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Blog de Félix Sautié Mederos

Por un socialismo participativo y democrático (SPD)

07 May 14
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Porque supo terminar bien…

Ahora cuando poco a poco en los ámbitos de la vida espiritual y de la Historia de los cubanos van quedando inscritos los ecos de una inesperada conmoción que quizás nunca se apagarán y las voces más cercanas y autorizadas ya han expresado sus encarecidos sentimientos junto con muchas expresiones espontáneas en calles y plazas de toda Cuba manifestadas por el pueblo de a pie, coincidentemente entristecidos unos y otros, porque el popular músico grande de todos los tiempos Juan Formell, uno de nuestros iconos queridos, se marchó definitivamente hacia la eternidad en la Casa que no se Acaba, quiero entonces también exponer mis testimonios que son los sentimientos de un simple hombre de pueblo que como Juan Formell lo hizo con su música, pretende ser con su pluma de periodista un cronista de su época.

No soy músico pero soy un cubano rellollo que vive y disfruta nuestra música de siempre, la que nunca se podrá encasillar elitistamente en los estrechos marcos dicotómicos de ser o “culta” o “popular”; y además, escribo desde mi Rincón de Centro Habana en lo más profundo de la capital de todos los cubanos que tanto amó y tanto cantó “Juanito” (1), con su legendaria orquesta “Los Van Van” conocida por su extraordinario impacto social como el “Tren de la Música Popular Cubana”.

Debo decir ante todo, que la espiritualidad que se manifiesta en estas circunstancias y coyunturas constituye en sí misma una realidad innegable y, es una de las esencias básicas de la condición humana, que mucho se han esforzado en menoscabar y negar los ateísmos y materialismos extemporáneos a ultranza, que tanto daño han hecho y aún hacen a la vida espiritual de la sociedad.

Nuestro Apóstol José Martí conceptualizó a la música como parte de las esencias mismas del alma de los pueblos y en la Revista Universal de México el 25 de mayo de 1875 expresó que “La música es la más bella forma de lo bello…” (2) y también en su novela Amistad Funesta en uno de sus párrafos calificó a la música como: “…la compañera y guía del espíritu en su viaje por los Espacios…” (3). Así mismo expresó algunos conceptos esenciales en relación con el impacto en la música cubana de su tiempo del gran violinista cubano José White, publicados en la Revista Universal de México (3), que bien podrían dar base para una valoración actual conceptualmente filosófica de la extraordinaria obra de Juan Formell y su impacto en la música cubana de nuestro tiempo con sus composiciones, arreglos y sus canciones que en mi criterio hay que ubicarlos aún más allá de lo mucho que hizo por la alegría y el disfrute del pueblo, especialmente por el significado de sus testimonios de nuestra época, que son verdaderas crónicas que alcanzarán al futuro y habrán de decirle mucho sobre nosotros a los que vengan detrás en todos los tiempos; cito textual al respecto a nuestro José Martí: “Hay una lengua espléndida, que vibra en las cuerdas de la música y se halda con los movimientos del corazón: es como una promesa de ventura, como una vislumbre de certeza, como prenda de claridad y de virtud. El color tiene límites, la palabra labios; la música, cielo. Lo verdadero es lo que no termina y la música está perpetuamente palpitando en el espacio.” (4)

Confieso que en mi conmoción por tan inesperada e infausta noticia que me ha sorprendido una vez más en medio de algunas dolencias físicas de mi salud y edad que me han vuelto a poner en la cama desde donde escribo, que en esas aciagas circunstancias, comprendí con una mayor nitidez lo efímero de la existencia humana y no pude evitar que regresara a mi conciencia una reflexión que he planteado algunas veces sobre si importante en la vida es haber sabido empezar más importante aún es saber terminar.

Juan Formell pasó por el mundo sembrando alegrías avivando esperanzas y cultivando amistades con su bondad, su modestia y su amor por los demás, supo cómo comenzar una obra que lo ha trascendido a él y a su propia creación y, que ha quedado sembrada para siempre, en la espiritualidad del pueblo cubano. Supo estar junto a su pueblo y cantar sus alegrías, sus angustias, sus dolores y sus anhelos que es lo que José Martí demandó con insistencia de los poetas de su tiempo: Pero lo más importante de todo esto es que supo terminar como coronación de lo que hizo, porque supo entregar su obra a los que vienen detrás de él. Supo no apegarse obsesionadamente a su propia fama para no opacarla con ambiciones desmedidas, lo que ha sido un ejemplo magistral y ejemplarizante de su nobleza como ser humano grande que dará siempre luz de aurora al decir de José Martí.

Así lo he pensado ante la desaparición física de quien es un músico cubano para todos los tiempos; y así lo afirmo con mis respetos por la opinión diferente y sin querer ofender a los demás. Centro Habana, mayo del 2014.

(1) Así le decían cariñosamente sus más cercanos amigos y colegas

(2) Revista Universal. México 25 de mayo de 1875, tomo 5. Página 294. 

(3) Amistad Funesta. Nueva York ,1885. Tomo. 18, página 231.

(4) José White, Revista Universal. México, 25 de mayo de 1875, tomo 5, página 293. 

Publicado en Por Esto! 

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Félix Sautié Mederos

Licenciado en Ciencias Sociales, especializado en Economía. Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Corresponsal Permanente en Cuba de la Revista Tiempo de Paz...  Leer más