Hoy es 22 deNoviembre de2017

Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

En muchas ocasiones se oyen y se leen en los medios masivos locales cubanos insistentes planteamientos sobre la necesidad de realizar un cambio de mentalidad. Su reiteración con la persistencia y el seguidismo propios de los que siempre “están de acuerdo con todo lo que se plantea desde arriba” (1), los han convertido en frases y lemas de consignas esquemáticas, que pierden su racionalidad y el sentido de su  verdadera urgencia, porque después de que se acuñó ese planteamiento de marras a que me refiero, para casi todo se reitera que lo necesario es un cambio de mentalidad, sin comprender lo que significa, ni mucho menos hacerlo.

Es noticia  en estos días, el inicio de los debates en la base de los documentos aprobados por el VII Congreso del PCC (La actualización del modelo económico y social cubano de desarrollo Socialista; así como el Plan Nacional de Desarrollo Económico y social hasta el 2030: Propuesta de visión de la nación, ejes y sectores estratégicos, de los cuales se está vendiendo al público un tabloide contentivo en los estanquillos de prensa).

Escribo Crónicas Cubanas con la intención de comunicarme con mis lectores a través de Por Esto! donde actualmente se originan, así como por vía  de otros medios y páginas digitales que me reproducen.

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, aunque el título que escogí para escribirles hoy pudiera inducirlos a pensar que voy a referirme  al respecto del  “Espiritismo” que aunque no lo comparto lo respeto profundamente, porque en la coloratura de la vida en sociedad el conjunto de las  diversas manifestaciones de fe religiosa constituye en mi criterio muy personal una riqueza de la humanidad que no debería menospreciarse, en verdad lo que pretendo con mi crónica es meditar y reflexionar sobre la importancia de la vida espiritual del pueblo con sus símbolos patrióticos y sagrados, así como muy en especial sobre el sentido profundo que posee su religiosidad muchas veces intrínseca. Todo lo cual considero que se manifiesta actualmente en medio de múltiples banalidades, rencores y odios que en mi criterio nos rodean por todas partes; y, que afloran a la superficie más inmediata, cuando nos disponemos a mirar a nuestro alrededor. Eso es algo que nunca debería menos preciarse tampoco y que opino tenemos que enfrentar decididamente si en realidad queremos vivir en una patria y una república  democrática, próspera y sustentable en la que quepamos todos sin exclusiones onerosas.

Por otra parte, lo que voy a exponer incluso y además, lo hago muy a pesar de lo que algún lector al que prefiero no mencionar por su nombre un día me planteó al respecto de que mis crónicas sobre  la religiosidad y la vida espiritual cubana lo aburría; y, me recomendó en consecuencia que no debería tratar más sobre esos temas. Personalmente lo lamento mucho y, considero que la solución al respecto de su planteamiento es que no me lean ni me hagan caso lo que así lo consideran. Sigan pues su camino de ateísmo y endurecimiento espiritual, que yo se los respeto con mis deseos de que les vaya bien en la vida. Solo les pido que respeten mi opción de creer en Dios y en la Virgen de la Caridad lo que me define como cristiano católico, tal y como respeto la suya de no creer. Pienso que así, podremos todos vivir en la paz y armonía que tanto necesita el mundo de hoy. Respetándonos unos a otros porque con el odio, los insultos, las imposiciones de fuerza y los rencores no vamos a poder construir un presente y un futuro que sea positivo para todos.

Realmente siento tristeza, también a veces cansancio, ante tanto más de lo mismo y tantos exabruptos generados a favor o  en contra, lo que crea en mi criterio una gran confusión por todas partes de nuestra nación incluso más allá de nuestras fronteras geográficas donde también viven cubanos. Algo que de conjunto lamentablemente se generaliza. Quiero confesárselo con toda franqueza,  porque no son exclusivos sentimientos míos.  Los he podido constatar también en muchas personas con que me relaciono y que me rodean. Es que para algunos la mediocridad, el insulto, los rencores y el odio constituyen armas de lucha e instrumentos de gobernabilidad autoritaria y centralizada, en mi opinión fallidos, que utilizan para lograr sus objetivos de vida; y todo eso hoy se confunde en una gran amalgama complicada y contradictoria. 

Quizás haya quienes cuando me lean, se pregunten   ¿…y, a que viene toda esta “descarga” en Crónicas Cubanas? Pues bien, el asunto es que hace algunos días conmemoramos cien años de que el Papa Benedicto XV el 10 de mayo de 1916, le hiciera saber una respuesta positiva a los veteranos de las guerras de independencia de Cuba  quienes les escribieron una carta al Santo Padre de entonces, solicitando que la Virgen de la Caridad del Cobre fuera  declarada Patrona de Cuba, en una muestra por parte de aquellos guerreros de mil batallas de sensibilidad y espiritualidad ejemplar, que deberíamos considerar muy profundamente en estos momentos de inflexión tan decisivos para nuestra identidad nacional y para el futuro de nuestro país como nación independiente y soberana con su propia idiosincrasia, cultura y espiritualidad.

Así  lo solicitaron aquellos recios combatientes endurecidos por la guerra en la manigua redentora, lo escribieron desde el Santuario de la Virgen de la Caridad, en poblado de  “El Cobre” en Santiago de Cuba, en una sencilla carta firmada por ellos con fecha 24 de septiembre de 1915. Un párrafo de aquel excelso documento patriótico considero que es digno de destacarse, incluso proviniendo de personas tan curtidas por la vida, lo que constituye un ejemplo de que la sensibilidad y la espiritualidad nacen cuando se lucha por una causa justa, aún desde las más cruentas batallas. Cito textual: “…en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro o como rocío consolador para nuestras almas, la visión de esa Virgen cubana por excelencia, cubana por el origen secular de esa devoción, y cubana porque así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras amantes esposas y así la han proclamado nuestros soldados, orando todos ante ella para la consecución de la victoria y para la paz de nuestros muertos ‘inolvidados’; y acusaría una vergonzosa ingratitud por  nuestra parte, el que a los beneficios que esa Virgen excelsa nos prodiga  permaneciéramos inactivos o mudos…

En resumen pienso yo tantos años después  de aquellos acontecimientos expresados en tan hermosa carta, así como también a cien años del hecho en sí mismo de la proclamación de la Patrona y Reina de Cuba, que la cubanía es un cemento de unión, sellado por nuestros símbolos: escudo, bandera, himno nacional y Cachita quien fuera refugio, madre y recurso desde los albores de nuestra identidad nacional (1612) a la fecha; y que esos atributos patrióticos y sagrados, deberían enraizarse en nuestros corazones y sentimientos para cambiar todo lo que realmente deba ser cambiado, comenzado por nosotros mismos al objeto de legar a nuestro hijos y nuestros nietos una Cuba mejor posible de amor, paz, justicia, equidad distributiva y desarrollo social, en donde realidad quepamos todos en un gran proceso de reconciliación, democracia y participación popular. Estos son mis sentimientos más profundos cuando se cumplen cien años de la proclamación de la Virgen de la Caridad del Cobre, la Virgen Mambisa de todos los cubanos sin excepción, como Patrona y Reina de Cuba. ¡Albricias por la Virgen cubana!

Así lo pienso y así lo expreso en uso de mi derecho inalienable a opinar, con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en el periódico Por Esto!

La Habana tiene un nuevo Arzobispo Monseñor Juan García (1948) nombrado por el Papa Francisco en sustitución del Cardenal Jaime Ortega Alamino ya próximo a cumplir los 80 años, en razón de su jubilación canóniga dado su edad y los aplazamientos ya realizados desde sus 75 años. Sucedió  hace algunos días rompiendo la monotonía ambiental propia del continuismo en las cúpulas de la sociedad cubana. Todo ello en medio de una situación política local de más de lo mismo, que precisamente fuera reforzada  por el recientemente culminado VII Congreso del PCC, en el cual no hubo movimientos significativos, necesarios y esperados de cuadros de la alta dirección, con motivo del paso de los años. En este orden de acontecimiento la Iglesia Católica, en consecuencia con su movimiento en la cúpula eclesiástica,  marca para Cuba un hito muy importante y un ejemplo, que no se debería pasar por alto.

Además quiero significar que ese nombramiento en la alta curia de la Iglesia Cubana, por demás  de alguien que incluso asume el cargo con un amplio y positivo aval de trabajo pastoral de base así como de cercanía con los más pobres en el espacio eclesiástico de las provincias de Ciego de Ávila y Camagüey de donde es oriundo y se desempeñaba como Arzobispo, ha sido en mi criterio una corriente de aire fresco en medio de tanta desesperanza. En estas condiciones hay que reconocer que la milenaria Iglesia Católica ha dado un paso decisivo que llama al futuro y refuerza la esperanza en un momento muy complicado que requiere de discernimiento, audacia y acercamiento al pueblo. Así lo veo personalmente con mi deseo de todo corazón de que el nuevo Arzobispo de La Habana Monseñor Juan García  alcance el mayor éxito posible en su labor pastoral, para lo cual posee todas las condiciones necesarias de religiosidad y capacidad, que ha demostrado hasta el presente con una vida de entrega y  trabajo sin descanso en los territorios agramontinos de los que era su arzobispo.

Por otra parte considero que en justicia hay que reconocerle al Cardenal Jaime Ortega su actuación de 35 años en La Habana junto con su vida eclesiástica en general, muy especialmente sin rencores de ningún tipo dado los avatares que sufrió al ser internado de joven en los campos de trabajo de la UMAP. Jaime ha enfrentado odios y amenazas imperturbablemente con un balance positivo.  Ha trabajado decisivamente  para el resurgimiento de la Iglesia Católica en la Arquidiócesis de La Habana y en Cuba.  Los hechos y los datos lo demuestran: crecimiento de la feligresía y de la fe en general, procesiones autorizadas, autorización para asentar nuevos curas extranjeros en Cuba, extraordinarias visitas de tres Papas a Cuba y encuentro papal en La Habana con la Iglesia Ortodoxa después de siglos de desencuentros, así como reconocimiento de la actividad pastoral, devolución de templos, mayor acceso a la televisión y la radio y otros más. Pero sobre todo nunca se le podrá negar su actuación como participante de excepción en la mediación con el Gobierno de los Estados Unidos lo que ha sido posiblemente el paso político más importante en siglos entre Estados Unidos y Cuba. También activo antes de esto en la intermediación con el gobierno cubano. Reconocer el papel y el legado de Jaime Ortega es un acto de nobleza y altruismo por la verdad histórica, que cuando transcurran los años y quizás ya nadie recuerde a quienes en vida lo han denigrado; entonces, aumentará su significado e importancia. No hay que asombrarse pues a Jesús le sucedió algo parecido en su tierra. Ver  Mateo 13, 33 al 56. ¡Albricias por Jaime!; ese es mi mensaje como cubano y como hombre de fe.

En estas coyunturas en que La Habana estrena un nuevo Arzobispo (Monseñor Juan García) que evidentemente su vida lo denota como un hombre de Dios; y habiéndose efectuado el VII Congreso del PCC, pienso que estamos ante una nueva fase del momento de inflexión en que se nos situó el 17 de diciembre del 2014 con el anuncio del restablecimiento de Relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, que objetiva y subjetivamente podría abrir caminos promisorios de futuro, aunque el “ni tantico así” referido al Imperialismo por el Che se vislumbra como un espectro sobre lo que desde entonces estamos viviendo y  que considero nos obliga a confiar desconfiando; pero nunca en mi criterio  a entorpecer lo positivo que indudablemente pueda traernos el restablecimiento de relaciones de buena vecindad, en igualdad de condiciones  con un país vecino tan cercano en el que vive el pueblo norteamericano que no es nuestro enemigo: y que no debería confundirse con el establishment  imperialista.

Por otra parte considero que también es honrado reconocer lo que ha realizado el Presidente Obama con su nueva política hacia Cuba, independientemente de cuáles sean sus verdaderas intenciones las que corresponde a Cuba enfrentar. En este orden de pensamiento  estoy muy de acuerdo con lo que al respecto han publicado dos reconocidos ex diplomáticos con plena autoridad de vida y de ideas sobre los hechos concretos de la política establecida por Obama. Me refiero a Julio Cubría y Rolando López del Amo, de quienes tomo algunos planteamientos esenciales entremezclados al respecto: “Obama ha sido el único presidente en activo que ha: declarado su oposición al bloqueo; iniciado un proceso de acercamiento a Cuba; restablecido relaciones diplomáticas…ha eliminado las brutales restricciones que la administración de George W. Bush le impuso a los cubanos residentes en los EEUU para viajar a su país de nacimiento…eliminó a Cuba de una espuria lista de países que apoyan el terrorismo …restableció los vuelos aéreos de líneas regulares, acuerdos de telefonía directa, aumento de las categorías de viajeros de los EEUU hacia Cuba, ya no sólo en grupos, sino individualmente; autorización a una inversión en la Zona Económica de Mariel, autorización a cruceros de viajeros…” y otros aspectos más diría yo como el restablecimiento del correo postal de amplia incidencia popular, que sería muy extenso citar. No hay dudas en mi opinión que nos encontramos en muy novedosas circunstancias, en las que se debe reconocer el papel jugado por la Iglesia Católica en la intermediación efectiva para que se alcanzaran estos acuerdos y acciones positivas: el Papa Francisco y el Cardenal Jaime Ortega.

En mi criterio hay que aceptarle los retos a Obama y enfrentarlos positivamente en los planos de la economía, de la política e incluso de la ideología como parte esencial de la modernización que Cuba exige en el momento histórico. Así lo pienso y así lo afirmo con mi derecho a  opinar, mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.  

Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida Yucatán , México en la Sección de Opinión

Hay conmemoraciones, incluso centenarias varias veces, que cuando el calendario nos las regresa ocasionalmente coinciden con circunstancias, angustias y necesidades que ocupan nuestros anhelos más perentorios; y entonces, su significado adquiere una especial importancia como resultó ser en mi experiencia muy personal la conmemoración Cervantina a la que asistí junto con mi esposa hace algunos días en el Palacio Velasco Sarrá junto a la Avenida el Puerto, entorno de especial belleza y en mi opinión mágico atractivo de una Habana Maravilla, tan abandonada a su suerte. Me refiero a la actividad denominada “Jueves Cervantino” como parte de los Jueves de la Embajada que regularmente realiza la Embajada de España en La Habana, en la que se expuso el tema “El Cervantismo en Cuba”, magistralmente desarrollado por el Dr. José Antonio Baujín, decano de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. 

Por fin se culminó el esperado VII Congreso del PCC en medio de la más estricta compartimentación, lo que incluye que sus documentos básicos no fueran analizados previamente en las bases del Partido ni que tampoco se hubiera auscultado las opiniones de la población al respecto tal y como se correspondería con la existencia de un partido único de la Revolución Cubana y como se ha realizado en Congresos anteriores. En definitiva,  los documentos se decidió debatirlos con la militancia y  con las organizaciones de masas y se televisaron los videos de algunas de las sesiones.

La vida humana tiene límites infranqueables, y…
Hay cuestiones con las que no se debería jugar aunque el poder temporal permita o incluso induzca a hacerlo, ni mucho menos dar patinazos como podríamos decir en lenguaje de pueblo;  y, una de esas cuestiones, es tomar muy en consideración que la vida humana sobre la tierra tiene límites infranqueables, porque todo lo que biológicamente nace, envejece y muere; o como podría decirse desde el punto de vista teológico: cambia de sustancia.

En la medida que transcurren los días y las semanas de este primer trimestre del 2016 y se acercan las fechas escogidas para la realización de dos  eventos trascendentales que son la visita del Presidente Obama, la primera de un Presidente de Estados Unidos en 88 años y la realización del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, los cubanos nos acercamos a lo que debería ser una verdadera ruptura del inmovilismo que ha caracterizado a  nuestra sociedad desde hace muchos años; y en consecuencia, las preocupaciones e interrogantes crecen principalmente porque del VII Congreso se ha publicado muy poco sobre lo que será su contenido en comparación con los seis anteriores.

CRÓNICAS CUBANAS
Pienso que la vida en sus constantes ir y venir como parte del movimiento perenne que le es esencial, nos está abocando a los cubanos a transitar por momentos excepcionales de inflexión, en los que quizás más que nunca antes es muy importante definirse y poner todas las cartas sobre la mesa para que quede claro cuál es nuestra posición y desde qué ideas partimos en el desenvolvimiento de nuestra vida presente y en nuestras proyecciones hacia el futuro, todo ello más allá de las ilusiones y/o proyecciones virtuales de una realidad que no es y que posiblemente quisiéramos que fuera. En este sentido considero que ante todo deberíamos  poner los pies sobre la tierra y decidirnos a ser nosotros mismos, no la caricatura que otros quisieran que fuéramos.

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más