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Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

28 Jul 13
Escrito por 

Entrevista a Esteban Morales, economista y politólogo

Desde La Habana,

Hablar con Esteban Morales es entrar en contacto con una sabiduría ancestral hecha ciencia social de punta, porque es un ejemplo vivo de superación intelectual hasta los más altos niveles del saber científico con consecuencia a sus orígenes, de los que nunca se ha arrepentido y defiende con caballerosidad significativa. Esta consideración muy personal por alguien siempre amigo y siempre afable, la quiero compartir en la presente entrevista que le hice hace algunos días, con los lectores de Por Esto! a través de su suplemento Unicornio.

… todo intelectual debiera ejercer la docencia, porque en particular los jóvenes necesitan de todas las experiencias acumuladas en cualquier campo del conocimiento y de la cultura… nuestras imperfecciones sociales actuales no nos han permitido superar muchos lastres heredados del régimen colonial y otras cosas que se reproducen como fenómenos con una relativa novedad dentro de la sociedad cubana de hoy. A pesar de que durante estos años, la Revolución Cubana ha luchado contra la discriminación y la desigualdad, hasta los mismos bordes del igualitarismo… no todos los grupos raciales que forman hoy la nación cubana, la integraron de igual forma… Los negros, resultado de la trata esclavista, vinieron obligados en los barcos negreros, cazados o comprados en las costas de Africa, para trabajar como esclavos. Lo cual generó puntos de partida muy diferentes para los dos grupos más importantes y mayoritarios que integraron nuestra población… Esos puntos de partida aún no han logrado ser superados… los negros y mestizos (éstos últimos surgidos de la mezcla) partieron de muy atrás y ello aún se refleja en los niveles de vida y capacidades de ascenso social dentro de la población cubana… En Cuba nadie acepta el calificativo de racista… en la Cuba de hoy quien quiera continuar siendo revolucionario, debe tener su propia guerra, librar sus propias batallas y asumir los riegos que le vengan encima… Yo soy de la opinión de que toda revolución, en cualquier campo de la vida, tiene que auto renovarse continuamente. Yo quiero seguir estando siempre en la izquierda, es el lado del espectro político-ideológico que más me satisface. Pero la izquierda no puede ser estática, creo que hay que buscarla continuamente, dado que creyendo estar en la izquierda, es posible terminar en la derecha… de ese modo, tal vez, me siento siempre parte de una nueva izquierda…”

Félix Sautié: Amigo Esteban, hace mucho tiempo que nos conocemos y puedo decir que he coincidido insistentemente con tus ideas y criterios. Sé que eres ampliamente conocido, pero quiero entrevistarte porque estoy realizando una actividad dirigida a presentar en el periódico Por Esto!, de Mérida, Yucatán, a los que considero exponentes de la Nueva Izquierda cubana.

¿Podrías brevemente exponernos los aspectos principales de tu currículo? ¿Cómo escribirías una nota curricular para incluir en un libro tuyo, presentado ante una exigente editorial que podría ser el público lector de Por Esto!? 

Esteban Morales: Soy Lic. en Economía, Doctor en Ciencias Económicas y Doctor en Ciencias. Profesor-Investigador Titular de La Universidad de La Habana. Miembro de la UNEAC. Se me reconoce como un Especialista en Estados Unidos, particularmente de sus relaciones con Cuba. Especialista en Relaciones Raciales en Cuba. Como economista, politólogo y ensayista. Tengo 15 libros como coautor y autor principal. Más de 150 artículos científicos y periodísticos. He participado en más de 100 eventos científicos internacionales. He sido Profesor Visitante en más de 15 universidades y centros científicos en los Estados Unidos, Japón, México, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Polonia, Unión Soviética, Canadá. 

¿Añoras la docencia universitaria que has ejercido durante mucho tiempo? ¿Crees tú que la labor intelectual intrínsecamente debería tener una función docente? ¿Sería eso una limitante para su ejercicio o por el contrario complemento y objeto?

— No la puedo añorar, porque a pesar de estar jubilado desde el 2010, la continúo practicando sistemáticamente. Cumplo todas las tareas académicas como un profesor de alta categoría científica, trabajando en conferencias, maestrías, doctorados, asesoría académica .Miembro de tribunales de doctorados, etc. Imparto cursos de Maestría y de postgrado. Creo que el ejercicio de la docencia es muy útil a la sociedad y para uno mismo, para mantenerse activo, sobre todo, ligado al estudiantado, que es reconfortante; al claustro universitario y a la academia en general. Sobre todo, con el compromiso de brindar las experiencias que hayamos logrado acumular. No podría nunca abandonar esa actividad que despliego como si aún no me hubiera jubilado. No representa para nada una limitante, al menos en mi caso, porque toda mi vida intelectual está vinculada al magisterio, a la academia y al trabajo científico en general .No concibo mi vida fuera de ese entorno. La mayor satisfacción a mi edad de 71 años, es saber que he logrado contribuir a la formación de muchos jóvenes. Pienso que todo intelectual debiera ejercer la docencia, porque en particular los jóvenes necesitan de todas las experiencias acumuladas en cualquier campo del conocimiento y de la cultura. No veo contradicción alguna. Mientras más experimentado seamos en la vida cultural y científica, creo que más comprometido debiéramos sentirnos con practicar la docencia.

Aparte de tus muy interesantes estudios y análisis sobre Estados Unidos, he seguido con gran interés tus escritos sobre el problema negro en Cuba, por denominarlo de una manera compresible al lector de Por Esto!; incluso me he manifestado favorablemente al respecto de tus criterios en algunas de mis Crónicas Cubanas; en consecuencia, te pregunto en nombre de mis lectores ¿Realmente hay un problema negro en Cuba? ¿Cómo lo describirías tú para un lector profano en este asunto?

— Yo no utilizaría el término de “problema negro”, pero en esencia sé lo qué quieres decir y comparto las cosas tuyas que he leído. Yo diría más bien que arrastramos y no sólo como un lastre histórico, sino que reproducimos la discriminación racial y la existencia de racismo aún en Cuba.

   

No se podría decir que la sociedad cubana es esencialmente racista, pienso que hemos avanzado. Pero nuestras imperfecciones sociales actuales no nos han permitido superar muchos lastres heredados del régimen colonial y otras cosas que se reproducen como fenómenos con una relativa novedad dentro de la sociedad cubana de hoy. A pesar de que durante estos años la Revolución Cubana ha luchado contra la discriminación y la desigualdad, hasta los mismos bordes del igualitarismo. Con una política social extraordinariamente humanitaria. Aunque esta política, al haberse concentrado en el problema de la pobreza y no tomar en cuenta el color, excluyó una variable de profundo contenido de diferenciación social. 

Es que no todos los grupos raciales que forman hoy la nación cubana, la integraron de igual forma. Los llamados blancos, (españoles), porque en realidad no lo son después de 800 años de colonización árabe; pero llegaron con credenciales de blancos y así se quedaron, en fin eran los colonizadores; vinieron a Cuba por voluntad propia, buscando una fortuna que no pocas veces encontraron; y concentraron el poder. Los negros, resultado de la trata esclavista, vinieron obligados en los barcos negreros, cazados o comprados en las costas de Africa, para trabajar como esclavos. Lo cual generó puntos de partida muy diferentes para los dos grupos más importantes y mayoritarios que integraron nuestra población.

Esos puntos de partida aún no han logrado ser superados. Pues aunque en Cuba la pobreza fue también masivamente blanca, la riqueza nunca fue negra.

Muchas rebeliones antiesclavistas, tres Guerras de Independencia y casi 60 años de república, no cambiaron la situación antes explicada, y fue sólo a partir del triunfo de la Revolución en 1959, que los pobres en general y los negros en particular, lograron en realidad, tener oportunidades de ascenso social en Cuba. Pero los negros y mestizos (estos últimos surgidos de la mezcla) partieron de muy atrás y ello aún se refleja en los niveles de vida y capacidades de ascenso social dentro de la población cubana.

Esa fue la herencia que recibió la Revolución Cubana en 1959 y a pesar de haber luchado denodadamente contra ella, aún no la ha podido superar. Porque más de 400 años de esclavitud y 60 años de república neocolonial no se superan en poco más de 50 años de Revolución, por muy radical que ésta haya podido ser.

En mi más reciente artículo, publicado en la página Moncada, llamando a la necesidad de un debate público de estos problemas, reflejo esos asuntos con bastante amplitud. Donde digo que los señalamientos realizados por el Compañero Presidente, en su discurso de Clausura de la Asamblea Nacional, tienen también en las relaciones raciales actuales en Cuba, una expresión dolorosa.

Yo diría, también, que aún en Cuba, no hemos logrado completar el cuadrilátero de fuerzas sociales, que nos permitiría atacar la cuestión racial de manera radical y profunda. El tema racial no está en la escuela, donde no se menciona el color, impidiendo que pueda pasar a la cultura; no se ve reflejado en los medios masivos; está en pañales dentro de la ciencia y nuestras estadísticas son incoloras, generando un considerable nivel de invisibilidad de nuestra población negra y mestiza.

Apenas entre finales de los años ochentas y principios de los noventas, volvimos a enfrentarnos al tema, siendo el propio Compañero Fidel Castro el que lo retomó. Estamos moviéndonos en la dirección de atacarlo fuertemente, pero aún no forma parte del debate público como debiera hacerse, según mi opinión, y permanece secuestrado en espacios limitados, en públicos interesados, pero aun pequeños, con ninguna divulgación en los medios, de lo que en esos espacios se discute.

Por eso en mi último artículo, llamo la atención fuertemente a que el tema forme parte del debate público nacional, esté en la agenda de todas las organizaciones políticas, de masas, culturales y en todos los espacios de la sociedad civil cubana. Pues, generalmente, su no reconocimiento es uno de los problemas más serios que enfrentamos para solucionarlo. Cuba ha devenido en el paradigma que nos dice, que no basta autoproclamarnos como una sociedad socialista y luchar contra el capitalismo, para solucionar la discriminación racial y el racismo. Hay que avanzar mucho más allá, sobre todo en el orden político y cultural.

¿Qué haces en concreto al respecto de este importante asunto? ¿Qué podríamos hacer todos los cubanos?

— Tenemos comisiones nacionales que abordan el problema. La Asamblea Nacional ha comenzado a prestarle atención. Tenemos debates en las provincias del país. Se negocia con todos los organismos del estado y el gobierno para que desempeñen el papel que les corresponde. Pero aún no hemos logrado romper el nudo burocrático que nos impide avanzar más rápido en el tema.

Siendo esos los obstáculos, que nos impiden decir que de manera total, ya el racismo y la discriminación no son un problema institucional en Cuba. El estado no es racista, el gobierno no lo es, nuestras instituciones no son racistas, pero aún no logramos que todas participen con la fuerza de su institucionalidad para erradicar el problema.

Otros retos los tenemos con la identidad. Los cubanos debiéramos fortalecer nuestra identidad. Durante años prestamos una fuerte atención a la identidad nacional, como resultado del enfrentamiento político con Estados Unidos en particular. Pero el asunto de la identidad cultural y racial quedaron rezagadas. No avanzaron de igual forma, para que hayamos logrado completar el sistema que nos permitiría estar en ventaja en la lucha que aún tenemos que librar contra la discriminación racial y el racismo que sobreviven.

Carecemos aún de la conciencia racial que hace falta para combatir contra el racismo y la discriminación. Nuestro racismo, al ser un racismo menos de apartheid, menos de separación de los colores, más de compartir entre todos, más hipócrita, más de blanqueamiento, tuvo también el lado negativo de impedirnos ganar una fuerte conciencia racial de la que hoy carecemos. Cuba no fue Estados Unidos, donde los negros tenían que hablar inglés, no podían adorar sus deidades ni tocar sus tambores.

El negro en Cuba se mezcló más con el colonizador blanco, sin dejar de ser esclavo, recibía a veces un trato menos inhumano, podía hablar sus lenguas traídas de Africa, tocar sus tambores, adorar a sus deidades, preparar sus brebajes que lo daba a tomar al colonizador blanco, si éste se enfermaba.

Surgió además el mestizo .Los negros en Cuba tuvieron una participación nada despreciable en la formación de la nación y de la cultura cubana. Tenían sus fiestas, que no pocas veces los blancos compartían. El hacendado tenía un hijo con la negra y podía adquirir para él un “titulo de blanqueamiento”. Desde principios del siglo XVI el negro podía comprar su libertad o recibir la manumisión. Existían batallones de Pardos y Morenos. Y en general, se trataba de un racismo más hipócrita, que se escondía. Todo esto produjo en Cuba el fenómeno de que muchas personas, sin ser blancas no se asumen como negras o mestizas. En Cuba con una gota de sangre blanca se puede ser blanco. En Cuba nadie acepta el calificativo de racista. Nuestros último Censo Nacional califica al 65% de la población como blanca y como negra sólo a poco más de un 10%.El resto son los llamados mestizos .Pero con una mirada atenta en la calle, se puede observar que todos en Cuba somos mestizos. Tratándose de un fenómeno que está en capacidad de avergonzarnos a todos los cubanos. Por lo que se trata de un problema de disfuncionalidad cultural de toda la sociedad cubana.

Entonces debatir el tema públicamente en la dirección de encontrarle de manera conjunta la solución, problema que afecta nuestro proyecto como sociedad y como nación, en esencia mestiza, es sumamente importante. Terminar de reconocer esto último como la realidad más palpable, sería vital. Pues no se trata de una cuestión entre blancos, negros y mestizos, sino de toda la sociedad cubana.

Estarías de acuerdo en definirte como parte de la Nueva Izquierda cubana a favor de lo que se ha dado en denominar el Socialismo del siglo XXI? ¿Eso es compatible con la lucha de tantos años que hemos compartido a favor de la Revolución Cubana? ¿Habría que hacer una Revolución dentro de la Revolución en Cuba para actualizarnos con los tiempos?

— En realidad, yo siento que siempre he sido el mismo, desde el punto de vista de que he tratado de avanzar con aquellas ideas que me permiten continuar considerándome como un revolucionario socialista. Para eso, no he vivido de ilusiones ni en el pasado .Sino siempre tratando de mirar hacia el futuro, superar mis propios errores de concepción, cuando los he tenido, escuchando mucho, tratando de aprender de todo el mundo, y asumiendo siempre una actitud crítica cuando lo he considerado necesario, sin medir las consecuencias que tal posición me haya podido traer. Tengo un lema: “en la Cuba de hoy quien quiera continuar siendo revolucionario, debe tener su propia guerra, librar sus propias batallas y asumir los riegos que le vengan encima”. En realidad no me he puesto a pensar si soy parte de una nueva izquierda o no. Aunque no me asustaría si llego a esa conclusión .Pero debo confesarte que hasta hoy no había pensado en eso.

Yo de lo que sí estoy seguro y me siento muy feliz de ello, es que tengo mi “propia revolución”, que puede o no ser la de otros, pero es la que yo pienso y quiero hacer; combato contra todas las que no considero buenas ideas, sin temor a equivocarme; trato de convencer si creo que tengo la razón para sumar fuerzas y voy librando batallas dentro de las que son mis ideas. Sobre adónde debe ir el país, cuáles son las cosas que nos hacen daño y qué caminos serían los más convenientes, siempre como alternativas posibles, porque sobre todo, trato de ser realista. Determinados problemas pueden no tener una única solución.

Me preocupa sobremanera ser consecuente. Nunca reniego de mis orígenes, nunca me parecen ridículas las cosas en que un día creí y que ya no me parecen válidas. Estas últimas las analizo como si estuviera mirando hacia mis otros yo, en otros momentos y espacios y siempre recojo de eso lo que me parece que me puede continuar siendo útil para mi vida presente.

Yo soy de la opinión de que toda revolución, en cualquier campo de la vida, tiene que auto renovarse continuamente. Por tanto, pienso que la idea de una revolución dentro de otra no es un absurdo. Yo veo a la revolución como veo la vida, como una gran escalinata, en la que incluso los escalones que ahora nos parecen absurdos, también nos ayudaron a escalar. No desprecio ninguno. No reniego de ninguno. Todos me ayudaron a estar en el lugar en que ahora me encuentro. Hoy soy, porque fui ayer .Pensar de otro modo creo que no ayuda a entender que las cosas cambian, se superan, a veces se truecan en su contario, pueden hasta retroceder, y en la vida hay que ser capaz de seguir esa dialéctica, para sentirnos siempre útil a las ideas que defendemos, hasta el día en que nos llegue el momento de irnos. ¿A otro mundo? eso sí no lo sé.

Si pensar así, es considerarse como una nueva izquierda, no tengo a menos reconocerlo.

Yo quiero seguir estando siempre en la izquierda, es el lado del espectro político-ideológico que más me satisface. Pero la izquierda no puede ser estática, creo que hay que buscarla continuamente, dado que creyendo estar en la izquierda, es posible terminar en la derecha. No hay nada más continuamente nuevo y dinámico que la izquierda. La derecha no hay casi ni que buscarla; estáncate en la propia izquierda y pronto estarás en la derecha. Sólo la derecha es cómoda. La izquierda es la lucha continua y sin descanso. Es la única posición en la que no se debe ni se puede descansar. Si te acomodas, ya estás en la derecha. Porque eso es la derecha, acomodamiento.

Por tanto, de ese modo, tal vez, me siento siempre parte de una nueva izquierda.

Tienes alguna cuestión o criterio que plantear al margen de las preguntas, que desees expresar.

— Me parece que entrevistas como estas son muy útiles, porque te hacen reflexionar y eso siempre es muy bueno, hasta para conocerse más uno mismo. 

Publicado en Unicornio

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más