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Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

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26 Jun 17
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La espiritualidad prohibida No. 413

Cada mes de julio marca en mi vida una muy especial incidencia, la que me lleva a escribir una reflexión existencial y esta vez no fue la excepción.
De lo que he visto, de lo que he vivido, de lo que pienso y creo.

CDXIII

Envejecer tiene sinsabores, satisfacciones, e incluso, nos presenta en nuestra conciencia una muy diferenciada ansiedad por el futuro, que se distingue de maneras específicas en las distintas etapas de nuestra existencia terrenal. Envejecer para muchos también significa abandono, soledad y pobreza; esa es otra cara de este estadio de vida que hay que tener muy en cuenta. Estas últimas situaciones muy generalizadas las puedo percibir y experimentar directamente en mi vejez.

En mi caso específico, lo percibo en medio de las exclusiones a que me tienen condenado, no sé por cuál motivo en definitiva, porque lo hacen sin explicación alguna, las acciones que día a día perpetran sobre mi persona las burocracias de la economía y la política que detentan los timones de mando de la sociedad actualmente en Cuba. Son los dogmáticos de siempre, que no aman la vida, la belleza y mucho menos el pensamiento propio que se manifiesta.

Ellos siempre se presentan con su único discurso plagado de palabras mágicas con que pretenden resolverlo todo y, en realidad, se convierten en la mayor retranca al proceso revolucionario. Los dogmáticos no son revolucionarios realmente, porque no entienden el movimiento de la vida ni la diversidad de lo que es diferente. En este orden de situaciones debo añadir, además para testimoniar mi soledad, que buena parte de mis hijos, e incluso, de mis amigos y compañeros de estudio y de trabajo, han emigrado hacia el exterior del país, lo que determina que mi Elena y yo estemos cada vez más solos y con muchas perspectivas inciertas para el futuro que se nos vine encima.

Un problema que debo añadir, y que quizás constituye uno de los mayores obstáculos latentes que se nos interponen a nuestro desarrollo socioeconómico, es la muy específica situación cubana. Esta se caracteriza por el galopante decrecimiento poblacional –que tanto nos preocupa en los últimos tiempos–, cuyas causas son achacadas al desarrollo de vida en la agitada sociedad contemporánea, sin tener en cuenta los miles y ya millones de personas jóvenes que en sus etapas fértiles de la existencia han abandonado el país, así como el desencanto generalizado entre los cubanos que vivimos dentro de nuestras fronteras que limita los deseos de tener una familia propia con hijos y descendientes ante los acuciantes problemas de la falta viviendas y de las dificultades objetivas y subjetivas para realizarse en la vida.

Por otra parte, he comprendido que, existencialmente, en las etapas iniciales de la vida y del desarrollo de nuestro existir que describo, pensamos que el futuro siempre podrá ser nuestro, mientras que de viejo ya no lo vemos así. De adulto con madurez existencial, de joven y mucho menos de niño se nos hace presente la proximidad de la muerte; eso sólo nos sucede cuando nos encontramos en situaciones de un peligro que pudiera llevarnos a perder la vida. En cambio, cuando envejecemos, en nuestros pensamientos más íntimos, aunque no nos atrevamos a exteriorizarlo, nos comienza a rondar la posibilidad segura de una muerte cada día más cercana.

En concreto, puedo decir –y reitero para que quede más específicamente expresado en mis memorias de vida– que esto que explico sobre nuestros inicios existenciales sobre la tierra se nos plantea así en buena parte de nuestro peregrinaje terrenal mientras tenemos juventud, salud y fuerzas, pero cuando biológicamente envejecemos y las enfermedades hacen mella en nuestros estados de ánimo comenzamos a pensar en la muerte que nos espera ineluctablemente. Entonces lo hacemos con mayor o menor incidencia y/o definiciones, de acuerdo con nuestro nivel de cultura y de sentido humano de la vida; pero, en esencia, todos los que envejecemos alguna vez pensamos en ello.

Yo me eduqué con un sentido místico de la vida, inspirado en un muy famoso libro de meditaciones y práctica de vida de aquella época procedente del más rancio catolicismo de entonces. Me refiero a El Kempis, cuyo objetivo principal es la preparación para lograr una buena muerte en el temor de Dios todopoderoso, lo que expresamente define como un objetivo fundamental de la existencia humana. Así fui educado desde niño en los más más drásticos conceptos de “Trento”, que nos ponían en permanente búsqueda dedicada a rogar por una buena muerte y a realizar ejercicios de voluntad que implicaban pequeños y grandes sacrificios, que se compilaban en un pequeño carnet denominado “Tesoro espiritual”, el cual facilitaba medir el pulso diariamente de nuestras acciones concretas para desarrollar la mística, la oración y la formación de la voluntad.

En mi libro Sin tiempo para morir, publicado en 1999 en Madrid por la Editorial Nueva Utopía, expreso un testimonio muy completo de estas circunstancias, que en realidad forjaron en mí un carácter fuerte y una voluntad más efectiva y mejor orientada desde el punto de vista cristiano.

He explicado todo esto, sobre lo cual también he planteado atisbos en los capítulos anteriores de “La espiritualidad prohibida”, porque son cuestiones de experiencias de vida que me han acompañado durante muchos años y que no quiero que se pierdan en el olvido, pues su exposición coadyuva a la fe y a las definiciones existenciales que de manera realista deberíamos plantearnos para enfrentar la existencia y estar claramente consciente de lo efímera que es la vida humana sobre la tierra, la que deberíamos ejercitar para alcanzar una realización completa que le otorgue sal y luz a nuestro muy específico paso por este valle de lágrimas.

Confieso que muchas veces cuando me flaquea la fe, en paralelo se presenta una preocupación existencial de quien le busca explicaciones a todo. Pero hay cosas del universo en que solo encontramos explicaciones en la fe, porque la ciencia resulta limitada en el momento. Vivimos, en definitiva, inmersos en un contrapunteo entre nuestras dudas, nuestra fe y las posibilidades que nos ofrece la ciencia en una espiral creciente.

Estas reflexiones esenciales sobre la existencia y sus enigmas se me acrecientan día a día en la medida que me hago más viejo y comprendo que el tiempo que me queda para poder entender y asimilar muchas cosas del mundo en que me ha tocado vivir me es cada día más limitado. Entonces siento la necesidad de expresarme para no quedar mudo ante tantas preguntas y enigmas. Eso es lo que hago mediante la publicación de “La espiritualidad prohibida”, con la esperanza de que mis angustias, dudas y preocupaciones sean proyectadas hacia un futuro en el que ya no estaré presente en mis sustancias actuales.

Cada año, cuando llega en el calendario el mes de julio, me acerco esencialmente al día de mi nacimiento, el 28. Antes, cuando era más joven, mis cumpleaños se convertían en hitos existenciales que me hacían soñar con el futuro de realizaciones que tenía por delante. Posteriormente, en la medida que he ido envejeciendo y a la vez haciéndome más místico, los días aniversarios de mi nacimiento se han ido transformando en la conmemoración de un año más de existencia terrenal, que a la vez se convierten en un año menos de expectativas de vida que me obliga a replantearme lo vivido, a lo que me he enfrentado y a lo que tengo por delante, para aprovechar mejor el tiempo que me queda. Algunos muy cercanos a mí me dicen que estos conceptos me son dañinos e insisten que en realidad debería olvidarme de todo para que la existencia me fuera más feliz y pasable, pero realmente no puedo hacer eso, mi educación pesa mucho y hay cosas que ya no podré obviar nunca más.

En estas circunstancias arribé a la fecha de mi cumpleaños en el 2016, mis 78 años, con la característica que en esta ocasión lo pasé en Palma de Mallorca, España, junto con mi Elena de siempre, mi hija de crianza Elenita –que es en realidad mi hija de la vejez–, muy cercana y querida, y sus tres hijitos –mis nietos andaluces Julieta, Martín y Carlota–. Fueron momentos inolvidables, siempre con mis pensamientos más íntimos de que quizás ya tuviera más tiempo para repetirlos.

En este orden de cosas, repetí lo que ya es un hábito esencial de muchos años y escribí una crónica conmemorativa publicada en POR ESTO! con fecha sábado 30 de julio del 2016 bajo el título: “Con 78 años ante tanta desidia, no me rindo…”.

La vida es una carrera de fondo en contra del tiempo, y en la medida que nos hacemos más viejos, nos da la sensación de que todo culminará en un intenso contrapunteo con las realidades que en el día a día se nos van presentando: más achaques, menos posibilidades de movernos libremente, más sentimientos y dolores externos e internos, impotencias ante lo que sucede a nuestro alrededor sin que podamos influir efectivamente a favor del cambio y/o eliminación de las improntas que son desfavorables a nuestro criterio, y otras cuestiones más, como son la desconsideración de nuestras limitaciones propias motivadas por una edad prolongada, lo que sería muy extenso relacionar.

Recientemente he cumplido 78 años de edad, nací el 28 de julio de 1938, en una época convulsa por las guerras en España y en Europa, así como inmerso en una República donde la política día a día se identificaba más con el gansterismo en medio de importantes conquistas democráticas. En aquella época, la Revolución del 30 en Cuba, como señalara Raúl Roa, Canciller de la Dignidad, se había ido a bolina y corrían los años de incubación, por decirlo de alguna manera comprensible, de lo que sería la Constitución de 1940, la más avanzada que Cuba haya establecido en todo aquel tiempo y una de la más progresista del mundo en su momento. Mi niñez y mi juventud transcurrieron en el seno de una familia acomodada que se desenvolvía en medio de una sociedad convulsa por motivo del gansterismo político, del asalto a los genuinos sindicatos de trabajadores y obreros, así como por el golpe de Estado del batistato, con sus represiones y muertes generalizadas, y por la lucha insurreccional, en la que modestamente participé.

Posteriormente alcanzamos la época de la Revolución triunfante, pletórica de sueños dirigidos a establecer equidad distributiva y justicia social para todos. En un corto tiempo se produjo la invasión por Playa Girón y la Crisis de Octubre con los misiles atómicos en Cuba. Años después, con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) y del Campo Socialista de Europa del Este, se inició una prolongada etapa que eufemísticamente se ha denominado “Período Especial en Tiempo de Paz”, la que en la actualidad subsiste, se repite y se recrudece en estos días de mi 78 aniversario.

En todo este tiempo, desde muy joven he procurado ser consecuente y he luchado por la verdad, la justicia y la vida. Llego pues a mis 78 años con mi conciencia tranquila y reconociendo mis errores, desaciertos y pecados, los que en todo momento he analizado con la práctica de un firme propósito de la enmienda, actitud que me ha proporcionado ánimos y voluntad para seguir adelante ejerciendo mi pensamiento propio y mi derecho a opinar de manera proactiva, con una crítica honrada y constructiva, lo que a algunos no les gusta y hacen todo lo que les es posible de acuerdo con su poderío para tratar de ahogarla.

En estos momentos en que me hago más viejo, confieso que también me siento más místico en mi afán por acercarme más a Dios en su Verdad y su Justicia. Sufro por las inconsecuencias y los tercos empecinamientos que me rodean por todas partes, con los que, además, algunos no cesan de manifestar sus rencores y odios, que día a día nos dividen profundamente y con los que nada bueno se podrá lograr en definitiva. Me angustian grandemente las falsedades que se producen en nombre de un socialismo nunca alcanzado, por el que hemos luchado y sufrido penurias durante múltiples años, que cada vez se aleja más de sus ideales primigenios para convertirse en más de lo mismo y en una subespecie de capitalismo de Estado vergonzante, con todas sus desventajas y ninguna de sus oportunidades para desarrollarse por uno mismo. Una caricatura de sistema que aumenta galopantemente la brecha con el pueblo, en especial con el pueblo de a pie, jalonada por una retórica vacía que ya no puede convencer a nadie.

En lo personal, quiero añadir que mi familia, como muchas familias cubanas del momento, se encuentra dispersa por el mundo. Tengo hijos y nietos en Estados Unidos, España y en Cuba, sin contar a mis sobrinos y otros familiares, que ya nunca se volverán a reunir todos juntos. Voy terminando mi peregrinaje terrenal y lo hago con ese dolor clavado en lo más íntimo de mí ser interior, porque a diferencia de otros, que tal parece que se consideran eternos, tengo la más clara certeza de que todo lo que comienza termina.

Esa diáspora que sufro, a pesar de sus ya muchos años, no da señales de que va a terminar y continúa creciendo por nuevas vías y métodos, mientras que Cuba se va despoblando cada vez más, lo que da la sensación que poco les importa a las cúpulas actuales de la sociedad cubana, que se mantiene con sus esquemas, su dogmatismo, sus burocracias y sus criterios infalibles, que ya ni el papa ejerce. Conmemoro pues mi 78 aniversario con el sentimiento que he reiterado muchas veces en mis Crónicas Cubanas, de que me ejerzo y manifiesto como una voz que clama en el desierto, a la que poco caso se le hace. Siento que muchas de las confrontaciones, guerras y lacras que marcaron a la sociedad en que nací y transcurrieron mis primeros años de vida reaparecen de nuevo con otras formas y características propias de los tiempos. Lamento que a algunos no le agraden mis consideraciones en este cumpleaños mío, pero la honradez y la dignidad así me lo exigen, y como cronista me debo a la verdad por sobre todo.

Finalmente, desde Palma de Mallorca, en visita temporal por España, quiero terminar mi Crónicas Cubanas por mi 78 aniversario proclamando públicamente que ante tanta desidia no me rindo. No tiro la toalla y continuaré adelante hasta el final. Así lo pienso y así lo expreso, con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

https://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=494863

Continuará.

Unicornio, domingo 25 de junio del 2017.

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más