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Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

16 Jun 13
Escrito por 

Entrevista a Dimas Cecilio Castellanos Martí, historiador y periodista.

Desde La Habana, Félix Sautié Mederos.

“Desentrañar las causas de la crisis en que se encuentra nuestra sociedad (...) El concepto de raza como conjunto de características heredadas si bien carece de fundamentación, como construcción social tiene efecto dañino a la dignidad humana (…) En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia (…) Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos (…)” Un reto pendiente…

Dimas Cecilio Castellanos Martí es un nombre repetido en los espacios digitales, por motivo de sus artículos referidos a los problemas actuales que entorpecen el desarrollo en Cuba y la búsqueda de las claves históricas que han tenido incidencia en su surgimiento y evolución. Como todas las personas que escriben y publican sus ideas, ha ganado amigos y también detractores. Incluso hay quienes lo descalifican y tratan de silenciarlo considerándolo en el campo de los enemigos. Estas concepciones dogmáticas han sido causa de muchas divisiones entre los cubanos, incluso entre quienes estamos a favor de la justicia social y la equidad distributiva. Son prácticas que tenemos que erradicar y darles un verdadero vuelco a esas mentalidades estrechas que poco aportan para el desarrollo y el futuro y devienen un exponente muy significativo de la necesidad de lograr el cambio de mentalidad que tanto ha reiterado el Presidente Raúl Castro. Quizás sea porque no se atreven a debatir con él sus criterios o porque optan por lo más fácil que no les busque problemas con lo que pudiera denominarse como “lo establecido”. 

Precisamente en aras de ese cambio de mentalidad es que entrevisto al amigo Dimas, con el propósito de explicitar su vida y su criterios sin exclusiones de ningún tipo; creo interesante expresar el pensamiento de este autor que, a pesar de haber sido excluido por algunos, se mantiene firme en sus criterios progresistas a favor de la paz, la libertad, la equidad distributiva y la justicia social. He tenido la oportunidad de conocerlo de cerca, hemos estado juntos en los afanes cristianos y en los estudios bíblicos y teológicos. Soy testigo de excepción de su acercamiento decisivo al cristianismo. 

Considero que sus búsquedas, su origen y su desarrollo intelectual son dignos de divulgarse, más aún por el significado que han adquirido con motivo del reciente debate sobre el artículo publicado por el intelectual cubano Roberto Zurbano en The New York Times con el controvertido título “Para los negros en Cuba la Revolución no ha comenzado aún”, que según el propio autor fue una tergiversación del título con que originalmente lo envió al periódico neoyorquino: “Para los negros en Cuba, la Revolución no ha terminado”.

Félix Sautié: Tengo entendido que fuiste militante de la Juventud Socialista en la antigua provincia de Oriente y que participaste en la VIII Asamblea del Partido Socialista Popular al triunfo de la Revolución ¿Eso es así? 

Dimas Castellanos: Sí, fue así. Milité en la Juventud Socialista (JS), la organización juvenil del Partido Socialista Popular (PSP). Fui Secretario de mi Comité de Base, Presidente de esa organización en el municipio Bayamo y Delegado a su último congreso. En 1960 ingresé a las filas del PSP, donde milité hasta su disolución en 1962. Es cierto que participé en la VIII Asamblea del PSP, celebrada en agosto de 1960, pero no como Delegado. Resulta que cuando se celebró ese evento yo estaba en la Escuela Nacional de Cuadros del PSP y se decidió que los alumnos participáramos en algunas de las sesiones que se estaban celebrando en el Hotel Comodoro, muy cerca de donde radicaba la escuela. En esta Asamblea, que fue la última del PSP se aprobó la tesis: “Defender la Revolución y hacerla avanzar”, lo que significaba impulsar la revolución democrática y popular hacia el socialismo y el comunismo, que eran los objetivos del entonces partido comunista.

—¿Cómo fue tu adhesión a esa militancia comunista y cuál ha sido tu evolución desde entonces a la fecha?

—Mi adhesión a la militancia comunista tuvo una raíz familiar y clasista. Mi padre, tabaquero, era miembro del PSP. El trabajaba en nuestra casa junto a otros 7 u 8 torcedores de tabaco. Desde niño estuve escuchando discusiones acerca de la política, la cultura, la ciencia y de otros temas; algo característico de ese oficio que permite hablar y discutir sin interrumpir la producción, lo que explica la elevada formación cultural que tenían los trabajadores de ese sector. También, aunque con menor intensidad, eso ocurría en el oficio de tipógrafo, en el cual trabajé como aprendiz en varias de las imprentas que existían en Bayamo. En ese ambiente cultural, unido a las enseñanzas cívicas en la Escuela Pública, se fraguaron mis ideas socialistas de libertad y justicia social y se desarrolló mi vocación por la política, la historia y la pedagogía.

En cuanto a mi evolución te puedo decir que en 1956, cuando se produjo el desembarco del yate Granma, yo tenía sólo 14 años, pero ya contaba con una considerable conciencia política. Por esa razón me vinculé a la Juventud Socialista e ingresé al PSP. Luego, en octubre de 1960, cuando la JS, conjuntamente con las organizaciones juveniles del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y del Movimiento 26 de Julio, se integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) fui designado como presidente en Bayamo. Seguidamente ocupé diversas responsabilidades en varios municipios y en la dirección provincial, tanto en la AJR como en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), hasta julio de 1963.

Desde aquel momento hasta hoy mis ideas han evolucionado a partir de la incorporación constante de nuevos conocimientos, de mente abierta, de las responsabilidades políticas ocupadas, de la participación en congresos y otros eventos, de las vivencias acerca del Socialismo Real durante mi estancia en Rusia, de mis estudios de Ciencias Políticas, de mi participación en la Columna Juvenil del Centenario y en la Misión Militar Cubana en Etiopía. Todo ello, unido a mis constantes lecturas me han permitido realizar un análisis crítico de la marcha del proceso revolucionario. Si bien mis ideas socialistas (justicia social y libertades) son las mismas, comprendí la imposibilidad de construir una sociedad socialista de espaldas a las libertades ciudadanas. Para mí el socialismo no puede ser sino democrático, lo que es imposible desde el control total del Estado sobre la sociedad.

—Fuiste obrero desde muy joven, creo que soldador y tuviste diversos trabajos, pero actualmente tienes nivel universitario, has sido profesor universitario y haces una vida intelectual muy activa. ¿Quieres explicarles a los lectores de Por Esto! esa evolución cultural, ¿a qué te dedicas actualmente?

—Comencé a trabajar desde niño, primero ayudando a mi madre en la venta de ropas por zonas campesinas, en una distribuidora de leche fresca, en un taller de elaboración de picadura de tabaco, vendiendo dulces y huevos por las calles, etc. Luego, desde los 11 años trabajé en varios talleres como aprendiz de tipografía, herrería y soldadura, que fue mi oficio definitivo. Precisamente por ser soldador, cuando salí del trabajo de dirección de la UJC, el Comandante Joel Iglesias, Secretario General de esa organización con el que tenía magníficas relaciones, me gestionó un puesto de trabajo en la construcción de la Termoeléctrica Renté. Luego pasé, en ese mismo oficio, a la construcción de los edificios del Distrito José Martí, también en Santiago de Cuba.

Debido a mi vida laboral, durante mi niñez estudié irregularmente hasta el quinto grado de escolaridad. Estando en Renté, ya con 21 años de edad, se realizó una prueba de escolaridad en la cual obtuve un cuarto grado y desde ese nivel reinicié mis estudios, siempre en horarios nocturnos. Con la ayuda de una maestra particular alcancé el sexto grado en dos meses y en 1964 matriculé en una Secundaria Obrera –de un año de duración– e ingresé a la Facultad Obrera Campesina que funcionaba anexa a la Universidad de Oriente, donde en dos años y medio alcancé un nivel “equivalente” al preuniversitario. En 1967 fui seleccionado para estudiar Metalurgia en Rusia, pues el Gobierno de Cuba tenía entonces el propósito de convertir a la Isla en una potencia metalúrgica. Permanecí dos años en aquel país, pero mi formación básica acelerada resultó insuficiente para concluir los estudios: había transitado en menos de cuatro años de cuarto a 12 grados. A mi regreso a Cuba estuve seis meses en la Columna Juvenil del Centenario y en 1971 matriculé Ciencias Políticas, donde fui el segundo expediente de mi curso y me gradué de Licenciado. Mientras cursaba la licenciatura, por mi condición de Alumno Ayudante de Psicología Social, de forma simultánea me permitieron cursar varias asignaturas en la Escuela de Psicología de la Universidad de La Habana, lo que me ayudó a una formación profesional mucho más integral. 

Una vez graduado comencé a trabajar de profesor de Filosofía Marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (devenido en 1976 Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana), donde, por no circunscribirme al esquematismo que se exigía en la enseñanza de esa materia y no ser miembro del Partido Comunista, fui separado de la docencia, a pesar de las excelentes evaluaciones que había obtenido. Seguidamente fui reubicado como técnico de Información Científica, matriculé varios cursos de post-grado y vinculé mis conocimientos filosóficos con esa actividad, por lo que me decían “el filósofo de la información”. En 1992, por mis ideas socialistas democráticas, fui excluido del Ministerio de Educación Superior. 

Actualmente, como aficionado a la historia, me dedico a investigar y escribir acerca de la relación entre la problemática cubana de hoy y la historia precedente. Los resultados los publico en El Blog de Dimas y en varias publicaciones digitales alternativas. Me ocupo en esa actividad, ya que considero que después de haber participado en el proceso revolucionario, de evolucionar cultural y políticamente y de tener una comprensión del papel de la historia en la marcha de los procesos sociales, no debo hacer otra cosa que ayudar, desde dentro de mi país, a desentrañar las causas de la crisis en que se encuentra nuestra sociedad.

—Entre las disciplinas que has estudiado se encuentran los estudios bíblicos y teológicos. ¿Qué conceptos tienes de la espiritualidad y de la fe religiosa?, ¿cómo te ubicarías en estas dimensiones de la vida?

—En el año 2001, 26 años después de terminar la licenciatura en Ciencias Políticas, matriculé en el Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT), donde me gradué en 2006. Mi interés por los estudios de Teología nació de experiencias espirituales vividas que no tenían explicación dentro de la Filosofía Marxista. Me bauticé y me incorporé al Movimiento de Trabajadores Cristianos. Al familiarizarme con la esencia de las ideas cristianas capté su relación con la justicia social, las libertades y la política, la cual por su impacto en el destino de las personas y de los pueblos no podía ser ajena a Cristo. Por esa razón incorporé la espiritualidad y la fe religiosas a mi cosmovisión, lo que me ha servido para redoblar mi compromiso con la lucha por la edificación de un mundo mejor. Si una de las manifestaciones de la política es la realización de lo necesario, o como a algunos les gusta expresar, el arte de hacer posible lo necesario, sin dudas Jesús hizo política. La discusión entonces se desplaza a dilucidar la forma peculiar en que la realizó. Si Jesús fue o no revolucionario.

La revolución es una forma de cambiar la realidad que brota de las injusticias sociales, pero siempre con independencia de la forma en que surja, constituye un intento de solución extremo que se activa cuando fallan los intentos legales y/o moderados y se impone una modificación radical de la situación existente. El hecho es que, por el empleo de la violencia, en las revoluciones siempre se impone el más capaz en su empleo, como lo demuestra fehacientemente la historia universal.

Esa forma de luchar por la justicia es diferente a las enseñanzas de Jesús, en quien el perdón constituye una piedra angular. Entonces, entre la forma revolucionaria de pretender alcanzar un “mundo luminoso” y la forma empleadas por Jesucristo para alcanzar el Reino de Dios, sólo queda en pie el objetivo declarado a favor de la justicia y la felicidad de los seres humanos. De ahí en adelante se distancian, pues el perdón, el amor, la paz y el convencimiento son los fundamentos característicos de la doctrina cristiana. La coincidencia entre ambos métodos radica en los objetivos y no en los resultados que se obtienen. Por ello Jesús no fue ajeno a la dimensión política en la que ubico mi vida. Precisamente, mi adhesión a las ideas cristianas de ética y justicia social unida a mi vocación por la historia, ha influido considerablemente en el estudio de los fundadores de la nacionalidad cubana, comenzando por el padre Félix Varela.

—¿Entonces, qué importancia le concedes a los estudios de la Historia y a su utilización en los análisis socios políticos y económicos?

—Como todo presente tiene sus claves en el pasado, la historia deviene fuente indispensable y herramienta insustituible para la comprensión de los fenómenos sociales. Los hombres pueden acelerar o retardar la marcha de la historia, pero no pueden detenerla. En Cuba, después de 1959, se intentó atribuir a un acontecimiento temporal un carácter eterno, lo que condujo al aplazamiento de las transformaciones constantes que reclama toda sociedad. Hoy, al romperse el inmovilismo por diversas causas, el país se está viendo obligado a corregir el rumbo equivocado. Una tarea que rebasa a cualquier hombre, grupo, partido o institución y que requiere, por tanto, la participación de todos y un enfoque estructural y sistémico a tono con la crisis en que estamos inmersos, donde la historiografía –análisis e interpretación de hechos históricos– tiene un importantísimo papel que desempeñar; pues resulta muy difícil, por no decir imposible, encontrar salidas viables a nuestros problemas sin tomar en cuenta las ideas contenidas en el pensamiento cívico, político, económico, cultural y científico de cubanos ilustres que nos precedieron. Esa afición por la historia está reflejada en cada criterio que expongo y en todos los artículos o ensayos que escribo.

—He tenido la oportunidad de leer algunos trabajos tuyos sobre el problema del negro en Cuba y también hemos conversado algunas veces al respecto. En este orden de pensamiento, quiero hacerte varias preguntas qué considero importantes. 

La primera: Realmente después de todo lo que ha realizado la Revolución de 1959 a la fecha ¿subsisten problemas raciales que afectan la vida y el desarrollo social de la población negra y mulata cubanas? En caso de ser afirmativo pudieras plantear una breve reseña al respecto.

—Sí, los problemas raciales subsisten. El concepto de raza como conjunto de características heredadas si bien carece de fundamentación, como construcción social tiene efecto dañino a la dignidad humana. En Cuba se trata de un fenómeno complejo enraizado en nuestra historia económica, sociológica y cultural que se reproduce en el tiempo. En ese sentido adelanto en forma de tesis, algunos de sus aspectos y momentos claves:

- Los negros africanos aparecieron en el escenario cubano a principios del siglo XVI, pero fue a fines del XVIII que su entrada masiva transformó la composición étnica de la población, la geografía, la historia, la cultura y la estructura social del país. 

- Sin ser dueños ni de su propia persona, los esclavos, sometidos a condiciones de vida antihumanas respondieron con sus luchas: la cimarronería (1), el apalencamiento (2) y las sublevaciones. En una desigualdad total respecto al blanco, el negro devino criollo, pero diferente al criollo blanco, lo que parafraseando a Jorge Mañach, impidió compartir un propósito común por encima de los elementos diferenciadores. 

- En la Guerra de los Diez Años iniciada en 1868, los hacendados blancos aspiraban a libertades económicas y políticas, mientras que los negros aspiraban a la abolición de la esclavitud. La relación coetánea de esos propósitos –independencia y abolición– constituyeron el punto de partida para la formación de una conciencia nacional, en un contexto donde las desigualdades y la discriminación racial actuaban como freno. De todas formas esa guerra, aunque terminó sin alcanzar plenamente sus objetivos, asestó un golpe a la esclavitud al liberar a los esclavos que participaron en la contienda y refrendar un conjunto de libertades (contenidas en el Pacto del Zanjón) que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana. 

- En el intermedio entre la Guerra de los Diez Años y el inicio de la Guerra de 1895, Juan Gualberto Gómez expuso varios principios similares a los que seis décadas después utilizara Martin Luther King para la lucha cívica de los negros norteamericanos y fundó el Directorio Central de Sociedades de Color, desde el cual se movilizaron miles de negros ,que resistiendo, enfrentando incidentes penosos y acudiendo a la ley, ganaron espacios y facilidades desde palcos y lunetas en teatros hasta el acceso a las aulas de escuelas públicas, limitadas para niños blancos.

- Al reiniciarse la guerra por la independencia, cuando ya la esclavitud había sido abolida, los negros se incorporaron nuevamente, ahora por la igualdad social. Como antes, debido a su pericia en las cargas al machete y la vida en la manigua, la igualdad y solidaridad se impuso a los prejuicios raciales. 

- Al arribar a la República, donde esas habilidades eran inútiles, faltó un proyecto sociológico encaminado a la disminución de la brecha económica y cultural entre blancos y negros. Esa carencia se reflejó en los cargos públicos, en el comercio, los bancos, las agencias de seguros, las comunicaciones, el transporte, las tabaquerías, e incluso, en la composición del ejército republicano, integrado mayoritariamente por blancos, en un país donde la mayoría de los combatientes por la independencia habían sido negros. 

- Las constantes frustraciones en los primeros años republicanos condujo al alzamiento en armas de los miembros del Partido Independiente de Color en mayo de 1912; una acción que terminó con el más horrible crimen cometido en nuestra historia, pues se produjo entre cubanos de tez blanca contra cubanos de tez negra, entorpeciendo una vez más el proceso inconcluso de identidad y destino común. 

- En la década del 30 del pasado siglo, varios órganos de prensa, emisoras de radio y destacadas figuras de la política y la cultura cubanas se enfrascaron en un debate público contra el racismo, ayudando con ello a la inserción y al desarrollo social y cultural del negro y consiguientemente al fortalecimiento de la conciencia encaminada hacia un destino común. Uno de sus resultados fue la inclusión, en la Constitución de 1940, de un principio jurídico imprescindible para el fomento de la igualdad entre negros y blancos al declarar: “ilegal y punible toda discriminación por motivo de raza, color o clase y cualquiera otra causa lesiva a la dignidad humana.” (3). Sin embargo, dicho principio quedó pendiente de la nunca promulgada ley penal complementaria contra la discriminación. 

- En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia. Sin embargo, junto a los beneficios se perdieron los instrumentos y espacios cívicos que habían coadyuvado al avance logrado. El error consistió en considerar la discriminación racial como resultado de la existencia de las clases sociales, por lo que, una vez que éstas fueron eliminadas, se procedió a proclamar su fin en Cuba. Tan significativo “logro” condujo a la decisión de sacar el tema del debate público. Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos.

- Sin embargo, la igualdad de derechos proclamada tenía un lado flaco: la desigualdad heredada e irresuelta. Es decir, el punto de arrancada, aparentemente igual para negros y blancos, contenía una gran desventaja para los primeros. Eso explica que las universidades, que se pintaron de negro y de mulato, recuperaron su antiguo color. ¿Por qué?, entre otras razones, porque la familia del negro, con salvadas excepciones, por su origen no podía dar la importancia que merecen los estudios de sus descendientes (recuerdo a mi padre, nieto de esclava, decirle a mi madre: ¡déjalo!, que él estudiará cuando sea grande). Es decir, se adoleció del apoyo familiar tan necesario para el salto, lo que facilitó la reproducción del status anterior. 

- Con la crisis del Socialismo Real en 1989, el negro que por sobradas razones históricas no emigró, quedó excluido de las añoradas remesas familiares, lo que se reflejó en el renacimiento de las desigualdades sociales, en la alta proporción de negros en los establecimientos penitenciarios, en una significativa presencia durante el éxodo masivo de agosto de 1994, en su concentración en barrios pobres y marginales, y consiguientemente en la reanimación de la discriminación.

En resumen, a lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno de tal complejidad, en consecuencia se reprodujo y continúa presente en nuestra sociedad, pasado medio siglo de poder revolucionario. Su más reciente prueba es la polémica en torno al intelectual negro Roberto Zurbano, director del Fondo Editorial de Casa de las Américas, suspendido de esa responsabilidad por un artículo suyo que el The New York Times publicó bajo el título “para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”, aunque en una entrevista, él aclaró que el título original era más bien que la revolución “no ha terminado”, pero reafirmó sus ideas acerca de que “sobre el racismo hay mucho que discutir todavía”.

En la polémica suscitada se pueden distinguir dos aspectos: uno, la presencia o no del racismo en Cuba; otro, el tratamiento al tema dado por los críticos de Zurbano.

En cuanto al primer aspecto, estrechamente relacionado con las tesis expuestas, me referiré sólo a dos de las cuestiones básicas expuestas por Zurbano:

“La diferencia económica creó dos realidades contrastantes que persisten hoy. La primera es la de los cubanos blancos, que han movilizado sus recursos para entrar en una nueva economía impulsada por el mercado y cosechar los beneficios de un socialismo supuestamente más abierto. La otra es la de la pluralidad de los negros, que es testigo de la muerte de la utopía socialista.” 

— Esta afirmación confirma la similitud entre la situación de los negros, al arribar a la República, carentes de economía e instrucción, y la falta de posicionamiento hoy, para participar en condiciones de igualdad ante las medidas de liberación económica que se están dictando. Un hecho que devela la reproducción de las causas, pues una de las fuentes de la participación de los cubanos está en las remesas provenientes del exterior, ante la cual los negros están en total desventaja. Por tanto, los cubanos de tez oscura continúan en desigualdad respecto al punto de partida.

“El racismo ha estado oculto y se ha reforzado en Cuba, en parte porque no se habla de él. El Gobierno no ha permitido que los perjuicios raciales sean debatidos o confrontados política o culturalmente. En lugar de esto, a menudo ha pretendido que no existen”. 

—Aquí radica otra de las claves de la permanencia del racismo. Se suspendió el debate del tema y ahora, 54 años después, no sólo resulta incómoda su aceptación, sino que algunos intelectuales de los que han atacado a Zurbano llegan, incluso, a negar su permanencia.

En cuanto al segundo aspecto, referido al tratamiento dado al tema por los críticos de Zurbano, salta a la vista una dificultad adicional para la erradicación de la discriminación racial en Cuba: la ausencia de una cultura de diálogo y debate, que ha anulado en gran medida la función de las ciencias sociales. No es posible dialogar de forma objetiva y con fundamentos, sin transgredir los límites impuestos por la ideología dominante. Ello es suficiente para anular la efectividad del diálogo y el debate en la solución de los problemas sociales. En este sentido se dirige la afirmación de Guillermo Rodríguez Rivera: La Revolución Cubana no sólo inició la lucha contra el racismo y la discriminación, sino que puede decirse que nunca esa lucha había sido tan a fondo como en ese momento de nuestra historia. En una postura que asemeja más a un vigilante que a un intelectual, Rodríguez Rivera señaló que Zurbano debía indagar el asunto con sus mayores. Este y otros planteamientos de los críticos de Zurbano develan los límites establecidos por el poder y su acatamiento; una conducta que tiende a paralizar el pensamiento al encasillar a los que piensan diferente en las categorías de amigos o enemigos. 

Sin dejar de reconocer el papel que están desempeñando algunos espacios emergente de discusión, la complejidad del tema racial en Cuba obliga al debate público, donde, parafraseando a Víctor Fowler, participen todas las tribunas de opinión. La polémica suscitada por el artículo de Zurbano debiera convertirse en uno de los caminos para consensuar, entre todos, posibles soluciones al tema de la discriminación racial.

—Mi segunda pregunta en torno a los problemas de un racismo subsistente es: Desde tu punto de vista ¿cuáles podrían ser las líneas fundamentales de solución?

—Considero que las líneas fundamentales para su solución deben brotar de los estudios, del debate público y del consenso. Nadie tiene la verdad en sus manos, pero la podemos conformar entre todos. Lo que está claro, como nos demuestra nuestra historia, es que su erradicación no depende sólo de la promulgación de leyes, que es lo que se ha hecho desde el nacimiento de la República hasta hoy, sino también de un análisis multidisciplinario de su origen, desarrollo y tratamiento recibido. 

—Y mi tercera pregunta, respecto a este tema: ¿Qué relación tendrían esos problemas con la definición, evolución y desarrollo de nuestra identidad nacional?

—Si entendemos por nación –desde el punto de vista sociológico– la fusión de los principales factores sociales que componen un país, resultado de un largo proceso de acercamiento e integración social, cultural y económico que conduce gradualmente a la unidad en la diferencia, en un momento de la historia y en un territorio determinado, entonces la relación del tema de la discriminación racial es determinante para la evolución y desarrollo de nuestra identidad nacional, pues compartir un destino común es imposible en condiciones de desigualdad. Ese es el reto pendiente.

—Finalmente, debo decirte que ésta sí es la primera entrevista que te hacemos; en el futuro quizás tendríamos que volver sobre estos temas, pero antes de terminar quiero preguntarte si tienes algo que quisieras añadir para su publicación. 

—La convicción de que la situación de Cuba no encontrará una salida viable, hasta tanto las libertades y los derechos permitan, primero, la reconstrucción del concepto de ciudadano, hoy desaparecido, y desde ahí enfrentar los múltiples retos que la sociedad cubana tiene por delante, para poder insertarse en la era de la globalización, de informatización y de las novísimas tecnologías de la comunicación, lo que tiene su punto de partida en la incorporación definitiva de Cuba a los pactos internacionales de derechos humanos.

Notas:

(1) Cimarrones: esclavos prófugos de sus amos que hacían vida solitaria en el monte.

(2) Apalencados: comunidades estables de cimarrones ubicadas en lugares de difícil acceso para sus perseguidores (rancherías) conformadas por varios bohíos y producciones para el autoabastecimiento. 

(3) T. FERNANDEZ ROBAINA. El negro en Cuba 1902-1958, p. 144

Publicado en Unicornio

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más