengan miedo’ que resonó en nuestros oídos como un llamado ineludible del propio Jesús, que toca en las heridas, las angustias y los dolores de los cubanos de hoy. Ya en el aeropuerto de La Habana confirmó sin ambages los objetivos de su viaje a ‘un noble pueblo sediento de Dios y de valores espirituales (tal y como nos definió)’ y nos dijo ‘Vengo en nombre del Señor, para confirmarlos en la fe, animarlos en la esperanza, alentarlos en la caridad, para compartir su profundo sentido religioso, sus afanes, alegrías y sufrimientos’. 

Y con los jóvenes fue muy preciso cuando les planteó un mandato que considero ineludible: ‘Vuelvan a las raíces cubanas y cristianas, y hagan cuanto esté en sus manos para construir un futuro cada vez más digno y más libre ...Nadie debe eludir el reto de la época que le ha tocado vivir…Ocupen el lugar que les corresponde’. En próximas crónicas les escribiré más porque fueron muchas cosas trascendentales.” (Fin de la cita)

- El 18 de abril del 2005continué con este tema y publiqué en El Puerto Información de Andalucía, España, una crónica con el título “ENTONCES FUIMOS MÁS LIBRES…”

“(…) un alumno mío, que por cierto no es precisamente un practicante del catolicismo, hace algunos días comentado el impacto de la muerte de Juan Pablo II en Cuba, expresó una frase corta y contundente para resumir su opinión sobre el significado de la visita que nos hiciera en 1998 el Papa Grande, y me dijo: ‘Entonces fuimos más libres…’. 

Fue una expresión precisa y rápida, nacida desde muy adentro de una persona nada sospechosa de papista ni siquiera de creyente, simplemente un joven con inquietudes y preocupaciones políticos sociales. Por tales motivos quise profundizar en su opinión, porque lo que dijo estuvo matizado por el tono de una afirmación fundamentada en ideas inscriptas en lo más profundo de su ser.

Explícame tu criterio le pedí, y me respondió: porque el Papa dijo aquí muchas verdades importantes que nunca antes se habían oído en nuestros medios masivos y actos públicos. Hizo una labor entre nosotros que ninguna otra personalidad extranjera, intelectual, política o religiosa ha igualado, pues vino a pesar de todos los obstáculos y por encima de las cortesías y de la acogida hospitalaria de que fue objeto, llamó al pan pan y al vino vino, con un único compromiso con el pueblo de a pie.

Realmente fueron criterios muy firmes que ya en otros momentos y circunstancias había oído de otras personas y compartido incluso, pero que ahora se renuevan cuando recordamos a Juan Pablo con una mezcla de nostalgias y optimismos; sin tomar en cuenta criterios o debates estrictamente eclesiológicos y/o teológicos, sino como a una gran personalidad mundial que ha trascendido todos los límites de la Iglesia, para consolidarse como figura que es reconocida por los más diversos credos e ideas y muy especialmente por las grandes masas de la población mundial. 

Y Cuba, no es ninguna excepción, sino más bien un testimonio evidente de este hecho, manifestado en medio de un periodo de grandes contradicciones y confrontaciones globales. En el Aeropuerto de La Habana a su llegada dijo cosas muy precisas y en este orden de pensamiento, cito muy especialmente dos: ‘Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional’ o sea tocó una esencia básica sobre la participación y el encuentro de todos con todos por encima de todo inmovilismo y centralización. 

Además en el mismo discurso al referirse a las relaciones internacionales expresó: ‘Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades y que el mundo se abra a Cuba’ condenando al bloqueo a Cuba, pero también al auto bloqueo local que es una realidad cotidiana. En la ciudad de Santa Clara, al referirse a los problemas de la poca estabilidad familiar, habló sobre causas, tales como son (y cito textual): ‘las carencias materiales, los salarios no suficientes o con poco poder adquisitivo, la atracción por la sociedad de consumo y ciertas medidas laborales y sociales que han provocado la separación forzosa de las familias y la emigración, que ha desgarrado a familias enteras.’ Aquí abordó uno de los problemas más críticos que afrontamos hoy. 

Y finalmente cito algo que dijo en su homilía en la Plaza de la Revolución de La Habana: ‘La libertad que no se funda en la verdad condiciona de tal forma al hombre que algunas veces lo hace objeto y no sujeto de su entorno social, cultural, económico y político, dejándolo casi sin ninguna iniciativa para su desarrollo personal.’ Quizás continúe, pues aún se me quedan otras cuestiones importantes sin abordar.” (Fin de la cita)

Continuará.

Publicado en Por Esto!

Deja un comentario

- No se permiten insultos, ni palabras soeces o despectivas.
- No se permiten alusiones ofensivas sobre personas, hechos ni entidades.
- No se permiten conceptos racistas ni irrespetuosos a la diversidad de opción de las personas.
- No se permiten amenazas de ningún tipo.

left

Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más